La sencillez de un poeta
¿Cuál fue a tu criterio el mejor presidente argentino?
-No tengo dudas que fue Juan Domingo Perón. Su genio político y las profundas transformaciones que logró realizar en el seno de nuestra sociedad hablan por sí solas. Claro está que le cupieron aciertos y errores como al resto de los mortales, pero fue un hombre que gravitó decisivamente en nuestra historia contemporánea por más de medio siglo, estableciendo un antes y un después, merced a la incorporación de vastos sectores postergados y aún denigrados a nuestra vida política, sectores que tomaron conciencia de su rol decisivo frente al prejuicio y la oposición de los que detentaban históricamente los privilegios sociales, culturales y económicos. Perón fue un estadista y un conductor de masas. Bajo su conducción, el movimiento llevó adelante sus luchas en defensa de los intereses nacionales, que equivale a decir los intereses de las mayorías, tantas veces silenciadas durante el Siglo XX.
-¿Hay otros presidentes que merezcan su respeto personal?
-Claro que sí, Hipólito Yrigoyen, En otra escala Alfonsín, Illia, y el mismo Duhalde que nos sacó del pozo al que nos habíamos sumergido en 2001 pero, claro, Perón hubo uno solo.
-¿Dónde nació, qué recuerda de su barrio?
-Nací y viví hasta los 25 años en avenida Estrada entre Brandsen e Ituzaingó, en el seno de una familia humilde y de trabajo. Mi padre era camionero y mamá cosía para que ingresara un peso más a casa. Tengo un hermano mellizo (Jorge) y otro mayor (Memo) que reside en Morón. Mis primeras imágenes se remiten a la ancha avenida de tierra, al campanario del Sagrado Corazón y a la línea de eucaliptos que aún se extiende a lo largo del terreno de enfrente, que nos llenaba de perfume, de sombra, y de un alegre alboroto de pájaros cuando llegaba el día. Años después, leyendo La arboleda perdida, un texto autobiográfico de Rafael Alberti, descubrí que el gran poeta español mantenía intacto el recuerdo de su propia arboleda de infancia y ? salvando las distancias ? le atribuía el mismo valor que yo le atribuyera a mi propia arboleda, lo que me ayudó a comprender definitivamente que a partir de la valorización de esas imágenes primigenias, uno podía comenzar a construir una vida y un intento literario con lo propio y no con lo prestado.
-¿Fue un alumno aplicado?
-Mediocre durante toda la primaria, inicialmente en la Escuela 14 y luego en la Nº 1. Tuve tres conatos de secundario y finalicé junto a mi señora el Bachillerato para Adultos en el CENS 103. Pero eso sí, siempre me distinguía en Historia y en todo lo que tuviese que ver con la escritura, la lectura y la poesía.
¿Cuáles son sus recuerdos de infancia?
-En primer lugar, que fue bastante feliz. Tuve la suerte de haber vivido en un barrio suburbano que terminaba a la altura de Ituzaingó, y que luego se convertía en campo, chacras, arboledas y calles polvorientas, a excepción de Las Tunitas que permanecía oculta detrás de una loma. En ese escenario agreste y multicolor, de gente de clase media baja, albañiles, obreros, peones de campo, carreros, luces malas y aparecidos, fui un pibe más. Mi sensibilidad por el arte y otras cuestiones que se fue manifestando de a poco, no me privó de la satisfacción de compartir todos los juegos y diabluras de infancia. El fútbol absorbió desde los ocho o nueve años gran parte de nuestra pasión. Jugábamos entremezclados los pibes de mi barrio con los de ?las tunas? y de la avenida Rivadavia ?para acá?. La cancha: el extenso baldío que aún existe frente a la casa de mi madre. Las carreras con autitos, réplica de las cupecitas del TC, por las huellas abiertas en las veredas de tierra, la bolita, las figuritas y los juegos bélicos, entre cowboys e indios, americanos vs. japoneses, en fin…
De otras pasiones
-Me decía que el fútbol absorbió gran parte de su pasión, pero no toda?
