La procesión va por dentro
Los rostros de las víctimas de la inseguridad en una ciudad que, con sus más y sus menos, sufre el fenómeno que asola a todo un país, ilustran esta sección semanal del quehacer tandilense.
Son rostros anónimos, de gente común, de cualquier hijo de vecino, que día a día ven amenazado su tesoro más preciado: la vida misma.
Es cierto, Tandil jamás se ha caracterizado por su poder de movilización, por su actitud comprometida. De ahí que la marcha organizada no haya convocado a más de unas 300 personas, casi todas, como se ha escrito, víctimas en cuerpo y alma del accionar delictivo.
Por lo demás, sobran comparaciones al menos desafortunadas respecto a los niveles alcanzados por el delito, y el ?a mí no me va a pasar? como mecanismo de defensa que suele convertirse en adversario de la solidaridad.
Pero más allá de lo ocurrido en la marcha, la semana dejó en claro que la procesión va por dentro. Los productores agropecuarios, en su solitaria vigilia en las rutas, volvieron a sentir el ninguneo del Gobierno nacional, pero más crudo aún les resultó el caer en la cuenta de que buena parte de la gente de la ciudad ya no les brinda su adhesión casi incondicional de otrora.
Es que los problemas se han multiplicado para el común de los mortales, que hacen malabares para llegar a fin de mes, en el mejor de los casos, conservar su empleo o mendigar una ayuda tras la catarata de suspensiones y despidos que a diario aumenta su caudal.
La Municipalidad, está claro, no tiene respuestas para esta crisis. Mira para arriba y acepta lo que venga: Desde migajas hasta el Fondo Solidario Federal, una de las últimas cartas de los K para extorsionar a gobernadores e intendentes y seguir comprando voluntades en el Conurbano.
Es que a eso se ha reducido el debate por estos días: A una cuestión meramente electoral. Los Kirchner, con su temerario estilo, ése que los lleva a plantear cualquier escenario como la batalla final. La oposición, apurando un rejunte inconsistente, ávida de victorias pero huérfana de convicciones.
Como siempre, en el medio está la sociedad y sus padeceres. Otra vez absorta e impotente ante una dirigencia que, en su gran mayoría, hace rato dejó de lado los límites éticos.
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