La primera de las mil y una noches
Atrás habían quedado cuatro años y medio de espera. Que fue dulce, es cierto. Para también incierta.
Aquella primera noche fue especial. Vendrían luego (vendrán) las mil y una, como en el cuento. Pero aquella fue el inicio, la primera página.
Cecilia confiesa que ?siempre traté de imaginarme cómo sería esa primera noche. Durante cuatro años tenés tiempo para pensar tantas cosas. Y me preguntaba: ¿quiero que haya gente o no? ¿quiero estar sola o compartirlo con los míos? ¿qué quiero hacer..? Y se dio solo: cuando se hicieron las diez de la noche, no había nadie: estábamos Javi y yo. Los dos sentados en la cama. Le di la mamadera; lo puse en su moisés, a mi lado?.
Por si hiciera falta aclararlo, en aquella noche soñada de Cecilia no hubo sueño. ?No dormí, lo miré toda la noche, ¡porque era precioso!?.
Hay un silencio indescriptible en el relato. Como un anuncio, un murmullo de sensaciones que brotan desde los ojos de Cecilia. Y dan lugar a la palabra: ?Hay que tener 45 años y tener un bebé esa primera noche… Sentí como que lo había parido?.
?Fue lo que te habías imaginado?, la pregunta pudo ser obviada, tranquilamente.
La respuesta no: ?Uno se puede imaginar muchísimas cosas. Si te tengo que decir, es mil veces más lindo de lo que yo me imaginaba. Me imaginaba ser mamá de un nene chiquito, para ir al jardín, para escucharlo hablar atravesado, para levantarme diez veces a la noche. Quería pasar por eso. Compartí esas situaciones con muchos hijos de amigos que fueron muy generosos conmigo, que compartieron muchas cosas de sus hijos conmigo. Asistí a muchas fiestitas de jardín de hijos de amigos. Pero quería que alguna vez me tocara a mí?.
?Fue lo que yo me imaginaba y más -insiste la mamá-. La primera fiestita de jardín, la primera reunión de padres, el bautismo. Fueron lo que yo me imaginaba, multiplicado por muchas veces?.
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