La piedra y la mano
Esta historia se inscribe a lo largo de años de postergaciones, de interminables discusiones, de intereses encontrados y de lobbies.
Desde que alguien tomó verdadera conciencia del daño que la explotación minera causaba al patrimonio natural ?y su incidencia directa en la cuestión turística- e inició un lento recorrido para sumar voluntades a esa convicción, ya nada fue como cuando era.
Apareció la figura denominada poligonal, para circunscribir a las canteras que miraban de cerca a la ciudad, entra las rutas 226, 74 y 30, y hasta se incorporó al lenguaje cotidiano aquello de áreas protegidas.
Lo impulsaron los preservacionistas, pero su primer intento iba a quedar prontamente coartado. Hubo, tal vez caprichosamente hace diez años, un acuerdo marco que otorgaba grandes facilidades a los empresarios, que nunca cumplieron.
El tiempo siguió su marcha, siempre acompañada por la perseverancia ambientalista, la resistencia empresaria y gremial, pero ahora con una clara decisión política de terminar con las explotaciones.
Lo había prometido Miguel Lunghi desde su primera plataforma, y nunca lo dejó de tener como prioridad.
El pasado año, comenzó a notar guiños desde la Provincia, cuando el gobernador Daniel Scioli se manifestó a favor del reclamo tandilense. Justo es decirlo, el ex senador Néstor Auza hizo lo suyo. Como lo hicieron cientos de peticionantes anónimos que marcharon durante años sin prisa y sin pausa. Estos, hoy, sienten que todavía falta. Que resta solucionar lo de las suspensiones de las voladuras en forma inminente, los de las canteras fuera de la poligonal, y hasta lo de las construcciones en el faldeo serrano. Han dado un paso, que no es poco.
Lunghi y Scioli se llevarán el miércoles la mejor de las imágenes en el acto de promulgación de la Ley de Paisaje Protegido.
Lejos, fuera de cuadro, abundarán los ciudadanos de a pie, comprometidos con una causa justa.
Que aún no ha terminado.
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