La precursora de la construcción de casas de botellas estuvo en Tandil
Ingrid Vaca Diez vive en Bolivia y es la precursora de la construcción de casas de botellas. Unos días atrás estuvo en Tandil para asesorar a la gente que lleva a cabo este proyecto de vivienda en esta ciudad. Entre ellas, Sabina Sagrera, quien fue la propulsora de este proyecto en Tandil. En una entrevista con El Eco de Tandil, Ingrid Vaca Diez explica cómo fue su experiencia en su reciente visita a esta ciudad.
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-¿Cómo fue la experiencia que vivió en Tandil?
Ingrid Vaca Diez: -Fue súper, me gustó mucho la solidaridad, la gente fue a ayudar y sobre todo, la de Sabina Sagrera, quien está llevando a cabo la construcción por su gran fortaleza para seguir con tan hermoso emprendimiento, ya que se trataba de un reto nuevo y se necesitaba de mucha paciencia.
Ingrid Vaca Diez: -Fue súper, me gustó mucho la solidaridad, la gente fue a ayudar y sobre todo, la de Sabina Sagrera, quien está llevando a cabo la construcción por su gran fortaleza para seguir con tan hermoso emprendimiento, ya que se trataba de un reto nuevo y se necesitaba de mucha paciencia.
-¿Cómo vio el tema de las casas de botellas en esta ciudad?
-Veo que se pueden hacer muchas porque hay necesidad de un techo. Por dentro son bien calientes cuando hace frío y frescas cuando hace calor. En Tandil tienen un invierno bien crudo, así que sería una buena alternativa. Cuando estuve en Tandil, les pregunté a los niños cómo estaban en la casa de botellas, y me respondieron: “Ya no nos enfermamos, estamos sanitos”, y la cara de felicidad de ellos te dan ganas de seguir. Falta la otra parte, si todo va bien hasta marzo, estará concluida, pero lo que faltan son manos solidarias para terminarla.
-¿Cómo comenzó usted en Bolivia con el proyecto de las casas de botellas?
-Recibí la carta de una niña que me pedía una habitación para estar más cómoda ya que vivían hacinados. En una cama dormían cinco niños. En la familia de Claudia eran siete hermanitos y dormían en una habitación de tres por tres, que cuando llovía se inundaba y teníamos que sacarlos de ahí y llevarlos a la escuelita.
Yo les dije un día a los niños de la escuelita, qué era lo que más deseaban para Navidad. Algunos me escribieron comer pollo, otros bicicleta, pelota, pero Claudia no pedía un juguete, sino estar mejor ella y sus hermanitos.
Yo hacía artesanías con las botellas, tapitas y todo lo transformaba en arte. Las botellas que me sobraban se las donaba a una señora que venía a mi casa a recogerlas. Se las entregaba bien limpias porque ella era una persona mayor y las vendía en los mercados de abastos para el fraccionamiento de aceite comestible.
Un día ella se enfermó y no apareció más en mi casa. Yo las apilaba en la parte de atrás de mi casa y en septiembre había mucho viento y tierra, como remolinos, entonces se habían desparramado todas por el patio. Mi esposo vio que estaban todas tiradas y me dijo que las tirara porque no podían estar así desparramadas. Era tanto su enojo que me dijo: “Todas esas botellas dan para hacer una casa”. En ese momento, estaba tan ofendida por lo que me había dicho que no le presté atención, pero cuando me calmé, pensé: ‘Tiene razón, con tantas botellas puedo hacer una casa’”.
-¿Cómo surgió el interés en usted?
-La necesidad del barrio donde yo asisto con la comida para los niños y la guardería que cada familia es. Debemos tomarle atención porque es el futuro de nuestro país, para que se desarrollen deben tener todas las condiciones de un hogar estable, que es uno de los pilares fundamentales de la vivienda.
-¿Cree que esto se va a propagar aún más en distintos lugares del mundo?
-Sí, por supuesto. Ahora estamos en Argentina recorriendo muchas provincias. He visitado 35 municipios donde tienen interés en seguir haciéndolas y otros donde tenemos las obras ya avanzadas.
El año pasado en julio hicimos la primera casa en México, y la construimos en veinte días porque teníamos el material listo.