-Por supuesto. Leer era entonces una alternativa bastante común; leer pilas de revistas de historietas, e intercambiarlas con los vecinos, hasta que en algún momento, alguno de nosotros nos aventuramos a los primeros libros de Salgari, Verne y otros clásicos juveniles. Recuerdo que una de las primeras novelas que leí completa fue Don Segundo Sombra de Güiraldes, y por esos tiempos Platero y yo de Juan R. Jiménez. Dos obras que luego he releído con sumo placer y con cierta nostalgia.
-¿Con qué otras cosas se entretenían en una época donde había pocos televisores en Tandil y ni se hablaba de Internet ni family game?
-Oíamos mucha radio. Los partidos de fútbol, las carreras, los radioteatros, los programas humorísticos. Veíamos mucho cine de acción los domingos en el Americano y películas argentinas en el Súper los lunes por la noche, acompañando a los viejos. Claro, recuerdo que recién en la segunda mitad de los sesenta compraron televisores dos familias del barrio, y allí nos juntábamos a ver los partidos, el boxeo y otros programas, pero, para esto, ya había transcurrido nuestra infancia y parte de nuestra adolescencia.
-Y de la adolescencia, ¿qué nos puede contar?
-Recuerdo mi adolescencia con más sombras que luces. Nunca me aparté del mundo, de mis amigos y de todo aquello que resultaba atractivo, como comenzar a ir a los asaltos, a los bailes, al centro, a las confiterías y al Club Defensa a jugar al truco. Me tocaron las ?generales de la ley?. Sin embargo recuerdo haber sido un pibe algo melancólico y que a veces me gustaba estar solo. Claro está que a estas cosas no las hablaba con nadie por prejuicio o por lo que fuere. Tengo la idea de un permanente deambular, como si buscara algo a qué aferrarme. De no tener bien en claro las causas de esos sentimientos, como si algo se estuviera gestando en mi interior en medio del desconcierto. Es probable que estuviera buscando a tientas mi propio camino.
-Se me ocurre? ¿allí empezó a escribir?
-Sí, fue en esa etapa que comencé con mis primeros poemas y también a manifestar cierta sensibilidad hacia el arte. Fue un recorrido lento, solitario y discontinuo. Y aunque era jodón y comunicativo, por debajo había algo más, y creo que ese algo más era una vida interior que pujaba por salir. Mis primeros versos, fíjese, tuvieron que ver con dos cosas: con la no correspondencia de ciertos amores y con una borrosa idea de justicia social. Y me detengo en esto último para recordar que si bien en mi casa la política no fue más que un asunto tangencial; la conducta de mis padres de solidarizarse en lo cotidiano con la gente necesitada, de enseñarnos a respetar al que menos tenía y al laburante, sumado a la visión originaria de un mundo donde podíamos detectar que no todos éramos iguales (la injusticia social) creo que fueron los elementos a los que puedo achacar parte de esos primeros poemas y futuras inquietudes políticas y artísticas.
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-Así que tenemos una vocación artística nacida en la adolescencia al mismo tiempo que una necesidad de justicia social.
-Fue algo así, obviamente nada buscado sino que surgió de una manera natural, espontánea y hay un dato que para mí tuvo importancia. En una oportunidad descubrí en un cuaderno de 5to. grado, una redacción donde había escrito que ?cuando fuera grande quería ser escritor?. Bueno, creo que ahí está el génesis. Y lo importante de esto es que si bien no puedo atestiguar cabalmente que me haya convertido en un escritor, de lo que no me caben dudas es que soy un tipo que escribe?
-Y que también se enamoró de las artes escénicas.
