La tragedia de Rosario envía un mensaje a los Intendentes
(*) Por Daniel Bilotta
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn una campaña precaria y carente de ideas como la de las PASO, una implícita asoma como rasgo común entre las dos principales fuerzas en pugna: promover a los intendentes como grandes protagonistas de un proceso político que será puesto en marcha después de las elecciones del próximo 27 de octubre. Los del Conurbano son quienes ponen en palabras el mayor interés por darle otra jerarquía política a sus funciones, y quienes aguardan obtener en las urnas credenciales para avanzar con los cambios prometidos.
A quienes ponen a circular ese mensaje, la tragedia de Rosario acaba de responderles con otro inquietante, verbalizado también por algunos vecinos después de superada la urgencia informativa impuesta por la urgencia emocional del acontecimiento a los noticieros que transmitieron en vivo.
Las tareas de rescate posteriores a la explosión de gas dejaron al desnudo la imprevisión frente a una emergencia que, si bien en este caso pudo desencadenarse por un error humano, debe ser evaluado como el riesgo latente atribuible a los efectos negativos de la expansión edilicia en las grandes ciudades: a su modo, una oscura metáfora del progreso.
El auge de los desarrollos inmobiliarios ha sido uno de los factores de impulso económico en la primera mitad del ciclo que la presidente Cristina Fernández bautizó como “década ganada” para el proselitismo. Acaso por la marcada intencionalidad de asociarlo a su gestión de gobierno en la visita anterior efectuada a esa ciudad, el enunciado perdió de vista que es un fenómeno común a todos los centros urbanos del país. Pero en especial al cordón industrial del Gran Buenos Aires y otras ciudades emblemáticas, como La Plata.
Fue el desastre provocado por las inundaciones del 2 y 3 de abril en ese distrito para dejar en evidencia la inutilización del Código de Planeamiento Urbano. Tal vez el caso extremo de una tendencia a la elasticidad de las regulaciones que suele atribuirse a la necesidad de acompañar los procesos de reactivación y crecimiento.
El debate alrededor del carácter excepcional de las precipitaciones, la confusión estadística sobre los muertos y la pelea política por el reparto de la ayuda entre autoridades comunales y “La Cámpora” fue funcional al enmascaramiento de la cuestión de fondo. La renuncia de los tres niveles de la administración – municipal, provincial y nacional – a asumir la responsabilidad por áreas de Defensa Civil desinvertidas y anquilosadas en una asistencia primaria y elemental: distribución de víveres y enseres y la evacuación de damnificados.
Las imágenes de ese anegamiento generalizado pusieron en alerta a intendentes vecinos que sacaron del freezer los trabajos de dragado y desmalezamiento de arroyos y canales que permanecían congelados. Es probable que la situación esté repitiéndose ahora con una diferencia para nada sutil: como quedó demostrado en Rosario, la ausencia de planes de prevención y el reclutamiento de adecuados recursos técnicos y humanos no es una brecha que se resuelva fácilmente sobre la marcha.
Incluir estos temas en la agenda de debate sería una convincente señal persuasiva de que algo cambiará si llegan al poder.
(*) Titular de la cátedra “Planificación Comunicacional.” Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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