La solidaridad es una cualidad que dignifica
(Escribe Ana Pérez Porcio, de esta Redacción) El paisaje es siempre el mismo; cambia un poco con cada estación, más o menos calor, más o menos follaje, pero prácticamente siempre es el mismo. Los barrios también se asemejan y son cercanos: árboles añosos, vistas de las sierras más antiguas del mundo, calles polvorientas, pibes en bicicleta o corriendo detrás de ellas y casas precarias, muy precarias. En este paisaje, vive el cinturón de la pobreza tandilense.
Cuando los perros se alertan de la llegada del móvil de este Diario comienzan con sus coros de ladridos para que los vecinos salgan de sus casas, aunque sea para disfrutar del sol o simplemente ver qué sucede. Romina nos espera en la puerta con su hijo menor -Peter, de nueve meses- en brazos, y Yaien, de tres años, dando vueltas por la cocina, donde mirando las paredes despojadas es sencillo darse cuenta que allí falta de todo.
Lo primero que hace la joven es disculparse. ?No tengo sillas -dice-, les traigo unos cajoncitos y se sientan?, sonríe, y a continuación cuenta que ?si no fuera por Desarrollo Social estaría viviendo en la calle?.
Si bien Romina se muestra conforme con la casa, los bolsones de comida y los traslados al Hospital Garrahan para la atención de su hijita que sufre una grave enfermedad renal, no es suficiente. Y lo reconoce bajando la vista como si estuviera en falta, ?porque no soy una persona que quiere pedir por no trabajar. No soy así, pero es que a veces estoy un poco asustada, tengo miedo por la enfermedad de la nena y que no come bien, y porque el gordito se acaba toda la leche del Plan Vida, pero es un bebé?. Y lo acuna mientras el pequeño abre sus enormes ojos oscuros como si tratara de aclarar que los bebés siempre tienen hambre.
Hace más frío dentro que fuera de la casa, y recién son las cinco de la tarde: ?No quiero ser desagradecida -insiste-, pero necesitaríamos aunque sea prestada una salamandra o una garrafa y yo le compro la pantalla para hacer de estufa porque las noches se están haciendo difíciles. La nena no puede pasar frío y de noche, con su problema, hay que llevarla al baño varias veces o se hace en la cama, y realmente no tengo ropa para cambiar, tampoco frazadas, en realidad?.
Cuando le preguntamos qué comerán esa noche, contesta rápidamente: ?Como es 29 -la nota fue hecha el jueves pasado- haré unos ñoquis para los chicos, porque son nutritivos? además, lo único que me queda es harina?, dice mientras acaricia la cabeza de su hijita y agrega: ?Tuve que dejar de darle la teta al nene porque se me estaba cayendo todo el pelo y me hicieron estudios porque hace casi cinco años que vengo amamantando, ya que la nena tomó hasta el embarazo?.
Seguramente a Romina le deben faltar vitaminas, se lo comentamos y asiente: ?Me recetaron aminoácidos, pero realmente salen mucho y no me los puedo comprar, primero están los chicos?, dice.
Cuando queremos saber algo de su vida privada, del marido que la abandonó teniendo los nenes chiquitos, dice que ya no tiene importancia, que no quiere saber más nada y que criará a sus hijos sola o, mejor dicho, ella y quienes le den una mano. Pero igual no alcanza.
La nena toma una medicación (Bactrin) diariamente hasta que esté en condiciones de ser operada. ?Menos mal que hace frío, porque como no tengo heladera y la medicación no puede perder la cadena de frío? algo bueno sale de esto?, y vuelve a sonreír buscándole el lado positivo a una situación tremenda.
?Es que todo tiene un lado positivo?, agrega, cuando una necesita tantas cosas se aprende a agradecer la generosidad de los vecinos, de la institución que me alquila la casa, del farmacéutico que me fía el remedio de la nena -cuando no hay en el Hospital- porque sabe que voy a pagárselo, de quienes me alcanzan leche en polvo? hay gente muy buena gracias a Dios?.
Así y todo a Romina no le alcanza para subsistir, por eso le pedimos que ubicara las prioridades, las necesidades más urgentes: una salamandra o una garrafa con o sin pantalla, leña, un mueblecito como para guardar la ropa -no tienen placard-, sábanas y frazadas, ropa de abrigo para la nena y el nene, leche en polvo, comida que no tenga que ser refrigerada, sillas, alguna palangana para lavar la ropa o los platos, ya que la única canilla está en el baño. Y nosotros agregamos -con su autorización- juguetes y un celular -lo necesita porque desde el Hospital local o del Garrahan la llaman para darle o cambiar turnos, y el que tiene no da más-. En fin, necesita todo lo que el sentido común de los tandilenses solidarios crea que hace falta.
Romina y su prole, insistimos, viven en Lemos 353 (es la última calle que cruza la avenida Lunghi, antes de llegar al Parque Industrial). Su número de celular es el 15-606883.
Hoy, domingo, si sale a dar una vueltita por los alrededores de la ciudad, alce algunas cosas de su casa y lléveselas a Romina y sus chiquitos. Ella le pagará con una de sus maravillosas sonrisas, de esas que hacen pensar que aunque muchas veces parezca que todo está perdido, la vida sigue valiendo la pena. *
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