-?Como la montaña no quería ir hacia Mahoma; Mahoma decidió ir a la montaña?. Y esa montaña fue para mí la ladera del Parque Independencia, el anfiteatro, una noche de rabona y sin un peso en el bolsillo, en la que decidí ir con un compañero a curiosear un ensayo de las ?Estampas de la Redención?. Dirigía mi recordado amigo Enrique Ferrarese, y allí me quedé. Pidieron gente para grabar el texto de un Sanedrita, yo me animé, pasé la prueba y me dieron el personaje.
Luego trabajé seis años en ese espectáculo, hice dos obras como actor con Ferrarese en 1971 y 1973. También allí conocí a uno de mis grandes amigos, a Jorge Gener. Entonces, de ahí en más comencé a vincularme con el ambiente artístico. Todo un descubrimiento: tuve grandes amigos, actores recordados como Marilena Rivero, Luis Cicopiedi, Cataldo Aiello, Juan Marcos, Ana María Mereb, Mary Rojo, Gladis Carnevale y tantos otros, en esta historia que comenzó en 1970.
Finalmente trabajé en 3 o 4 obras con José M. Guimet, también fui dirigido por Daniel Carle en dos oportunidades, por Juan C. Gargiulo, por Gustavo Iturrioz y por Carlos Marino, y luego de no actuar durante muchos años ?colgué los botines? en 1994 haciendo ?La Nona? con dirección de Marcelo Jaureguiberry.
Merecidos honores
-¿Cuáles son las otras facetas en la que incursionó dentro del teatro?
-Soy escritor, como le comentaba antes y también director. Tengo escritos alrededor de 20 textos teatrales, muchos de ellos estrenados. En 1978 escribo y dirijo Por qué te quiero Buenos Aires? y en 1981 Y fue por este río, ambos espectáculos realizados en El Teatrillo, suerte de indagación sobre la cultura popular, la poesía, el tango, la danza y el teatro. En 1979 adapto el guión cinematográfico de la película Tute cabrero a teatro y se estrena en 1983 con dirección de Carlos Marino. En 1982, Roberto Leal nos estrena Circus, versión libre del texto escrito en colaboración con Julio Varela y Daniel Dicósimo. En 1985 fundo el grupo El Tablón y escribo mis primeros textos infantiles y los dirijo: El Tesoro del cofre de la casa de la bruja y Sucedió en la vía. En 1991 escribo y dirijo A Doña Tenia entre todos, rajémosla de algún modo. Entre 1994 y 95, Mario Valiente en Ayacucho, Marcelo Islas y luego Daniela Ferrari con ?La Carachata? me estrenan El dotor a lonjazos versión criolla de El médico a palos de Moliere. Obra que representó a la Escuela Superior de Teatro en Perú y obtuvo luego importantes premios y nominaciones en eventos regionales y provinciales. Con esta obra fui distinguido con una Mención Especial por la Dirección de la Comedia de la Provincia. de Buenos Aires en 1996. En 1997 logré el 1er. Premio en el Concurso Nacional de Dramaturgia ?VIII Festival de Teatro Marplatense con Sucedió en la vía ? rubro teatro infantil. En 1998 logro el Primer Premio para Textos Infantiles en el concurso organizado por la Escuela Navarra de Teatro en Pamplona (España) con la obra En el reino de Amargundia.
Luego, de la mano de Rubén Maidana con el grupo Los Escruchantes, Sucedió en la vía y En el reino de Amargundia obtuvieron los más importantes premios a nivel regional, provincial y nacional. Con la primera de ellas representaron a la Provincia. de Buenos Aires en la Fiesta Nacional del Teatro, organizada por el Instituto Nacional del Teatro. El año pasado hice una adaptación de un cuento de Alvaro Yunque por pedido de la Universidad. Lo titulé De chicos y espantapájaros. Luego se estrenó en el Centro Cultural y se representó en nuestros barrios y en la zona, en el marco del evento Universo Yunque. Agradezco también la gentileza del doctor Adalbo Gandolfi, hijo de A. Yunque, que tuvo una gran comprensión para con mi adaptación teatral.
