La reinauguración del ex Alfa no fue para todos y todas
Escribe Ana Pérez Porcio, de esta Redacción
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl sábado por la noche se reinauguró, en el Centro Cultural Universitario, la sala Incaa. La sala fue puesta en valor, con tecnología de última generación, de modo que los tandilenses tendrán de aquí en más otro espacio donde despuntar el vicio de ver cine argentino, que está pasando por un excelente momento con films que andan de gira por festivales internacionales recogiendo logros, como el de Juan José Campanella que recibió el premio a la mejor cinta de animación en los premios Goya por su película “Metegol” y “Ciencias naturales”, ópera prima de Matías Lucchesi que obtuvo el Gran Premio del Jurado Internacional en el recientemente finalizado Festival de Cine de Berlín. De modo que el hecho cultural debe ser festejado. Y aplaudido. Hasta ahí todo bien.
Sin embargo, no sé si el estar grande me ha convertido en una persona menos tolerante, si tendré rasgos naif, sencillos e ingenuos o qué cosa será, porque no encontré la razón a que para hacer valer el hecho cultural de la inauguración haya sido necesario desplegar semejante aparato político que hizo que quienes no fueran del palo se abstuvieran de acercarse a la paqueta sala del primer piso del Centro Cultural. Personalmente, me tocó cubrir el acto y de allí que estuviera presente, aunque de todos modos habría ido habida cuenta de que refundar un cine o un teatro es algo de lo que vale la pena participar. Por eso pienso que tal vez lo mío pase por ciertos rasgos naif.
Me explico: estaba anunciada para las 19.30 la rueda de prensa con Lucrecia Cardoso, titular del Incaa, y el director de la película “Por un puñado de pelos”, Néstor Montalbano.
Llegué puntual y me llamó la atención encontrar en el hall a un numeroso grupo de adultos mayores que manifestó que habían sido “invitados a asistir por las autoridades de la Anses y estaban un poco cansados de esperar”, y como los minutos pasaban y no abrían la sala, se les acercaron algunas sillas, cosa que agradecieron enormemente los que pudieron sentarse. Tampoco entendí el porqué de la presencia de la agrupación Nuevo Encuentro -con camisetas incluidas- y el despliegue de banderas de La Cámpora y que, además, la mezzanine estuviera destinada a “los compañeros de la agrupación”, como voceaba cada tanto un joven que llevaba la lista de invitados. Por otro lado, vi cómo iban llegando de a poco funcionarios locales, provinciales y nacionales del FPV, y cada tanto una voz sobresalía del bullicio: “Ya está por llegar Diego…”.
Y si bien no suelo cubrir actos políticos, soy curiosa. Hace años que estoy en el oficio, y no me resulta demasiado difícil saber quiénes tienen una fuerte convicción política y vocación de servicio, sean del palo que sean; distinguir a los aplaudidores, a los que los enroques siempre van dejando en el tablero, a los adulones, a los que quieren sacar alguna ventaja haciéndose ver o especulan con que la función pública les dará brillo social o dinero. Vi todas las especies en el acto del sábado por la noche.
Y no voy a entrar a interpretar los discursos de Bossio, Tassara y Cardoso, de un alto matiz político, pero rescato el hecho de que el Estado nacional colabore en recuperaciones que tienen que ver con la actividad cultural de la ciudad. Y aplaudo la serie “Fábricas” dirigida por Víctor Laplace, cuyo trailer pude ver -sonó a una tira muy bien hecha- producida por la Unicén. Rescato también el haber hablado con el director de la película y con la directora del Incaa, que me dijo lo que repitiera sobre el escenario y que fuera relatado en la crónica que salió en este Diario el domingo pasado.
Insisto, rescato que se haya reinaugurado un cine, lo aplaudo -sin la necesidad de que me arenguen como vi hacer en parte del acto-; lo aplaudo con sinceridad, como la gestión que Roberto Tassara está realizando al frente de la Unicén.
Pero debo reconocer que me fui del ex Alfa con la sensación de que no había sido un acto para todos los tandilenses, sino para los simpatizantes o militantes del FPV, y que lo artístico quedaba opacado por el despliegue del aparato político.
Si el precio que había que pagar por estar en el momento y en el lugar donde se produciría un hecho cultural de relevancia fue ése, lo acepto, no queda otra.
Pero entonces no fue un encuentro para todos y todas.
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