La Sierra de las Animas y las leyendas que resisten

No hay que ser un erudito para suponer que la Sierra de las Animas debe su nombre a la presencia de espíritus caídos en desgracia que deambulan en busca de su descanso eterno.
El historiador Hugo Nario reconoce que no halló documentos que prueben que a esa sierra se la llamara así antes de 1874, cuando las autoridades del pueblo decidieron instalar el nuevo cementerio en sus cercanías.
Como sea, con semejante denominación, no es de extrañar que a lo largo de las décadas el cerro haya sido fértil en relatos de aparecidos, luces malas y otros fenómenos sobrenaturales.

Uno se destaca con más insistencia. No son pocos los testimonios que dan cuenta de la presencia de un agujero, un cráter o un túnel, cuya entrada está ubicada en plena sierra y su final -si lo tiene- es un misterio. Se menciona que hubo algunos intentos por establecer la profundidad del pozo arrojando piedras al vacío con el fin de escuchar el ruido cuando se estrella contra el fondo. El rotundo silencio fue toda una respuesta.
En su libro “El perro negro” (1952), el estudioso de mitos y leyendas del folclore argentino Rafael Jijena Sánchez, menciona este cráter, lo denomina “Pozo del Diablo” y lo describe como una “auténtica salamanca” (cuevas donde habita el demonio).
“Se oyen voces quejumbrosas y lamentos, se ven luces malas y hasta procesiones de espectros y parece que todo está relacionado con la sierra y el lugar”, describe Jijena Sánchez.
Como sea, no hay documentos que confirmen la existencia de dicho pozo ni testigo vivo que lo pueda corroborar.
Movido por esa leyenda, hace algunos días se llegó hasta Tandil Jonathan Janshon, un joven del Gran Buenos Aires interesado también en mitos populares argentinos.
Recorrió el lugar, recogió algunos testimonios, consultó bibliografía al respecto. Su paso por la Sierra de las Animas fue -desde ese punto de vista- infructuoso, ya que él tampoco pudo dar con la famosa boca del túnel. No obstante, filmó un video corto que se puede ver en Youtube, en el que se aborda este tema.
“Llegué a Tandil a principios de abril -relata a este Diario, Janshon-. Meses antes venía juntando información, llegando incluso a contactarme por internet con Gonzalo Erreca, un muchacho que hacía espeleología y me facilitó información del terreno”.
Ya en camino, algunos tandilenses le hablaron respecto al misterio que se cernía sobre las Animas: “Mencionaban lo mismo que comentaba Sánchez en el libro sobre luces que parecen danzar desde lo lejos, fantasmas y un pozo sin fondo”.
El joven reconoce que “hay múltiples leyendas o mitos que nos hablan de entradas al infierno, claramente no es algo que hasta el momento se pudo comprobar, aunque existe multitud de creencias y leyendas al respecto. Cada pueblo a lo largo de la historia ha tenido una concepción del infierno o del inframundo de manera distinta. En Santiago del Estero, la leyenda de “La Salamanca” está bien presente. Según las creencias, es una cueva o pozo donde el Diablo celebra sus aquelarres e instruye a los iniciados en divisas artes, por lo general después de una serie de pruebas.
Como sea, y más allá de los frustrados intentos por hallar el famoso pozo -o precisamente por ello: por no hallarlo-, la leyenda sigue vigente. Al menos, para convocar a algún viajero con inquietudes o sencillamente para amenizar la charla de sobremesa, cuando el silencio de la noche se hace una pausa para el misterio.

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