La sencillez de una casa, la funcionalidad de un club
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEnclavado en uno de los lugares más bellos de Tandil, en el marco de un proyecto de urbanización que integran 300 lotes, el club house de El Valle de Tandil es un lugar para conocer. Un edificio de primer nivel en categoría, materiales y confort.
El arquitecto Rodolfo Frolik explica que “el proyecto comenzó hace aproximadamente 6 ó 7 años y originalmente no era el que finalmente se llevó a cabo. Se trataba de un bosquejo con líneas bastante modernas, con mucha piedra y vidrio. Pero se cambió cuando gente de Buenos Aires compró el predio de la ladera este de la cancha de golf para hacer un hotel, y ese hotel venia con un lenguaje mucho más pintoresco por así decirlo”.
Reconoce, no obstante, que en lo que respecta a la implantación se conservó la idea original: “de hecho ya estaba la losa de hormigón armado construida y quedó. Las distintas plantas también quedaron. O sea, todo quedó casi igual, pero se cambió un poco el lenguaje estilístico y pasó a ser un proyecto más `Pintoresquista?”.
A la hora de definir los aspectos sobresalientes del proyecto, el profesional rescata que “el terreno tiene un desnivel hacia la cancha de golf y nosotros pasamos de poner el proyecto paralelo a las costas de nivel a girarlo aproximadamente 30 grados y esto por tres motivos: primero, por la orientación óptima este/oeste; segundo, para enfrentar todo el proyecto hacia la chancha de golf y tercero, por volcar distintas situaciones en la planta: al acceso, a las salidas a la chancha, etc.”.
Las tres plantas
El proyecto consta de tres plantas: el subsuelo, la planta principal y la la planta alta chica, el entrepiso.
Frolik explica que “al girar el volumen se produce el acceso al primer nivel directamente y la salida a la cancha en la planta del subsuelo esta semienterrada porque al girarla quedó en una mitad de la planta enterrada y otra no, se produce la salida hacia la cancha de golf, la salida del carrito etc.”.
En lo que respecta al subsuelo, afirma que es un “basamiento de piedra concretamente, semienterrado como a dije antes, y lo atraviesa en forma transversal un túnel de servicio por donde entran los jugadores. Esa planta de subsuelo contiene las casillas de palos, el depósito de carros, también los vestuarios de caballeros y de damas, el gimnasio, las salas de máquina, sauna; en síntesis, todas las funciones de servicios”.
El primer nivel contiene el hall de acceso en doble altura, el estar, el comedor, un restaurante con capacidad para 300 personas, una cocina muy bien equipada, el baño para todas estas funciones y la administración”.
“En un segundo nivel ?enumera Frolik- tenemos la sala de reuniones, todo el balconeo en doble altura hacia el hall principal y dos salas de juegos. Esto fue más o menos el esquema de distribución de las funciones”.
En la búsqueda de información
A la hora de explicar el concepto de “pintoresquista”, como define la obra, cita ejemplos como el techo a dos aguas dividido por losas.
“Cuando comenzamos con el diseño de este club house ?relata-, tuvimos la ayuda de Mery Cheves, quien nos ayudó en identificar las funciones, dado qu ella había conocido club houses de distintos lugares del mundo”.
A pesar de contar con la información proporcionada por la reconocida golfista, el equipo visitó varios club houses “en Córdoba, en Buenos Aires y hasta en Finlandia. Investigamos mucho para ver el funcionamiento óptimo, ya que era algo nuevo para nosotros”.
Por ejemplo, la zona de los vestuarios fue estudiada y diseñada a la perfección para que “funcione como un reloj. Para que queden bien delimitadas todas las zonas, la social de la de vestuarios, etc.”.
Primero, la casa
El arquitecto confiesa que su momento “lo que más nos preocupaba era la monumentalidad de estos edificios, ya que nosotros queríamos que esto se viera como la palabra misma lo dice, `house`, como una casa. Una casa un poco grande, es cierto, pero queríamos que tuviera la imagen doméstica de una casa”.
