Lamentablemente soy docente de la Argentina de la incoherencia
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Accedé a las últimas noticias desde tu email Hoy mi paciencia llegó al límite. Soy docente, pero no en el amplio sentido de la palabra, soy docente de ?la Argentina de la incoherencia?. A ver si me entienden… estoy completamente segura de que muchísimos de mis colegas lo harán.
Hoy tuve una de las clases más comunes de este lugar y tiempo actual: llegué a la escuela y muchos de mis alumnos, a pesar de que el timbre de entrada ya había sonado, andaban por los pasillos aún de ?recreo?; así que, junto con la preceptora empezamos a ?arrearlos como ganado?; obviamente, ya dentro del salón llevó unos cuantos minutos lograr que estuviera en silencio la totalidad para poder darles mi saludo a todos (como lo hacían mis profesores, docentes de otro tiempo, aunque de igual lugar). Un alumno que aquí llamaré X (para no herir su susceptibilidad), se fue del aula a los pocos minutos porque ya sabe que ?él y sólo él? puede manejarse como quiere en el establecimiento; al ratito volvió a entrar, interrumpió permanentemente el desarrollo de la clase, no sólo hablando, sino también abriendo la ventana, intentando prender fuego la mesa con un encendedor que tenía en la mano, acercándole el encendedor que tenía en la mano una compañera, golpeando a algunos de sus compañeros (incluso al más tranquilo) con un pedazo de palo de escoba que tenía en su poder, vociferando insultos que quizás ni lleguen a imaginarse…
Lamentablemente, en la mayoría de las clases este alumno actúa de modo similar. Obviamente, como mis colegas se imaginarán, el problema ya ha sido tratado por los miembros de la escuela involucrados: directivos, profesores, padres, alumno, compañeros de X, psicopedagoga, asistente social… No podría afirmar con certeza si se trató el tema con las porteras de la escuela; así que aprovecho para decir que debería tratarse, ya que ellas también se han visto involucradas más de una vez en los problemas que arma X.
Lo último que debí presenciar, junto a todos mis alumnos (algunos de ellos casi niños), fue a X entrar con una nota de suspensión, hacer picadillo su cuaderno de comunicaciones (en el cual estaba pegada la nota de la vicedirectora), tirarlo al cesto de la basura y decir que él hace esas cosas porque es un ?h de p…? y agregó: ?Bien p… es mi mamá?. Paralizante.
Así es como estoy aún: paralizada. Nada, ninguna de las cosas maravillosas que tengo a diario rodeándome (como mi familia, el sol, la vida) me ?mueven? en este instante a nada. X, y todo lo que rodea al problema X, me bloqueen la mente, y peor que eso: el conflicto X me bloqueó el alma.
Y desde el ?alma? escribo hoy. Los directivos de la escuela manifiestan que ?no pueden sacar a ningún alumno de la escuela?. Yo no quiero que la impotencia se apodere de mí también. No voy a permitirlo. Preguntándome cuál sería la solución a este problema, y tras la imposibilidad de negarle la entrada a la escuela a cualquier X, llegué hasta el origen ?creo- del problema: la obligatoriedad de la educación. Y me pregunto… ¿es justo obligar a X concurrir a una escuela que aborrece, cuando él mismo y por propia voluntad rechaza toda forma de educación?
¿Es justo obligar a la mamá de X a que mande a su hijo a la escuela, para que, encima, allí X la insulte cruelmente frente a todos los que la rodean? ¿Es justo obligar a psicopedagogos a ?conversar? con alguien ?X- que lo único que quiere es degradarlas? ¿Es justo obligar a los compañeros de X a sufrir insultos, golpes y malos tratos? ¿Es justo obligarme, como profesora, a soportar tantas humillaciones tan sólo por amar la educación?
Sinceramente, creo que esto que se pinta de preciada obligatoriedad, no es más que una autoritaria y tirana obligatoriedad que inventó gente que poco conoce los contextos reales de las escuelas y disfrazan bajo un manto democrático y de igualdad de oportunidades el empobrecimiento masivo en la calidad educativa, ya que junto a cada X hay un montón de personas que están deseosas de educación, seres fantásticos que comienzan la escuela confiados en que será la salida a sus problemas y necesidades, y que termina viviendo situaciones y conflictos en los cuales lo único que hacen es ver más de lo mismo que observan a diario en otros ámbitos de la vida: violencia y más violencia.
Hoy también (y ya hace unos días que pasa lo mismo), una alumna me dice ?cuide las tizas porque no hay más?; sin embargo, mañana hay una Jornada de Perfeccionamiento Docente relacionada con la pronta entrega de netbooks a cada uno de los alumnos y docentes. Me pregunto, ¿con las tizas que faltan, estarán ahorrando para comprar las netbooks? Y ahí es donde encuentro la incoherencia. Es un país que no tiene para tizas ni artículos de limpieza, pero que sí tiene para una netbook para cada alumno, incluso para X que nada le importa la escuela, ni nada de lo que está incluido en ella y no le importará, de repente, partirme la netbook en la cabeza.
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