La soprano
Su pasión por la polifonía y monodia italiana del siglo XVII se expresa totalmente junto a Concerto Soave, de quien ella es cofundadora junto a Jean-Marc Aymes. Maria Cristina Kiehr descubre su talento como narradora de historias, cuidadosa de expresar hasta el más mínimo detalle de la nuova musica, lo que la convierte no solo en una cantante con un timbre único sino en una artista con gran versatilidad
“La primera vez que canté en la Argentina fue en el Colón, creí que me moría, además porque éramos colegas de escena con el cantante argentino Víctor Torres, amigo mío de antes de irme y quien en realidad me hizo conocer la música del renacimiento. La vida dio tantas vueltas que hemos terminado cantando juntos, sobre todo volver al país, era un conjunto de circunstancias maravilloso. Además, fue la primera vez que mi padre me escuchaba cantar como profesional. La única oportunidad que me vio y me escuchó fue en el Colón. Canté hace dos años en el Teatro Avenida con una producción de ópera, junto al director Juan Manuel Quintana –con un 99 por ciento de elemento argentino en la orquesta y los cantantes- y luego hice un concierto en el teatro también”, comenzó relatando Cristina.
-¿Hay posibilidades de que vuelva al Colón a cantar? Se lo pregunto porque no falta quien diga que la acústica no es la que tenía antes el primer Coliseo
-Estoy muy contenta porque hasta ahora no he escuchado nada negativo respecto a la restauración. Se han hecho tantas barbaridades en el mundo con salas que eran extraordinarias que luego de restauradas las acústicas no eran las mismas… En cuanto a su pregunta, hay una posibilidad remota porque una de las cosas más lindas que me pasó el año pasado a nivel profesional fue que un compositor libanés compuso un oratorio según María, y él lo escribió desde ese punto de vista. Fue fortísimo porque el rol de María lo escribió para mí y pude estrenar la obra, hay 8 instrumentistas, un pequeño coro y una gran batería de percusión, y yo. Fue realmente –en todo sentido- inolvidable. Nos dio vuelta a todos. Se está tratando de ver si se puede llevar por el mundo y sé que uno de los puntos que está en la mira es el Colón y, por supuesto, yo haría lo que fuera por poder traerla aquí.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Muy diversa, intensa y con dificultades como en todos lados.
-Cuando se piensa en Europa como punto de vacaciones junto a la cultura, el arte.
-¡Nos llevan siglos de ventaja, no hay que olvidarse de eso! Uno dice tal teatro cumplió 50 años, acá es una cifra considerable. Allá 500 años sí (risas). Siempre cuento que me maravilla la cantidad de actividad muy buena a nivel amateur que se hace acá, que en Europa es casi inexistente. Se ha perdido muchísimo, la actividad tanto musical como teatral. La gente si no le pagan no hace lo que sabe.
-Es que el artista trabaja de artista…
-Hay gente que se organiza y hacen festivales de teatro pero eso en Europa, en todo caso en los países ricos, se ha perdido muchísimo. Casi que no existe, si una no lo hace como profesión, es como que no tiene lugar. O si no, existe pero es muy malo, en cambio acá hay cosas muy buenas, no profesionales en el sentido que no es gente formada. Tandil tiene una actividad cultural y artística increíble…
-A los hermanos Logioia, Pehuén Naranjo, Miguel Brutti, Esteban Beretta, Alejandra Rifé, Patricia Fernanda Leeson, Rut Schreiner, Elina Marxen, Eugenia Camuña… Hay gente que me dice que habría que lograr hacer algo como La Cantoría y yo les digo “es que La Cantoría era Coty” y una constelación de chicos, que eso se da o no. Eso sucede en cualquier lado. Por ejemplo, también se da en los conservatorios que de repente –no se sabe por qué- hay una generación de chicos, muy buenos cantantes, violinistas, que se ponen a hacer música de cámara y resulta que una escuela se hace famosa gracias a ellos. Pero no quiere decir que forzosamente la institución sea buena sino que las personas que estaban en ese momento le dieron prestigio. Claro que tiene que haber una calidad de base en la institución también, sino los profesores no estarían. Muchas veces uno tiende a ensalzar instituciones y en realidad lo que hace que tengan fama o no son las personas.