Este concepto fue respetado en todo momento, a pesar de que “el hecho de que la obra constara de tres niveles lo dificultaba. Pero se logró ya que el subsuelo se semienterró, entonces esa planta con terraza acható mucho la volumetría general. Y porque la planta superior, es menor en metros cuadrados y, además, está como metida dentro de los techos. Entones uno cuando lo mira, sobre todo desde la cancha, es como una gran planta”.
En definitiva, Frolik reconoce que “quedamos contentos con la imagen final. Logramos esa idea de lo doméstico que queríamos imprimirle, y no tan monumental ni como un edificio, que era lo que queríamos evitar”.
Lógicamente que esta premisa no fue fácil de lograr ya que se trata de una obra de 1.100 metros cuadros en planta baja y otros 800 en el primer piso. En total, alrededor de 2.500 metros cuadrados.
Un material versátil
Cuenta Frolik que “cuando comenzamos la obra y toda la planta del subsuelo fue semienterrada, nos encontramos con napas de agua, por lo que debimos armar toda una losa de hormigón armado, para separar el edificio de la tierra. Luego, se instalaron las cañerías para drenar el agua”.
Se utilizaron materiales como el retak, no muy conocido por entonces, pero que hoy se está usando mucho en Tandil debido a sus múltiples ventajas. “Es un ladrillo de una tercera parte del peso de un ladrillo hueco, liviano, fácil de trasportar, que tiene muy buenas calidades acústicas, hidrófugas y térmicas. Entonces hicimos todo el edificio con este material, lo cual realmente nos trajo satisfacciones desde el confort, pero también desde la rapidez de la obra, y por la facilidad con la que se le coloca el revoque. Fue todo más rápido”.
En cuanto a las aberturas, son de aluminio color (marrón), con doble vidrio hermético.
Los techos de madera a la vista en la totalidad de la superficie, combinados con la misma piedra que está en todo el edificio ?como la barra o la estufa hogar-, le otorga un toque de calidez que ayuda a la idea de darle una imagen de casa, a pesar de tratarse de un club.
Respetando el entorno
El arquitecto Frolik le da un crédito especial a la labor de su socio Gerardo Milani “que trabajó durísimo y muy bien en toda la dirección de la obra y también a Patricia Ortiz , la decoradora, que le dio un `broche` muy lindo. Nos entendimos muy bien en lo concerniente al amoblamiento, los colores, todo. Fue un muy buen trabajo de equipo”, celebra.
Otra de las premisas era lograr “mimetizar” el edificio con el entorno. Con tal fin se utilizó mucho la piedra, y el revoque se hizo de un color verdoso grisáceo similar al de las sierras para confundirlo con el paisaje. En las aberturas se combinó el aluminio con la madera.
En cuanto a las comodidades, tanto los vestuarios como los lokers, están preparados para realizar un torneo internacional con 180 jugadores, lo que junto al restaurante y la cancha de golf con 18 ojos, le otorgan al lugar características de real trascendencia.
“El hotel cinco estrellas que se va a realizar en la ladera este de la cancha de golf, con salida directa a la cancha, hará que todo este conjunto de cosas que se esta proyectando aquí, tenga un potencial turístico muy importante para el futuro de la ciudad”, especifica Frolik.
Rescata también la particularidad de estar “en una olla, emplazado en un espacio muy bello, que tiene privacidad hacia la ruta, que le quita exposición. Fijate que el nombre anterior era `Valle Escondido`(actualmente es El Valle de Tandil), porque no se visualiza desde la ruta”.
Un trabajo en equipo
Finalmente, Rodolfo Frolik confiesa que los arquitectos hacemos los dibujos, lindas maquetas, proyectamos en la computadora, pero después, los que llevan realmente adelante la obra son los albañiles, los plomeros, los electricistas, en fin, gente que nunca debemos olvidarnos de agradecer.
En tal sentido, realza el trabajo de “Menacho Flores, quien tuvo que aprender a desempeñarse con este tipo de ladrillo, ya que era la primera vez que lo utilizaba. Al electricista Etcheto, que realizó una instalación realmente para destacar, donde prácticamente no hay llaves de luz visibles”.
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