La prensa independiente
No es fácil dirigir un diario. Mucho menos, un Multimedios.
Primero, porque es imposible estar en todos los detalles, controlar cada línea, cada palabra o cada imagen.
Se necesita confiar en la gente que trabaja. Y esa gente tiene pensamientos, creencias, pasiones; hasta fanatismos, probablemente.
Sin embargo, también puede decir cualquiera de las decenas de empleados que forman la familia de El Eco que aquí lo único que se exige es no atacar ni injuriar a personas ni instituciones, no publicar fotos ni emitir imágenes truculentas, borrar las malas palabras, evitar opinar en medio de un reportaje y -muy especialmente- tratar con equilibrio la información.
Podrá considerar alguien un día que El Eco es más peronista que radical, o viceversa. Más liberal que socialista, o viceversa. Pero nadie, jamás, podrá afirmarlo siempre. Sólo será, en todo caso, porque una nota, o un comentario lo llevó a pensar así, ocasionalmente.
Es verdad que cada uno busca leer lo que le gusta. Pero un diario independiente no es una radio. No se puede partir la programación, con Víctor Hugo a la mañana para hablar generalmente bien del gobierno y Alfredo Leuco a la tarde para plantear sus críticas.
————————–
A nadie escapa que estamos viviendo momentos difíciles.
Aunque no hay violencia (sí verbal, por supuesto) ni censura, sólo faltaría Matías Martin mirando hacia arriba, como hacía en su programa, gritando: " Y vos… ¿De qué lado estás?".
Se está llegando al límite de que hay gente que no ve determinada obra si en ella trabajan Luppi, Peña o Del Boca, por el simple hecho de ser éstos confesos kirchneristas.
En los últimos tiempos, todo lo que alguien exprese puede volverse en su contra.
Me pregunto: el casi 50 % que no votó a Lunghi y a Scioli, ¿No tiene derecho a hacer oír su voz?
Porque el triunfo de Cristina fue tan aplastante, ¿nadie puede opinar en contra?
Nada hay peor que la guerra. Y muy lejos de ella estamos, gracias a Dios y a nuestros hombres.
Sin embargo, la intolerancia está calando cada vez más fuerte en nuestra sociedad. Y no es un mal menor.
El ser intolerante se vuelve intransigente e incomprensible; y lo que es peor, se considera incomprendido y cree que todos los que piensan distinto son enemigos al acecho.
————————-
Ayer, sin ir más lejos, cuando en la columna hice alusión a la posible decisión de Scioli de abrirse camino, alguien escribió que estaba respondiendo a Clarín para desunir al kirchnerismo.
No corresponde responder. Fue una acusación liviana, irreal y anónima.
Sólo quisiera dejar en claro que toda mi vida preferí ser cabeza de ratón y no cola de león.
Y algo más: ni kirchnerismo, ni sciolismo, ni lunghismo, ni clarinismo. Simplemente, periodismo.
Para informar sin deformar, criticar sin destruir o alabar sin endiosar.
Sin órdenes ni mordazas. Enarbolando siempre el orgullo de una bandera que, lamentable e inexplicablemente, varios fueron arriando: la de la prensa independiente.
* Director de EL ECO MULTIMEDIOS
Primero, porque es imposible estar en todos los detalles, controlar cada línea, cada palabra o cada imagen.
Se necesita confiar en la gente que trabaja. Y esa gente tiene pensamientos, creencias, pasiones; hasta fanatismos, probablemente.
Sin embargo, también puede decir cualquiera de las decenas de empleados que forman la familia de El Eco que aquí lo único que se exige es no atacar ni injuriar a personas ni instituciones, no publicar fotos ni emitir imágenes truculentas, borrar las malas palabras, evitar opinar en medio de un reportaje y -muy especialmente- tratar con equilibrio la información.
Podrá considerar alguien un día que El Eco es más peronista que radical, o viceversa. Más liberal que socialista, o viceversa. Pero nadie, jamás, podrá afirmarlo siempre. Sólo será, en todo caso, porque una nota, o un comentario lo llevó a pensar así, ocasionalmente.
Es verdad que cada uno busca leer lo que le gusta. Pero un diario independiente no es una radio. No se puede partir la programación, con Víctor Hugo a la mañana para hablar generalmente bien del gobierno y Alfredo Leuco a la tarde para plantear sus críticas.
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A nadie escapa que estamos viviendo momentos difíciles.
Aunque no hay violencia (sí verbal, por supuesto) ni censura, sólo faltaría Matías Martin mirando hacia arriba, como hacía en su programa, gritando: " Y vos… ¿De qué lado estás?".
Se está llegando al límite de que hay gente que no ve determinada obra si en ella trabajan Luppi, Peña o Del Boca, por el simple hecho de ser éstos confesos kirchneristas.
En los últimos tiempos, todo lo que alguien exprese puede volverse en su contra.
Me pregunto: el casi 50 % que no votó a Lunghi y a Scioli, ¿No tiene derecho a hacer oír su voz?
Porque el triunfo de Cristina fue tan aplastante, ¿nadie puede opinar en contra?
Nada hay peor que la guerra. Y muy lejos de ella estamos, gracias a Dios y a nuestros hombres.
Sin embargo, la intolerancia está calando cada vez más fuerte en nuestra sociedad. Y no es un mal menor.
El ser intolerante se vuelve intransigente e incomprensible; y lo que es peor, se considera incomprendido y cree que todos los que piensan distinto son enemigos al acecho.
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Ayer, sin ir más lejos, cuando en la columna hice alusión a la posible decisión de Scioli de abrirse camino, alguien escribió que estaba respondiendo a Clarín para desunir al kirchnerismo.
No corresponde responder. Fue una acusación liviana, irreal y anónima.
Sólo quisiera dejar en claro que toda mi vida preferí ser cabeza de ratón y no cola de león.
Y algo más: ni kirchnerismo, ni sciolismo, ni lunghismo, ni clarinismo. Simplemente, periodismo.
Para informar sin deformar, criticar sin destruir o alabar sin endiosar.
Sin órdenes ni mordazas. Enarbolando siempre el orgullo de una bandera que, lamentable e inexplicablemente, varios fueron arriando: la de la prensa independiente.
* Director de EL ECO MULTIMEDIOS
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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