La sucesión
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Es creer o reventar. Será que se sienten tan confiados, tan cómodos tras lo que deparó el pasado acto electoral, que tienen tiempo para pergeñar debates que para el común de los motarles –no radicales- resultaría un despropósito.
Algunos militantes de la calle Mitre reconocen aquel adagio alfonsinista que refería que a veces los radicales demostraban que las elecciones generales eran una excusa para su verdadero leitmotiv, las internas partidarias. Algo de eso está respirándose en la casta radical, quienes tras confirmar el pleno liderazgo lunghiano, entienden que ha llegado el turno de comenzar a formar, instalar y, obviamente, discutir la sucesión.
El propio jefe comunal, Miguel Lunghi, no está exento de este juego peligroso, y al menos así se desprende de algunos gestos y señales que dejan al descubierto que el primer lunghista es el propio pediatra, que más allá de dar rienda suelta al juego, no pasa por su cabeza resignar un ápice de su poder y sentirse y hacer sentir que es imprescindible para las huestes radicales. Sino es él, será alguien que lleve su apellido…
Es apresurado dicen todos los que componen la cofradía lunghiana pensar a cuatro años, pero es un hecho que la instalación de “el elegido” cayó mal en el resto de los aspirantes a encarnar la sucesión, con mayor o menor margen de acción.
Se dijo, desde que en el comité el concejal en retirada Hugo Escribano y algunos atrevidos más lo catapultaron como el hombre a fortalecer después de “Miguel”, Marcos Nicolini sufre cierta tirantez con el resto de quienes pretenden estar en carrera. Sólo el actual jefe de Gabinete y nuevamente futuro concejal, Juan Pablo Frolik, sería por estas horas el más cercano a él. Los demás marcan distancia y hacen notar el rigor, a priori, desde el armado del futuro organigrama del gabinete.
A saber, la ampliación de ingerencia de la secretaría de Gobierno, en manos de Matías Civale, es una señal de esta puja intestina de poder. Con él, se muestran sino aliados al menos más afines Pedro Espondaburu, Mario Civalleri y Gastón Morando, quienes por lo bajo emanan cierto rencor por la innecesaria instalación de Nicolini como el hombre elegido por Lunghi.
Pero Lunghi no está ajeno a esta puja casi lógica que se gesta en el seno radical tandilense. Tal vez por eso dejó hacer a aquellos que se sentían menos para equilibrar la elección de Nicolini en la jefatura. Porque en el fondo muy suyo, está el deseo de seguir siendo él quien dictamine los designios de un partido que, en definitiva, levantó de las cenizas, y hasta se propondría como la prenda de unidad frente a la eventual tirantez entre los correligionarios y así sellar la suerte de todos, incluso la del propio Lunghi, para que todos le pidan que ni se le ocurra pensar en un retiro.
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