La pasión de generaciones
Ayer, la Estación Terminal de Omnibus era punto de encuentro de seguidores que en grupos –algunos más numerosos que otros- eligieron rendir culto a su ídolo en Tandil.
Los micros transportarían sin distingos a adolescentes y a personas de seis décadas. Tampoco habría distinciones entre quienes se alojaron tanto en carpas, en hoteles de nivel o pernoctaron bajo las estrellas.
Eran miles de historias disímiles tenían en común la devoción hacia un ídolo que por quinta vez llegó a la ciudad serrana.
“El mejor regalo”
Mientras esperaban el colectivo para emprender el viaje que les permitiría llegar a Villa Celina, Daniel Peralta y su esposa Angela tomaban mate bajo uno de los pinos del predio de la terminal.
Los pies descalzos de Daniel evidenciaban que la noche había sido movida, aunque el rostro de ambos exhibían la satisfacción de una experiencia única.
“Los que lo siguen al Indio son mis hijos, que van a todos los recitales, pero mi señora es muy ricotera, le encanta. Yo no tanto, pero la acompaño”, dijo ante la consulta.
Agregó que “uno de los hijos le regaló la entrada a la madre y es la primera vez que venimos a verlo y nos encantó”.
Angela exclamó que “la entrada para ver al Indio fue un regalo del Día de la Madre de uno de mis hijos. No los esperaba y creo que fue el mejor regalo de mi vida. Anoche se me caían las lágrimas de la alegría”.
Los protagonistas de la historia no eran adolescentes. La “ricotera” dijo: “Voy a cumplir 60 y él tiene 56. Anoche yo tenía 20 años, cantando, gritando y bailando”.
La devoción de la casi sexagenaria es tal que “siempre escucho los recitales por medio de mi hijo, a través del teléfono celular. Cuando fue a Salta lo hizo escuchar y anoche tuve la suerte de vivir la misa. Es hermoso”.
Consultado acerca de la estadía en Tandil, Daniel dijo que “pasamos un día maravilloso, estuvimos en el Lago con una familia amiga, comimos un asadito y vivimos un día espectacular. A la noche, en tanto, fue brutal”.
Posteriormente elogió a Tandil al decir que “nos encantó la ciudad y lamentamos no tener más tiempo para conocer todo lo que nos falta, pero nos hemos propuesto volver otra vez para recorrerla”.
Angela, con emoción de adolescente, dejó su “agradecimiento a la ciudad por recibir tan bien al Indio. Tandil es ricotera porque en otros lugares no lo reciben tan bien como acá. El los quiere muchísimo y siempre habla bien de Tandil”.
Sobre su predilección dijo que “lo sigo al Indio desde que era joven, lo adoro desde los Redonditos de Ricota. Uno de mis hijos lo conoció por mí y se hizo ricotero. A mi esposo le gusta más la cumbia, pero a mi el rock y en casa siempre se escucharon. Tengo hijos que siguen a La Renga y éste al Indio”.
Destacó como una virtud que su música “une generaciones. Veía gente de todas las edades disfrutando sin problemas. Fue una muy buena fiesta”, culminó.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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