La gente de Artecon de Bolívar me estrenó 3 obras, y también me estrenaron ?Caminito? de Rauch, grupos de Balcarce, Santa Rosa, Tres Arroyos y otras localidades. Vaya también mi agradecimiento a todos ellos.
Dirigí en un Intercolegial en 1989, logrando ingresar en la terna, y además Las escenas navideñas en el cerrito de San Martín entre los años 2000 y 2005. Con Carlos Catalano hice un curso de dirección entre 1981 y 1982, antes de que existiera la actual Facultad de Arte.
En la Feria del Libro
-¿También se vinculó con la historieta?
-Sí, lo hice como guionista, asociado desde 1985 con Ricardo Garijo (dibujante). Presentamos la revista Gurbos en 1997; hicimos una gran experiencia en 1999 de la mano de Piero De Beneditctis como secretario de Cultura provincial y merced a una gestión de Roberto Mouillerón. Se llamó Historietas Bonaerenses y dictamos talleres en cinco municipios de la provincia, culminando con la publicación de la revista homónima. Luego, en la Biblioteca Rivadavia dictamos talleres durante 2 años, de allí salieron dos ediciones de nuestros alumnos Historietas en la Biblioteca I y II. Finalmente, en 1992 presentamos nuestro trabajo más logrado y ambicioso: Diario de Plaza Moreno escrito por mí y dibujado por Ricardo. Obra que obtuvo excelentes críticas. En 1994 recibimos el 2do. Premio en el Concurso Publicaciones Bonaerenses por nuestras publicaciones realizadas bajo el sello de Gurbos, otorgado por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires y Dirección del Libro, Bibliotecas y Promoción de Lecturas, en la Feria del Libro de la ciudad de Buenos Aires.
?Alguna vez pensé en tomar
Las armas, pero no pasó de allí?
-Hoy comenzamos hablando de política y seguimos por el arte. Volvamos a aquellas épocas de poemas y justicia social.
-Formalmente ingresé a la política en medio de la agitada marea de inicios de la década del 70. Formé parte de una juventud enfervorizada por cambiar un mundo injusto; idealista y comprometida. A los 17 años tuve un breve paso por el Encuentro Nacional de los Argentinos, luego me fui y comencé a acercarme a un sector de la Juventud Peronista, en tiempos en que se hacía realidad la quimera de traerlo a Perón, luego de 18 años de exilio. Era la culminación de una larga lucha; expresión de un sentimiento multitudinario sustentado de manera anónima y heroica por el pueblo peronista. La proximidad del llamado al Servicio Militar y algunas cuestiones particulares hicieron que abandonara la política. Volví a retomar la actividad después de la Guerra de Malvinas.
-En aquellos tiempos de juventud enfervorizada ¿tuvo la intención de tomar las armas?
-En aquellos tiempos era común que muchos jóvenes hablaran de ello. No se olvide que veníamos de cuatro décadas de golpes de Estado, con su cuota de violencia estatal, proscripciones, entrega del patrimonio nacional, injusticia social, gobiernos democráticos jaqueados y finalmente derribados, soberbia, penetración cultural, etc. No olvidemos la incidencia de la Revolución Cubana, del Mayo Francés, de la lucha por la descolonización de los pueblos del 3er. Mundo, de la miseria, la opresión y el hambre de Latinoamérica, Asia y África. Sumémosle el peronismo, mayoría proscripta durante 18 años. La existencia de una Iglesia comprometida parcialmente con los desposeídos a través de la Teología de la Liberación, y que nos habíamos rebelado contra una educación a la que sabiamente Arturo Jauretche había denominado colonización pedagógica. Los jóvenes estaban muy informados y conocían al dedillo los aportes intelectuales efectuados por Paulo Freire, Darcy Riveiro y otros, sin descontar nuestros Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui, Bayer, David Viñas y tantos más que desmenuzaron las causas de nuestra sujeción política, cultural y económica. Las lecturas iban desde textos marxistas hasta recalar en el revisionismo de José M. Rosa o Fermín Chávez. Si tenemos en cuenta este marco, claro está que alguna vez lo pensé, pero por suerte no pasó de ahí. Hoy, con profundo respeto y con dolor, debo decir que se equivocó el camino al optar por la lucha armada. El precio fue atroz. La negra noche del aberrante proceso militar instaurado en marzo de 1976, perpetrado con la excusa de la guerrilla, cuyo poder de fuego estaba casi desmantelado, y de un gobierno que marchaba a la deriva (pese a que había llamado a elecciones para septiembre del 76) sirvió para ?justificar? el golpe.
