La masiva presencia de funcionarios en el barrio Arco Iris dejó apostillas de todos los colores
Un crisol de tonalidades arrojó ayer la inauguración del Complejo Educativo. Como en cada una de las oportunidades que el gobernador Scioli llega a la ciudad, se moviliza un importante aparato de ceremonial y protocolo, que, en este caso, se juntó con el de la Anses y el municipio. Cada uno, con una batuta distinta. Y, más allá de lo trascendente del acto, arrojó unas cuantas cuestiones de color.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCAMINO PELIGROSO
Al llegar al predio de la escuela y descender del auto al que subió tras bajar del helicóptero, el gobernador comenzó a caminar guiado por la gente de Ceremonial, mientras mantenía entrecortados diálogos con la prensa. Preocupado por haber perdido de vista al intendente, se detuvo antes de enfilar hacia la multitud, y lo aguardó. Solo estaba unos pasos atrás. Pero al enfilar para el estrado, donde se había detenido, quedó rodeado del bullicioso grupo de militantes kirchneristas, y Lunghi a su lado, como único representante del partido de Yrigoyen. Mientras, el concejal Tony Ferrer arengaba los cánticos, con una mano sobre la espalda del hombre al que aspira a suceder.*
PROBLEMAS CON LA CINTA
Parte del equipo de Protocolo traspiró más de la cuenta para que una parte del acto no fallara. No era ni la presencia de los funcionarios, ni los papeles para los discursos, ni el sonido ni la ausencia de asistentes. No, el motivo real de preocupación de al menos dos empleados provinciales fue, durante casi la hora que duró el acto, que no se desatara el nudo de la cinta con los colores argentinos que debía abrirse para realizar la inauguración formal. Incluso, el titular del Sindicato de los Municipales, Roberto Martínez Lastra ?con su clásico y caluroso chaleco desafiante de la temperatura?estuvo a punto de ser el desatanudo cuando, al pasar por debajo, lo rozó con la espalda.
TOCO Y ME VOY
Voló, llegó, habló y se fue. Minutos después de las 9.30, tal lo pactado, el gobernador Daniel Scioli estaba en el predio Arco Iris. Una hora más tarde emprendía el regreso porque 11,30 tenía un acto en José C. Paz junto a Cristina Fernández.
En el medio, caminó rodeado de micrófonos y cámaras, saludó a quienes se interpusieron, llenó sus bolsillos de cartas que algunos hasta irrespetuosamente le dejaron mientras daba su discurso, habló sin leer y mencionó en igual cantidad de ocasiones al intendente y a la presidenta. Bien político. Bien a su altura.
NI TE NOMBRO
Eso pareció decir Diego Bossio al iniciar su discurso de ayer. Saludó, como se estila, a las principales autoridades pero ignoró al intendente Lunghi. Sólo cuando algunos le gritaron desde la tribuna, salió al paso con un “por supuesto, también al intendente”, pero sin siquiera mencionar su nombre. Absolutamente en línea con el gobierno nacional, como es lógico, sorprendió a más de uno al hablar como político (él es más técnico), con fluidez y naturalidad, defendiendo el proyecto kirchnerista. Antes de irse, tras realizar una breve caminata por el barrio con algunos de sus colaboradores cercanos, dijo que “se le había pasado por alto mencionarlo a Lunghi”.
CONVIDADO DE PIEDRA
Sorprendió que el ministro de Educación de la Provincia, Mario Oporto (a quien Scioli mencionó como “el amigo Oporto”) haya sido casi una figura decorativa, pese a que la inauguración era precisamente de una escuela. Fue, sí, uno de los más requeridos periodísticamente, pero no tuvo a cargo ningún discurso ni tampoco participación activa en el acto, más allá de estar cerca en el corte de cintas. Una ausencia protocolar de palabras que, incluso, molestó a la titular del Concejo Escolar local, Mery Fuentes.
AL BOMBO CON LUNGHI
El Intendente fue precedido de una silbatina por parte de los justicialistas presentes (no todos, sino quienes habían llegado con bombos y banderas partidarias) pero igualmente comenzó a leer su discurso sin inmutarse pese a que los redoblantes tapaban por momentos sus palabras. Precisamente porque sus palabras se extendieron demasiado -el calor era insoportable, además- volvieron los gritos, los cánticos y los bombos. Entonces sí, el intendente pidió silencio y respeto, pero sólo lo logró a medias.
CUCHICHEO CON SCIOLI
Sorprendió notar que en el estrado, mientras hablaba Bossio, el Intendente no paraba de “cuchichear” con el Gobernador. O era la revancha por haberlo ignorado antes el titular de la Ansés, o realmente interesaba a ambos la charla.
Según pudo saberse, no sólo lo puso en situación sino que le pidió cloacas para los barrios vecinos y una solución a futuro por el mismo tema, para el Barrio Arco Iris. Y Scioli dijo que sí.
Lo que no se pudo corroborar es si, junto a todas las carpetas que el Municipio le alcanzó al gobernador, también subieron al avión las anunciadas cajas de salamines y quesos.
ALABADO SEA BOSSIO
Contento debe haberse retirado Diego Bossio. Al margen de haber tenido entre los asistentes a su propio orgulloso padre, contó con el apoyo de la ” hinchada kirchnerista” y las palabras de alabanza del gobernador. Además, como quedó expresado, se plantó definitivamente en el plano político y se mostró como nunca abiertamente enfrentado a Lunghi. Lo ninguneó en público, doblando aquella apuesta que tiempo atrás hizo en El Eco de Tandil. Después el Intendente esquivó saludarlo, pero con la “sinceridad” de los políticos, dijo que había sido por estar encandilado…Tan cierto como que a Diego Bossio se le pasó mencionarlo. Un round más…
DUROS PARA EL APLAUSO
Algunos de los concejales y consejeros escolares del radicalismo parecieron sobreactuar su desempeño partidario en el acto. Cada mención lunghista fue aplaudida rabiosa y ruidosamente mientras que los gestos se apocaban ante las apariciones en los discursos de la presidenta Cristina Fernández o del propio Bossio y sus políticas desde la Ansés.
Incluso, la ausencia de aplausos ante la mención, por ejemplo, de la Asignación Universal por Hijo generaron la indignación de un periodista local, que se animó a refregarles la actitud mezquina. Claro, poco antes, encima, se habían parado de sus sillas para aplaudir el final del discurso de su jefe político local. Sólo Scioli se salvó del ostracismo radical.*
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