La satrapía, la balanza y la vergüenza
Los organizadores del festival del próximo 8 de octubre en Unión y Progreso están preocupados y no es para menos. Ya se han recorrido medio Tandil incluyendo la casa de remates de Wenceslao Fernández y no han podido conseguir una balanza reglamentaria para realizar el pesaje de la programación anunciada. La única existente es la de la Satrapía Municipal de Box de Tandil, pero por unas ?boletitas atrasadas? de pantagruélicas tenidas gastronómicas -en alguna de ellas participó el ?Patón Basile? que casi se comió hasta la mano de Scuffi- que se ha olvidado de pagar el titular de la Satrapía, a pesar de los reclamos reiterados, la báscula del organismo está secuestrada por el propietario del restaurante identificado en un jingle como el de ?la buona pasta?.
Y hablando de enojos, al Sátrapa, el protegido del director municipal de Deportes que ya a esta altura es cómplice de sus andanzas (como que controla sin controlar a su propio hermano que es promotor, algo más que cercano a lo aberrante), parece que los nervios lo están traicionando y lo mantienen en un estado ya no de excitación, sino de una irascibilidad casi enfermiza. Desde el momento en que se enteró que un grupo de allegados al boxeo está recolectando firmas para que sea desplazado de su puesto por la forma despótica, discrecional y selectiva con que apoya o ningunea a boxeadores, gimnasios o clubes, según su propio criterio y con el aval absoluto del ocasional capitoste del área, se ha transformado en una especie de troglodita dispuesto a partirle la cabeza a quien se le ponga delante.
El primero de sus escándalos fue al aire en una audición deportiva de Radio de la Sierra, producto de la obnubilación que le produjo la conocida iniciativa, donde increpó duramente a un periodista del equipo de deportes, acusándolo de ir con un papel y una lapicera a los gimnasios para aliviarle el trabajo a quienes juntan firmas para pasarle el trapo. El cariz que tomó la conversación a raíz de que al Sátrapa parece que no le hacen efecto las pastillas para la ?neura?, hizo que el diálogo terminara abruptamente.
Otro episodio, pero reservado, fue el que protagonizó increpando a un oficial de ring en su lugar de trabajo, imputándole el hecho de ser el cabecilla de la revolución, y en un acto de acabada cortesía y caballerosidad lo invitó a liarse a trompadas en la Plaza Independencia. El desafiado le confió a quien esto escribe: ?Está buscando que lo ?adorne? pero no lo va conseguir??.
Es tal el inentendible encandilamiento que tiene el director de Deportes de la Municipalidad de Tandil con el Sátrapa, que en tren de elevarlo a un pedestal de inmortalidad tuvo la pésima y ridícula idea de decir por radio que: ?Ledesma es para el boxeo lo que es Aldasoro para el básquet?. Muy educadamente le pararon un poco la chata, pero? veamos: Aldasoro es un hombre de bien, íntegro, que hace más de treinta, por no decir cuarenta años brega por ese deporte como un impoluto luchador, entrenador y dirigente honesto cien por cien. Dio todo por su deporte sin pedir nada, fue un concentrador de voluntades que como directivo jamás descartó a nadie y que desde la función pública no se permitió el ?tráfico de influencias? ni priorizó a sus elegidos. Cada vez que el básquet caía en un bache, era Aldasoro el que volvía a poner el cuerpo. Compararlo con el Sátrapa es un imperdonable exabrupto, pues de muchas de estas virtudes que adornan al profesor Aldasoro son de las que carece el apañado por Ilero, que al tren que va es capaz de proponerlo para el Hall de la Fama, cuando en realidad su tarea inmediata sería la de hacer un desagravio a la mancillada figura de un dirigente y ciudadano honorable como es Eduardo Aldasoro, quien no merecía que de una lengua desconectada con el raciocinio recibiera semejante ?elogio?.
El secuestro de la balanza debería ser el punto final para una gestión en la que el Sátrapa ha actuado por comisión y su padrino por omisión. Ya más vergüenza no se puede pasar y en esta ocasión, más allá de los nombres, no olvidemos que son funcionarios de la Municipalidad de Tandil.
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