Fue la excusa para imponer un plan económico pergeñado allá en el norte. Torturaron e hicieron desaparecer a 30 mil personas, más costos sociales, económicos y culturales. Todo esto para silenciar a un país e imponer un modelo económico al servicio de los que luego, años más tarde, nos ?fusilaron? junto con los ingleses en Malvinas.
-¿Y en el aquí y ahora?
-Debemos cuidar y fortalecer esta democracia que tiene muchas asignaturas pendientes, pero que resulta mejor a cuanto nos tocó vivir.
?Sabíamos lo que
estábamos haciendo?
-Fue subsecretario de Cultura en la gestión de Gino Pizzorno. ¿Cómo fue aquella experiencia, qué antecedentes tuvo?
-Después de Malvinas me reintegré a la política, al peronismo. Mi destino fue la por entonces recientemente inaugurada Unidad Básica 2 de Villa Italia, Evita Capitana. Me alinee en la Renovación Peronista, conducida por Macaya, Pizzorno, Mouillerón, Lester, Pedersoli y otros. En esa unidad básica y en la Casa Peronista, luego de la derrota ante Alfonsín, trabajé intensamente. Fundé el grupo El Tablón, proyecté y realicé una Semana del Niño en Villa Italia sin tener aún el gobierno municipal, organizamos innumerables actos políticos, artísticos y culturales en distintos barrios, en nuestros pueblos del partido. Llevamos cine, teatro, payasos, títeres y grupos de danzas a todos lados. Organizamos debates, conferencias y, paralelamente, se sumaron a este accionar Alejandro Testa y otros compañeros valiosos con los cuales, durante tres años, a la par de una intensa militancia política y cultural, redactamos el proyecto para el área de Cultura y Educación de la plataforma de Pizzorno.
Es decir que llegamos al gobierno con un plan concreto y con una tarea militante intensísima. El área fue ascendida a subsecretaría y nos lanzamos desde el inicio a generar en toda la ciudad una movida que hizo época. Durante tantos años de proceso y también como producto de otras concepciones culturales, Cultura no había sido realmente valorizada como área. También existían algunas personas, grupos o instituciones que, ya sea por costumbre, historia o por las causas que fueren, se sentían ?dueños de la cultura de la ciudad?. Esto trajo aparejado prejuzgamientos, críticas infundadas, prejuicios sociales o ideológicos ante el equipo de Cultura que conformábamos con Testa y Margarita Sgro. El intenso accionar; la permanente y solidaria colaboración y apoyo a todo el espectro cultural, más la realización de propuestas por entonces inéditas, descolocó a toda esta gente que centró entonces su critica en la barba de Testa o en los vaqueros descoloridos de Echegaray. Claro está que nunca afrontaron un debate sobre política cultural.
-¿Lo está diciendo en serio?
-Absolutamente. Luego de un año de gestión, sintiéndome bastante agotado y también por tener algunas diferencias con mis compañeros, preferí retirarme para no ahondar esas diferencias y me fui a mi casa, volví a trabajar a mi librería con mi hermano. Testa y cía. siguieron adelante y trabajaron mucho y bien, con errores y aciertos. La Escuela de Música Popular, la municipalización del Teatro del Fuerte, las tribunas en el Anfiteatro, la recuperación de los carnavales, la Semana de la Juventud, del Aborigen; la permanente presencia en los barrios, entre otras cosas, quedaron como realizaciones de una gestión que planteó la cultura como una cuestión estratégica y solidaria, en un marco entonces ensombrecido por el individualismo, el elitismo cultural y el enajenamiento de nuestros verdaderos valores culturales.
