La vida con los colores de Grupo Universitario
Los más de 26 años que Ricardo Zarini lleva comandando a Grupo Universitario constituyen un caso con escasos parangones en el fútbol argentino.
Fundó ese club y jamás se alejó de él, acumulando gran número de éxitos, sinsabores, alegrías y disgustos. ?Richard? no dejó pregunta sin contestar en la entrevista con El Eco de Tandil.
-¿Cómo vive los partidos de Grupo?
-Ultimamente me pongo muy nervioso. Los disfruto, pero también los sufro. Cuando uno tiene un equipo normal, las expectativas son también normales. Pero nosotros tenemos un gran potencial, y esa exigencia genera ansiedad. Además, venimos de varios torneos en los cuales nos quedamos en las fechas finales.
-¿Con el básquet le sucedía lo mismo?
-Es distinto, porque el básquet es más lógico. Un plantel de nivel y un buen técnico garantizan resultados positivos. El fútbol es mucho más impredecible.
-A la hora de elegir el equipo ideal del fútbol de Grupo (ver aparte), lo hizo con cuatro defensores, aunque actualmente juegan con tres en el fondo. ¿Le gusta ese dibujo táctico?
-No te olvides que yo soy técnico de básquet. Sabemos que no existen sistemas que sean malos, el tema es que los jugadores se amolden al sistema y cumplan lo que el técnico les dice.
La línea de tres de Grupo está muy bien planteada, pero es necesario que los jugadores hagan una línea de cinco cuando nos atacan.
-¿Qué lugar ocupa Mario Gambini entre todos los técnicos que tuvo Grupo?
-En general no he tenido técnicos que no hayan cumplido las expectativas. Tuvimos pocos entrenadores, en comparación con otros clubes.
Gambini ocupa un lugar importante. Por su ascendencia y por lo que representa dentro y fuera de la cancha. Para Grupo está al nivel de lo que fueron el Conejo Tarabini, Horacio Rodríguez o Purri Armendáriz.
-¿A qué atribuye esa situación de no haber tenido demasiados entrenadores?
-A que somos un club chico, y no somos afectos a los grandes cambios, salvo que las circunstancias lo requieran. Hay muchos casos de técnicos que se fueron y volvieron a Grupo, como Horacio Rodríguez, Luis Quintela, Rubén Conti o Puchi Mendoza.
-¿Hay muchas diferencias entre los técnicos locales y foráneos?
-En teoría, los técnicos locales están capacitados, pero tal vez les falte el roce o la experiencia de andar en categorías superiores, algo que suele pasarle también a los jugadores.
-¿Lo deja conforme el actual sistema de competencias en torneos argentinos?
-Totalmente, porque permite el afianzamiento de las categorías. Lástima que apenas otorgue dos ascensos directos, pero la competencia es mejor porque son torneos largos.
Lo que falta es la subvención. La provincia de Buenos Aires debiera hacerse cargo de los costos de traslado, alojamientos y apertura de estadios para los equipos bonaerenses que jueguen torneos argentinos, a través de una publicidad común en camisetas o estáticas. De ese modo, los clubes tendrían que ocuparse solamente del tema de los planteles.
Y el estado tendría que exigir avales, para que nadie prometa algo que después no pueda cumplir. Una solución así va a llegar y va a ser muy positivo, estoy seguro de eso.
-¿Le dio más alegrías el fútbol o el básquetbol?
-Sin dudas que el básquetbol, porque fue un período muy exitoso en que llegamos a la segunda categoría a nivel nacional. Pero el fútbol me permitió conocer a personas extraordinarias y sumar grandes amigos.
Además, me jacto sanamente de ser el impulsor de la carrera de Nacho Alvarez Castillo. Me costó llevarlo a Italia, hubo que insistirle. Y que esté jugando en la Serie A es un gran orgullo.
-¿Lo imagina en Grupo?
-Si vuelve a jugar en Argentina lo va a hacer en Grupo, así lo ha dicho. Igualmente, le deseo que tenga varios años más en el profesionalismo, puede jugar hasta los 39 ó 40 por la forma en que se dedica.
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