-A los 20 años directo a Basilea a estudiar canto, música de renacimiento y barroco en una escuela especializada, se llama Departamento de Música Antigua de la Academia de Música de Basilea, es una escuela muy importante y una de las más antiguas en Europa. En esa época, se dio que éramos también un grupito de cantantes y de casualidad había un buen bajo, tenor, contratenor, éramos dos sopranos y se armaron muchísimos proyectos con nosotros, hicimos grabaciones, producciones televisivas, de todo, y eso le dio un auge también a la escuela. Pero cuando egresamos hubo un bache porque de casualidad la gente que venía eran o todos sopranos y un tenor, y no se puede armar nada, y cosas así; sólo es una cuestión de azar, no se puede manejar.
-No era habitual en esa época. La verdad no sabría decir por qué pero fue ese repertorio el que me decidió por el canto porque hasta ahí estudiaba violín y era mi intención seguir con él, y sigue siendo mi primer amor.
-¿Continúa tocando?
-Sí, pero es más para tortura de los vecinos (risas).
-Tuve que aprender a tocar el clave pero la verdad no puedo decir que lo toco porque no tengo talento para los instrumentos de teclado pero lo hice como cualquier estudiante de música. Soy totalmente incapaz de tocar algo, pasé los exámenes solamente y ahí quedó.
-Es muy autocrítica…
-Eso espero (risas).
-Depende, no tengo una cifra definida de conciertos, digamos que la mitad del año seguro estoy fuera. A veces pasa un año -conté los días- y estuve 144 en casa, estudiando.
-En realidad no, las pausas son buenas pero no puedo dejar. Más de dos o tres semanas no me puedo permitir parar, hay que entrenar la voz. El cantante –para que sea entendible- tiene una vida de atleta, exactamente igual. Tiene que cuidarse, descansar, entrenar, en nuestro caso estudiar. Juan Martín Del Potro no va a un campeonato o jugar un partido sin haber entrenado antes, con el cantante pasa lo mismo. Es algo de toda la vida.
– Es difícil hablar de compositores preferidos pero yo diría que la música italiana del temprano barroco, es decir, del principio del Siglo XVII, es un repertorio que me gusta muchísimo. Coincide también con un movimiento artístico muy fuerte que se produjo en esa época de cambio y transición que es muy interesante, y yo descubrí que ese lenguaje específicamente me conviene, me habla, me llega muchísimo. Me siento identificada y que es un instrumento con el que me puedo expresar muy bien, ese repertorio es al que más me he dedicado con el grupo que hemos formado con un amigo.
-¿Cómo se llama el conjunto?
-Concerto Soave, hace años que tocamos juntos y que grabamos. Es mi familia y a parte de ellos están las orquestas, las óperas y los contratos que surgen fuera de esa actividad.
-En la música antigua no tanto pero sí tiene sus orquestas sinfónicas y sus festivales.
-Al principio es bastante tremendo, más si uno va así como fui yo, cero preparada mentalmente. Creo que a veces hace falta un poco de fanatismo e ingenuidad para hacer lo que yo hice en ese momento. No tenía boleto de vuelta (risas) sino creo que me hubiese vuelto bastante rápido. El impedimento del idioma es tremendo, yo hablaba castellano y un poco de dinamarqués, y pensaba que también sabía algo de francés porque lo había estudiado en la escuela pero en realidad estuve muda durante meses sin poder hablar ni entender nada. El primer idioma con el que empecé a tomar confianza, lo profundicé y hoy puedo decir que mi segunda lengua es el francés, después el italiano.