En Uruguay se están haciendo tres casas, también estuve con ellos allí y en Argentina la primera casa se inauguró en diciembre de 2011 en Roldán, Rosario. Luego, en Arequito y la de Tandil que se está por terminar. En otros Municipios se han empezado muchas obras en espera a terminarlas el próximo año.
-Veo que se pueden hacer muchas porque hay necesidad de un techo. Por dentro son bien calientes cuando hace frío y frescas cuando hace calor. En Tandil tienen un invierno bien crudo, así que sería una buena alternativa. Cuando estuve en Tandil, les pregunté a los niños cómo estaban en la casa de botellas, y me respondieron: “Ya no nos enfermamos, estamos sanitos”, y la cara de felicidad de ellos te dan ganas de seguir. Falta la otra parte, si todo va bien hasta marzo, estará concluida, pero lo que faltan son manos solidarias para terminarla.
-¿Cómo comenzó usted en Bolivia con el proyecto de las casas de botellas?
-Recibí la carta de una niña que me pedía una habitación para estar más cómoda ya que vivían hacinados. En una cama dormían cinco niños. En la familia de Claudia eran siete hermanitos y dormían en una habitación de tres por tres, que cuando llovía se inundaba y teníamos que sacarlos de ahí y llevarlos a la escuelita.
Yo les dije un día a los niños de la escuelita, qué era lo que más deseaban para Navidad. Algunos me escribieron comer pollo, otros bicicleta, pelota, pero Claudia no pedía un juguete, sino estar mejor ella y sus hermanitos.
Yo hacía artesanías con las botellas, tapitas y todo lo transformaba en arte. Las botellas que me sobraban se las donaba a una señora que venía a mi casa a recogerlas. Se las entregaba bien limpias porque ella era una persona mayor y las vendía en los mercados de abastos para el fraccionamiento de aceite comestible.
Un día ella se enfermó y no apareció más en mi casa. Yo las apilaba en la parte de atrás de mi casa y en septiembre había mucho viento y tierra, como remolinos, entonces se habían desparramado todas por el patio. Mi esposo vio que estaban todas tiradas y me dijo que las tirara porque no podían estar así desparramadas. Era tanto su enojo que me dijo: “Todas esas botellas dan para hacer una casa”. En ese momento, estaba tan ofendida por lo que me había dicho que no le presté atención, pero cuando me calmé, pensé: ‘Tiene razón, con tantas botellas puedo hacer una casa’”.
-¿Cómo surgió el interés en usted?
-La necesidad del barrio donde yo asisto con la comida para los niños y la guardería que cada familia es. Debemos tomarle atención porque es el futuro de nuestro país, para que se desarrollen deben tener todas las condiciones de un hogar estable, que es uno de los pilares fundamentales de la vivienda.
-¿Cree que esto se va a propagar aún más en distintos lugares del mundo?
-Sí, por supuesto. Ahora estamos en Argentina recorriendo muchas provincias. He visitado 35 municipios donde tienen interés en seguir haciéndolas y otros donde tenemos las obras ya avanzadas.
El año pasado en julio hicimos la primera casa en México, y la construimos en veinte días porque teníamos el material listo.
En Uruguay se están haciendo tres casas, también estuve con ellos allí y en Argentina la primera casa se inauguró en diciembre de 2011 en Roldán, Rosario. Luego, en Arequito y la de Tandil que se está por terminar. En otros Municipios se han empezado muchas obras en espera a terminarlas el próximo año.
-¿Qué proyecto tiene a futuro?
-En Santa Cruz, Bolivia, estamos por hacer un hospital ecológico oncológico para niños con cáncer, que será bien grande. Además, estamos construyendo cuatro casas, una guardería, parques infantiles en reservas naturales.
También quiero viajar a diferentes países para seguir avanzando y enseñando para que muchas familias tengan un hogar. Volveré a Argentina si Dios quiere en marzo y seguiré visitando los municipios, enseñar que la basura no es basura, que se puede hacer arte y así podemos limpiar el planteta.
-En Santa Cruz, Bolivia, estamos por hacer un hospital ecológico oncológico para niños con cáncer, que será bien grande. Además, estamos construyendo cuatro casas, una guardería, parques infantiles en reservas naturales.
También quiero viajar a diferentes países para seguir avanzando y enseñando para que muchas familias tengan un hogar. Volveré a Argentina si Dios quiere en marzo y seguiré visitando los municipios, enseñar que la basura no es basura, que se puede hacer arte y así podemos limpiar el planteta.
