La presidenta de Brasil contará desde hoy con una cómoda mayoría parlamentaria
Para estar presente en Brasilia y brindar un discurso en la apertura del nuevo período legislativo, la mandataria suspendió la visita que estaba programada a Uruguay, tras su paso de ayer por la Argentina.
La base de apoyo con la que contará a partir de hoy la presidenta, se sustenta en la elección que hicieron los partidos de la alianza que la condujo al gobierno en las elecciones del 3 de octubre, en particular el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
Pero las disputas anticipadas entre los principales aliados por los cargos en el gobierno pusieron una señal de alerta sobre la futura convivencia, a lo que se suma una agenda de proyectos que anticipan ásperos debates.
De los 513 diputados y 81 senadores, 461 legisladores -es decir un 77 por ciento- integran la base aliada de partidos oficialistas, lo que anticipa la posibilidad que tendrá Rousseff de lograr el apoyo parlamentario a las reformas que pretende impulsar.
El primer desafío de la convivencia parece haber quedado saldado, ya que no se anticipan grandes sorpresas para que los nuevos parlamentarios elijan a los titulares de las dos cámaras para los dos próximos años.
El acuerdo entre el PMDB y el PT hará que el principal aliado de Rousseff con mayor bancada en el Senado, el PMDB, se haga cargo de la Presidencia de la Cámara alta hasta 2013, para lo cual se espera la continuidad de su actual titular, el ex presidente de la República José Sarney.
En Diputados, el petista Marco Maia será seguramente el elegido para comandar el cuerpo si se concretan los apoyos que en las últimas semanas recogió de los partidos de la base aliada y de la oposición, y en reconocimiento al acuerdo de los partidos mayoritarios que comprometieron la alternancia bianual.
A pesar de la cómoda mayoría, las disidencias internas no sorprenderían si Rousseff y el PT no logran satisfacer las expectativas del PDMB en la distribución de cargos del llamado segundo escalón del gabinete, tal como reclaman los aliados.
A ese contexto, se sumará la agenda que ya se anticipa levantarán fuertes debates, y podría comenzar con la discusión del nuevo techo del salario mínimo que el gobierno pretende fijar en los 445 reales mientras y que sus socios del PMDB y las fuerzas gremiales buscan elevar a los 480 reales.
Las diferencias podrían ser más profundas en caso de que lleguen a las cámaras proyectos referidos a la despenalización del aborto -un tema central en la campaña electoral-, la reducción de la edad de la imputabilidad de los delitos, o incluso la llamada Ley de la Palmada, que pena el castigo físico a menores.
Entre las grandes reformas que podrían pasar por el Congreso se anticipa la creación de un nuevo impuesto para el mejoramiento de la salud, a semejanza de la Contribución Provisoria a los Movimientos Financieros (CPMF) cuyo rechazo en el Senado significó una de las mayores derrotas del lulismo en el Congreso.
También está en carpeta la discusión sobre una reforma tributaria -ya anticipada por Rousseff en su discurso de asunción-, otra previsional y una política y electoral que podría transformar y transparentar las costumbres políticas locales.
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