-¿Cuántos idiomas habla?
-Cinco, dinamarqués, español, italiano, francés y alemán. Y un poco de portugués…
-¿Fue escuchando estudiando?
-Tengo mucha facilidad para los idiomas, siempre me gustaron y fui descubriendo con el tiempo que me fascina el mundo del lenguaje. Me gusta aprender, entonces como también el tipo de repertorio me exigía saber qué era lo que estaba cantando, uno tiene una motivación y de esa manera fui metiéndome cada vez más en los idiomas que me tocaban.
-Tengo la impresión de que la vida o la música me fue eligiendo; no yo a la música. Incluso con mis profesores porque cuando fui a hacer el examen de ingreso, la profesora con quien yo quería estudiar justo había dejado de enseñar. Yo estaba ahí con los profesores de la mesa de exámenes y me preguntaban con quién quería estudiar y uno de ellos dijo que me quería en su clase. Hoy en día es uno de los directores más grandes de música antigua en el mundo, y él se ve que escuchó en mí algo especial (risas) y ya de por sí me hizo participar en muchos proyectos de alumnos. De su mano fui integrándome cada vez más –incluso antes de finalizar mis estudios- en el mundo profesional. De hecho, cuando terminé de estudiar ya había conocido gente con la que ahora sigo tocando. Se fue dando, nunca tuve que pelear por tener un concierto. Por ejemplo, una cosa que casi me da vergüenza decirlo, nunca audicioné. Siempre me han llamado.
-¿Tiene alguna ópera preferida, que le toca más el corazón?
-Sí, porque es la que en realidad decidió que yo me dedicara al canto que es “Dido y Eneas”, de Purcell; pero si no, hay tanto repertorio maravilloso, todavía hay mucho por hacer que no podría definir.
-No se imagina a usted sin cantar…
-No, ya no (risas).
-El otro día estaba pensando ¡qué lástima que no he llevado un diario de todo! Incluso, a veces simplemente por las cosas que suceden antes o después de los conciertos. A veces uno se encuentra en situaciones que no puede creer en festivales súper prestigiosos y glamorosos o que tiene que cambiarse en la sacristía de una iglesia que no tiene ni siquiera una silla limpia, no hay baño. A uno le dan ganas de salir a escena y decírselo al público (risas). A veces el público no tiene idea de las condiciones en las que uno tiene que trabajar. El mundo del teatro me encanta pero lo que son festivales y eso, a veces creo que me haría rica si publicase mis memorias ahí… Por decir, hay lugares en los que uno de repente no puede creer estar cantando. Por ejemplo, en el Musikverein en Viena, una sala de conciertos de tradición en la música clásica desde siempre y claro, uno lo hace como cualquiera, porque es como yo digo “para mí no hay un concierto más importante que otro” porque lo que importa es la música. Si es en un palacio o en un rancho da igual. De la misma manera, uno se encuentra de repente en el teatro de Sidney en Australia con la misma actitud que si cantara en la iglesia danesa acá en Tandil, porque lo importante es lo que uno está haciendo y no dónde.
-¿Ha estado en Medio Oriente?
-Sí, pero muy poco, he estado sola en realidad en Israel, Turquía y en el Líbano. Y en Japón también.
-De todas las edades y todas las condiciones. Más rico es el país, más viejo es el público, curiosamente. Hay lugares donde he visto mucha juventud, por ejemplo en Brasil, es alucinante y eso da una satisfacción tan grande porque de repente uno dice “qué lindo, estos chiquitos que les gusta lo mismo que a mí”.
-¿Ha cantado al aire libre?
-Sí, en Marruecos. La verdad es que he estado en situaciones bastante extremas.
-Ha pasado por espacios culturales distintos…
-Es una vida, gracias a ello, muy rica.
-¿Viaja sola o con sus músicos?
