La seguridad de lo inseguro
Seguridad, en el terreno de las definiciones, es certeza.
En los primeros días del año, una de las pocas certezas que está latente en la comunidad es la inseguridad que, día a día, sacude a un Tandil que demanda a gritos políticas más certeras.
Un contraste llamativo dejó esta semana, en la que asistimos a importantes operativos policiales en las calles, mechados con el osado asalto a mano armada, durante la madrugada del jueves, a una sucursal de la cadena de supermercados Monarca.
Otra vez en el plano de las certezas, la inseguridad dejó de ser una sensación para convertirse en algo bastante seguro. Prueba de ello es que las estadísticas ya no intentan desmentir aquello de lo que todos hablan: el asalto o el robo, al pariente, al amigo o al vecino.
Durante las acciones de prevención encaradas en el marco del Operativo Sol no se detectaron mayores infracciones. Ahora bien, se llevaron a cabo a plena luz del día y sobre las principales avenidas de la ciudad, situación que hizo emerger antipatía, y hasta bronca, en más de un conductor.
Mientras tanto, las cosas pasan. Y parece que el Estado ?en todos sus niveles- en lo que no acierta es en los controles.
A principios de la semana, la comunidad lamentó la muerte de un pequeño en la pileta del club Hípico y, enseguida, volvieron al primer plano las dudas sobre las medidas adoptadas para evitar accidentes en los espacios privados de uso público.
Un año antes, un joven de 28 años se había ahogado en el Lago del Fuerte, lo que desató una fuerte polémica sobre la falta de señalización en el espejo de agua.
Después de esa jornada agobiante del 7 de enero de 2008, las disputas sobre la competencia municipal o provincial sobre el Lago también fueron tema del verano en estas páginas. Después de una tragedia de esa clase ?de las evitables-, el pensamiento lógico indica que las acciones tenderán a que no se repita.
Certeza, y mucha, se tiene sobre la contingencia de los accidentes, sobre los hechos imponderables, aquellos que más conmueven. Pero seguro es que hasta el vecino que habita el rincón más solitario e inhóspito ?si el término le cabe a estas sierras- de la ciudad no debería sentirse inseguro, ni dentro de su hogar ni en el espacio público.
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