La muerte del payaso Rebollín
Jorge Rebollo se enamoró de Tandil en cuanto la conoció, había llegado con el circo en el que trabajaba y no se fue más. Cuando la caravana siguió su gira rescató de un carromato su bicicleta, su traje de payaso y un par de cosas más. No tenía mucho más, ya que su vida de trashumante no le permitió nunca llevar demasiada carga. Y estaba orgulloso de ellos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailNo tenía donde vivir este hombre que era un experto globólogo y que eligió la ciudad como su lugar en el mundo, un buen día se apareció en el viejo edificio de El Eco de Tandil: quería vender diarios. Comenzaba en ese entonces una serie de cambios importantes a nivel periodísticos y edilicios, lo que aprovechó Jorge buscando entre las bobinas un espacio para dormir. Es probable que de este hecho sólo unos pocos estuvieran al tanto, además no molestaba a nadie, era una persona educada en el trato con los demás y sólo necesitaba un sitio donde cobijarse. Con el tiempo se perdió de vista, por lo menos por estos lares pero se lo solía ver en desfiles o fiestas populares disfrutando de su oficio, ser un buen payaso callejero. Y siempre sonriendo.
No hace mucho, fue el año pasado que la ciudad se enteró a través de las páginas de este Diario que el hombre, que vivía de acuerdo con la cultura de los linyeras, estaba enfermo. Tuvo la fortuna de contar con unos vecinos que lo ayudaron, llevándolo al hospital y cobijándolo durante unos meses en su propia casa. Por un tiempo dejó su antigua vida tratando de adaptarse a otras costumbres, pero fue más fuerte la necesidad de sentirse en libertad, a pesar de los tiempos fríos o del calor que abraza los veranos tandileros. Y fue justamente en este verano cuando volvió a enfermar y a ser internado en terapia intensiva del Hospital.
Lo dieron por muerto por facebook, lo resucitaron -estaba nuevamente en terapia- aunque la pausa de tranquilidad fue muy breve y se confirmó la noticia del final, la muerte del payaso globólogo que voceaba El Eco de Tandil y que hace muchos años le dijera a un periodista: “Dios me hizo así”.
Así, significaba ser un hombre que no se aferraba a las cuestiones materiales, un trashumante y en especial un payaso cuya mayor ambición era hacer que los pibes se rieran.
Se fue el payaso de Tandil, sin pompa ni circunstancia, felizmente varias almas sensibles subieron a las redes sociales la noticia y eso hizo que su partida no pasara inadvertida.
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