El hombre de la bici
-¿Se considera un militante de la cultura?
-Siempre me sentí así. Dividí mi vida en dos acciones muy concretas, que ha veces se superpusieron y a veces no. El autor, director y actor, convivió con el militante, el dirigente y el funcionario, porque a la par de mi tarea artística trabajé en varias instituciones culturales y gremiales: Asociación Cultural Tandil, Grupo Arte Tandil, Peña El Palenque, Biblioteca Domingo F. Sarmiento de Villa Italia, Gremio de No Docentes de la Unicén, Consejos Académicos, comisiones varias, cooperadoras escolares, etc. Nunca pude parar y por eso no tuve tiempo para amasar mi fortuna.
-Esta última frase me lleva a una pregunta si se quiere curiosa. ¿Es por eso que anda en bicicleta?
No se manejar, nunca pude comprarme un auto, pero aprendí a nadar solito y hago unos asados al asador de la gran siete. Soy hincha de corazón de Santamarina, tengo una computadora que está envejeciendo prematuramente, una esposa que se aguantó los chubascos a la par mía, tres hijos maravillosos, una madre que me dio algún ?gen artístico?, y un padre al que llevo siempre en mi recuerdo agradecido. ¿Qué más puedo pedir?… Tengo una casa modesta y trabajo. Un quincho, un estudio que me lo gané con un premio literario, una biblioteca bastante nutrida, un patio lleno de plantas, buena sombra; algunos amigos que se deleitan con mis asados y con el tintillo? y además? una bicicleta.
Yo me traslado en bici porque me encanta pedalear y porque no me alcanza la plata para comprarme una moto. He detectado que algunos se pregunten sobre el enigma de ese tipo, ese personaje que fue funcionario municipal, director de la Universidad Barrial, dirigente de instituciones de bien público, autor, director, actor, con trabajos premiados y con una ligera propensión hacia lo intelectual, que anda en bici por la ciudad con la visera de la gorra tapándole los ojos, manso y tranquilo. Ecuación que tendrán que resolver ellos mismos, en una sociedad donde el status y la apariencia suelen valorarse más que lo que cada uno es verdaderamente como persona. Donde existe más temor al ridículo que a cometer un ilícito. Mientras tanto, yo sigo en bicicleta, preocupado por mantener decorosamente a mi familia, feliz de que los dos hijos más grandes hayan culminado sus estudios universitarios y acompañando al hijo menor (al Nico) para que culmine la secundaria.
Viajo con mis errores y aciertos en el portaequipaje, con asignaturas pendientes, pero tranquilo, sin esconder ningún muerto en el ropero y con la satisfacción de haberme jugado siempre por las causas que creí justas, a sabiendas a veces que podían tratarse de causas perdidas de antemano. Por eso quiero que mis hijos, por sobre todas las cosas, sean personas leales y decentes, y que vivan de buena fe, de acuerdo a como les interese vivir.
-Este es usted.
-Sí, yo. Un vecino más que le tocó nacer en un barrio y por lo tanto continua siendo un tipo de barrio, con la alegría de poder contar que además, el destino, su propio esfuerzo, su trabajo, sus apasionadas y constantes lecturas de puro autodidacto, le permitieron realizar una aventura artística e intelectual de la mejor manera posible, a la par de dar lo mejor de sí a la comunidad, trabajando en las instituciones. Y que, en virtud de ello, ningún logro le cambió la manera de ser.
Soy un tipo austero, sencillo, con mucho rollo, con mucha vida interior y termino diciéndole junto a Antonio Machado: ?Converso con el hombre que siempre va conmigo, quien habla solo espera hablar a Dios un día. (…) A mi trabajo acudo con mi dinero pago, el traje que me viste y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. Más cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar??
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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