-¿Cómo se sintió cuando se terminó la primera casa de botellas?
-Cuando empezamos fue difícil, porque era una época donde las botellas eran requeridas, el precio era elevado y no había mucho consumo. Así que tenía que levantarme bien tempranito en la madrugada para recogerlas de los canastos de basura y basureros municipales. Casi cuatro años estuve juntando botellas porque el proyecto lo empecé sola, nadie creía en ello y yo decía: “Algún día lo verán en la realidad. Hice muchas pruebas con diferentes mezclas y utilicé lo que aprendí de mi abuela que construía hornos de barro. La hice con tierra, arena, heces fecales de caballo, paja seca picada, melaza de caña, leche en polvo vencida, aceite de auto sucio, aceite de lino y engrudo cocido.
Cuando terminé la primera casa me sentí llena de emoción porque quedó súper y eso que no fui ayudada por un arquitecto. Hice el plano y no utilicé ningún metro, medía a través de pasos y ponía la estaca en lo que sería el final de cada habitación, cuidando los 38 centímetros de cada botella, que es el ancho de la pared.
La primera casa tiene 196 metros construidos y una pileta, porque esos niños nunca fueron a una piscina y quería que tuvieran todo. Al terminarla, como quedó tan hermosa vino mucha gente y comenzaron a ayudar y se pudo amoblar.
Cada casita que hacemos tienen una historia y mucho amor.
Veo hacia atrás, que empezamos hace muchos años y ahora se va concientizando, muchas personas se interesan. Recibo muchos mails y los vamos asesorando. Yo les digo que no se desanimen, que no es fácil pero jamás imposible.
Este proyecto es solidario, yo no cobro nada, lo hago porque me gustaría que muchas familias tengan un hogar. Todos los días vemos botellas que pueden ser un ladrillo.
Somos cinco mujeres que levantamos la construcción, no somos arquitectas pero nos consideramos buenas albañiles, con tantos años de experiencia ya sabemos hacerlo. En cada metro cuadrado se utilizan aproximadamente 81 botellas de dos litros o 240 de vidrio. Entre todos haremos un mundo mejor, vamos por muchas más. *
-Cuando empezamos fue difícil, porque era una época donde las botellas eran requeridas, el precio era elevado y no había mucho consumo. Así que tenía que levantarme bien tempranito en la madrugada para recogerlas de los canastos de basura y basureros municipales. Casi cuatro años estuve juntando botellas porque el proyecto lo empecé sola, nadie creía en ello y yo decía: “Algún día lo verán en la realidad. Hice muchas pruebas con diferentes mezclas y utilicé lo que aprendí de mi abuela que construía hornos de barro. La hice con tierra, arena, heces fecales de caballo, paja seca picada, melaza de caña, leche en polvo vencida, aceite de auto sucio, aceite de lino y engrudo cocido.
Cuando terminé la primera casa me sentí llena de emoción porque quedó súper y eso que no fui ayudada por un arquitecto. Hice el plano y no utilicé ningún metro, medía a través de pasos y ponía la estaca en lo que sería el final de cada habitación, cuidando los 38 centímetros de cada botella, que es el ancho de la pared.
La primera casa tiene 196 metros construidos y una pileta, porque esos niños nunca fueron a una piscina y quería que tuvieran todo. Al terminarla, como quedó tan hermosa vino mucha gente y comenzaron a ayudar y se pudo amoblar.
Cada casita que hacemos tienen una historia y mucho amor.
Veo hacia atrás, que empezamos hace muchos años y ahora se va concientizando, muchas personas se interesan. Recibo muchos mails y los vamos asesorando. Yo les digo que no se desanimen, que no es fácil pero jamás imposible.
Este proyecto es solidario, yo no cobro nada, lo hago porque me gustaría que muchas familias tengan un hogar. Todos los días vemos botellas que pueden ser un ladrillo.
Somos cinco mujeres que levantamos la construcción, no somos arquitectas pero nos consideramos buenas albañiles, con tantos años de experiencia ya sabemos hacerlo. En cada metro cuadrado se utilizan aproximadamente 81 botellas de dos litros o 240 de vidrio. Entre todos haremos un mundo mejor, vamos por muchas más. *
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