Las casas construidas para las familias que tomaron el barrio Smata evidencian gran deterioro
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLas casas -financiadas por la Anses y el Instituto de la Vivienda de la Provincia- presentan finas paredes que se rajan con facilidad, filtran agua y provocan desplazamientos de las aberturas. Entre los factores que influyen sobre los muros los cambios de temperatura y humedad hacen estragos, ya que el material absorbe humedad, se seca y se agrieta.
La precariedad de la construcción condujo a que los moradores buscaran alternativas para mejorar las casas. Mientras un vecino revistió con ladrillos las paredes exteriores, otros optaron por recubrirlas con pintura asfáltica para combatir la humedad.
Dos ventas
Por otro lado, se confirmó que dos de los beneficiarios vendieron los inmuebles y se radicaron familias que no participaron de la resonante toma del barrio situado sobre avenida Juan B. Justo, que tuvo lugar en 2010.
Esta situación se produjo a pesar de que recién este año recibieron las chequeras para comenzar a pagar la cuota social que los conducirá a ser propietarios. Ergo, los vendedores aún no cuentan con las escrituras ni documentación que acredite su titularidad. Además, tenían un plazo de dos años para terminar y realizar mejoras en las casas.
Los servicios
Los vecinos han tramitado en conjunto distintas mejoras para el barrio. Mientras los frentistas de Ugarte y de Córdoba tienen cordón cuneta y alumbrado, los que están en los pasajes pagan por la obra que aún no comenzó.
Las quince casas tampoco cuentan con cloacas ni gas, aunque según les informaron la conexión pasa por las calles principales. Resulta llamativo que no hayan podido acceder al servicio teniendo en cuenta que sólo requieren extender la red hasta el domicilio.
Por otra parte, han solicitado un contendor en la esquina para depositar los residuos debido a que el camión recolector no ingresa a los pasajes y los vecinos de las calles principales se molestan cuando acumulan la basura frente a sus domicilios. u
Una madre de cuatro hijos pide al Municipio que le extienda la luz
Sandra González construyó su casa en uno de los terrenos de Córdoba y Ugarte, que le fue cedido por el Municipio el 12 de mayo de 2011. El lote estaba destinado a la vivienda prefabricada número 15, que nunca se levantó, por lo que también le entregaron ladrillos y material.
La mujer, madre de cuatro hijos menores de 6, 10, 11 y 16 años, fue una de los cinco ocupantes del barrio Smata que habían arreglado salir del predio a cambio de un alquiler costeado por la comuna. Tras recibir esa ayuda, no pudo seguir pagando y, con la colaboración de sus antiguos vecinos, tramitó que le entregaran el terreno.
Hoy, ya instalada en su hogar de construcción tradicional, sólo le falta el cable subterráneo para contar con energía eléctrica y pide al Municipio colaboración para conectar el servicio. “Mi reclamo es que me ayuden a poner la luz como me lo prometieron”, expresó.
También contó que los vecinos van rotando para proporcionarle electricidad, pero es sólo un paliativo. Sumado a esto, no consigue concretar instalaciones seguras dentro de su casa, donde los cables atraviesan las paredes poniendo en peligro a sus chicos.
Para tener luz necesita que le extiendan el cable subterráneo desde alguno de los pilares que están ubicados sobre Córdoba y Ugarte. Según le informaron en la Secretaría de Desarrollo Social, la obra de cableado costaría unos 2 mil pesos.
“Me vine en junio de 2012 a vivir acá y ya empecé a reclamar la luz. Fui a la Usina, hablé con el técnico de conexión, ya que me mandó (subsecretario Rubén) Diéguez para ver si se podía. Estas casas las hicieron junto con Anses, pero si el cableado de la casa 10 no está es porque no lo hicieron”, cuestionó.
Sin medios ni recursos para avanzar con esta obra, Sandra González lamentó tener que solicitar ayuda. Pero en la actualidad, esta familia sobrevive con la Asignación Universal por Hijo y lo que le pasa su ex marido.
“Les pedí que traigan la luz hasta casa o yo puedo hacer un pilar porque tengo ladrillo y material y que la conecten aérea, pero no se puede porque dicen que corren riesgos los vecinos, que tiene que ser subterráneo”, precisó.
La falta de servicio también le impide contar con óptimas conexiones dentro de su vivienda, donde los cables van haciendo hondas en las paredes e ingresan a las habitaciones por huecos en el cielorraso.
“Cuando llueve, se electrifican las conexiones. La luz del baño los chicos no la pueden prender, entonces la dejamos prendida cuando llueve. Más por la chiquita”, comentó.
Apostar al futuro
Con tantas necesidades que emergen en un Tandil que se expande, el caso de Sandra González parece sencillo de resolver. Además, se trata de dotar de un servicio esencial a una casa de material, donde los chicos cuentan con computadora para estudiar, y televisor y equipo de música para informarse y entretenerse.
La mujer explicó que recurrió al Diario porque “he pedido, he hablado, no soy irrespetuosa para nada. Tengo paciencia pero hasta un cierto límite porque cuánto voy a estar para poner una luz”.
Por otra parte, reclamó por sus hijos que asisten a clases en los niveles primario y secundario. “Yo quiero que estudien y eso se los digo siempre. Ellos estudian, hacen su tarea. Por eso con gran esfuerzo se compró la computadora porque sé que lo van a lograr”, dijo.
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