La política sigue en deuda
Debieron pasar meses de tensión marcada, cruces verbales que consumieron buena parte de las energías de los protagonistas, intervenciones políticas y hasta judiciales de todo calibre para que, finalmente, la comuna llegara a un acuerdo con los ocupantes del barrio Smata.
En soledad, porque así fue dejado mientras duraron las negociaciones, el jefe de Gabinete Juan Pablo Frolik firmó el último jueves los convenios con las familias que reunieron los requisitos exigibles. En resumen, los ocupas dejarán el barrio tomado y contarán con casas alquiladas por el Municipio hasta tanto se construyan las viviendas industrializadas acordadas con el titular de la Anses, Diego Bossio.
Claro que no debe perderse de vista que se trata de apenas un paliativo, una suerte de parche que no alcanza para arreglar la pelota que se pasaron, sin precisión por cierto, Nación, Provincia y Municipio.
El problema de fondo, como lo es el déficit habitacional, se empeña en salir cada tanto a la superficie. Allí pone en evidencia, de manera categórica, las décadas transcurridas sin una política sostenida en la materia. Ni de éste, ni del resto de los gobiernos. Ni de los dirigentes locales que tuvieron participación en esferas provinciales y nacionales.
Nada hace dejar de pensar, ante este estado de cosas, que puedan repetirse nuevos Smata. De hecho, no son pocas las familias que actualmente ocupan viviendas irregularmente.
Años de exclusión sumaron a la pobreza estructural nuevos pobres. El crecimiento exponencial y sin control de la ciudad empujó a cientos de familias hacia situaciones impensadas otrora. Imposibilitadas de un crédito hipotecario, y aun de pagar onerosos alquileres, chocan a diario con una realidad que las supera.
Dirán desde las distintas posiciones políticas que buscaron sacar rédito inmediato, que
el asunto se saldó en el mientras tanto, una mirada demasiado corta del fenómeno en constante crecimiento.
Queda como lección obligatoria, a aprender contrarreloj, la necesidad de aguzar el ingenio para enfrentar una realidad que duele. Cierto es que los presupuestos comunales son exiguos como para dar vuelta la historia de un día para el otro, pero cierto es también que jamás se pensó en el tema como prioritario.
Entre esto, y la habilidad del intendente Lunghi para gestionar en otras esferas, ?sin importar el color político?, como gusta decir el pediatra, podría encontrarse un principio de solución. Antes que la brecha entre los unos y los otros se vuelva cada vez más amplia.
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