-Depende, me ha pasado en viajes largos como Australia que no se ha conseguido pasaje para viajar todos en el mismo avión y fui sola y que en otro avión vaya toda la orquesta, por ejemplo. La verdad estoy harta de viajar sola, eso es como la otra cara de la moneda que no me gusta. Me encanta viajar y descubrir la gente, la arquitectura, ver cómo son las ciudades, las maneras de comer, todo. Aunque en realidad conozco muy poco porque cuando uno va en situación de trabajo, no logra hacer de turista. Vivo como en un claustro, necesito poder concentrarme, entonces es importante que el hotel esté bien.
-Sí, tengo amigos, colegas que se han vuelto amigos, que realmente valen dos veces su peso en oro. Gente que tengo que cuidar mucho porque son quizás lo mejor que me ha pasado en la vida. Siempre he buscado, adrede, hacer música con gente que yo aprecio humanamente también. Porque uno en escena es muy vulnerable y está totalmente desnudo, entonces si encima en escena no se siente contenido, es tremendo. Por otro lado es verdad que hay mucha gente que se vuelve insoportable.
-¿Cómo maneja la presión?
-Es cada vez más, la verdad es que no sé. En realidad sé que soy de físico fuerte, que ya es casi el 50 por ciento, el sueño es también súper importante, he ido descubriendo que dormir es uno de mis mejores remedios y también que el tratar de ser lo más sincero y honesto con uno mismo dan un margen para manejar la presión sobre todo, es decir, tener la conciencia tranquila que uno no está calculando sino haciendo su trabajo con todo amor.
-No y eso también me ha cortado o sacado de ciertos canales por los cuales hubiese podido ir y ser mucho más famosa, ganar mucho más dinero, pero sabía que en fondo no lo iba a poder sostener. Creo que soy así en la vida privada y de igual manera en la vida profesional, así que es más fácil. Uno se lleva muchas desilusiones…
-¿Por qué dice eso?
-Porque uno es tan Quijote en pensar son todos honestos y de buena voluntad, y hay mucha mentira dando vuelta, muchísimo juego de poder y cuando uno es como yo cae en muchas trampas, agacha la cabeza y sigue.
-¿Han sido tantas trampas como satisfacciones?
-No, muchas más satisfacciones que trampas, me las he arreglado para que sea de esa manera.
-Sinceramente, volvería cada día. Creí que la “extrañitis” se me iba a ir pasando pero se fue simplemente transformando. La nostalgia siempre está, claro que hay que tener cuidado de no tener nostalgia de lo que ya no está porque entonces uno sí se puede pegar un buen golpe, tengo muchas amigos y colegas les ha pasado eso, que se fueron con la ilusión de encontrar lo que dejaron –que es otra trampita- y no se han encontrado con eso. Por suerte nunca tuve miedo de perder mis raíces, creo que ahí está el punto, nunca me sentí insegura respecto a esto. He vivido siempre teniendo que escuchar que no tengo cara de argentina y digo “si es la visión de afuera”, pero yo sé que soy quinta generación de daneses nacida en Argentina, y no tengo ni un amigo que esté en Europa que sea descendiente de extranjeros y que tenga tanta raíz argentina como yo. Entonces, siempre digo, “¿cara de argentina o de latina?”. No teniendo esa inseguridad, creo yo, he logrado también hacer las paces con el lugar donde estoy, disfrutar, aprovechar lo que tengo, y lo mismo hago cuando estoy acá: tratar de estar en el momento en donde uno está, no añorando lo que uno tiene. Es como un concierto, es ese momento y hay que hacerlo bien en ese momento, aunque a veces me gustaría escribir en el programa “en mi casa me salía” (risas).
Ya durante sus estudios inició su actividad solística y una estrecha colaboración con artistas, formaciones de cámara y orquestales tales como el Cuarteto Vocal La Colombina, René Jacobs, Jordi Savall, Chiara Banchini, Karl-Ernst Schröder, Franz Brüggen, Christophe Coin, Nikolaus Harnoncourt, Armin
Jordan, Philippe Herreweghe, Jean Tubéry (La Fenice), Roberto Festa (Daedalus), Cantus Cölln, Akademie für Alte Musik Berlin, Concerto Köln, Freiburger Barock Orchester, Wiener Philharmoniker, Australian Brandenburg Orchestra, Helsinki Barock Orchestra, Orquesta de Cámara de Oslo, los pianistas Gerard Wyss (Suiza) y José Gallardo (Argentina), entre otros, que contribuyeron a su actual notoriedad.
Sin embargo, su mayor crecimiento artístico se produjo a través del encuentro con el clavecinista Jean-Marc Aymes junto a quien creó el Concerto Soave. Sus numerosas grabaciones, (en su mayoría recitales) para los sellos empreinte digitale y harmonia mundi france, dedicados a los compositores del siglo XVII G. F. Sances, B. Strozzi, C. Monteverdi, A. Scarlatti, S. D’India, entre otros, han obtenido unánimes elogios de la crítica internacional (Diapason D’Or, Choc de la Musique, 10 du Repertoire, etc.)
No obstante su especialización en los repertorios del barroco y el renacimiento, su curiosidad e instinto musical le han abierto las puertas hasta el de nuestros días pasando por Brahms, Mendelssohn, Britten, Weber, López Buchardo, Mompou, Poulenc. Así es como también se ha visto honrada con la dedicación de obras de los compositores Zad Moultaka (de quien estrenó su “Passion selon Marie” en septiembre pasado), Alexander Müllenbach y Víctor Torres. Debutó en la ópera con el Giasone de Cavalli en el Landestheater de Innsbruck bajo la dirección de René Jacobs. Seguidamente participó tanto en la escena como en las producciones discográficas del Orfeo, (Teatro Colón) L’Incoronazione di Poppea, L’Orontea de Cesti, Orpheus de Telemann, Venus y Adonis de Blow, Dido y Eneas de Purcell, La Guerra d’Amore, Orfeo ed Euridice de Gluck, la versión escénica del Vespro della Beata Vergine de Monteverdi. La Dafne de Gagliano, Il trionfo dei strali d’Amore de Cavalli, Giulio Cesare in Egitto de Sartorio, Orlando Palladino de Haydn, El diálogo de las carmelitas de Francis Poulenc, y en el Teatro Avenida de Buenos Aires bajo la dirección de Juan Manuel Quintana Il Ritornou d’ Ulisse in Patria de Monteverdi, entre otras.
De Sudamérica a Japón, pasando por Australia, Estados Unidos, Canadá, y casi toda Europa, María Cristina Kiehr ha disfrutado de los mejores públicos, bellas salas y teatros como la Musikverein de Viena, Concertgebouw de Amsterdam, las Filarmónicas de Berlin y Colonia, Konzerthaus y Teatro Unter den Linden de Berlin, Mozarteum de Salzburg, , Auditorio Santa Cecilia de Roma,Théatre des Champs Elysées de Paris, Palais de
Beaux Arts y el Théatre de La Monnaie de Bruselas, Teatro Real de Madrid, Kursaal de San Sebastián, Auditorio Stravinsky de Montreux, la Opera de Sydney, Santory Hall de Tokyo, Barbican Hall de Londres, Teatro Colón de nuestro país.
Entre sus más de 80 grabaciones cabrían destacar las tres versiones del Vespro della Beata Vergine de Claudio Monteverdi, el oratorio de Caldara La Maddalena ai Piedi di Cristo en el rol protagónico, por el cual fue galardonada con el “Grammophon Award”, la Pasión según San Mateo de Bach (Franz Brügen) y la
versión en DVD del Membra Jesu Nostri de D. Buxtehude.
Tiene a su cargo la clase profesional de canto del Departamento de Música Antigua de la Escuela de Altos Estudios de Música de Trossingen (Alemania).
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