Las cuatro batallas
El miércoles pasado y con el voto de 136 diputados, el oficialismo logró dar media sanción al proyecto de adelantar las elecciones legislativas de este año para el mes de junio. El mismo día, en simultáneo, en el Teatro Argentino de La Plata, la Presidenta de la República ?lanzó? el proyecto para la nueva Ley de Radiodifusión, sesenta días antes de enviarlo para su debate y aprobación en el Congreso. Horas más tarde, ya el jueves, se anunciaba desde la residencia presidencial de Olivos el nuevo destino para la recaudación de las polémicas retenciones a la exportación de soja.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTres batallas
En primer término, en su afán por recomponer la relación con el electorado que en otras épocas tuvo y hoy perdió, el kirchnerismo se lanzó a adelantar los comicios de octubre, cambiando las reglas de juego electoral en pleno desarrollo del cronograma establecido y zarandeando a los partidos de la oposición a fin de desarticular su avanzada y hacerse de una victoria que salve sus mayorías legislativas.
En segundo lugar, el oficialismo redobló esta semana su afrenta con los medios de comunicación y específicamente contra el Grupo Clarín, denunciando ?la concentración mediática y su sistemática oposición? al Gobierno. Es posible dudar que el objetivo de la nueva ley sea no sólo desarticular la actual concentración, sino también allanar el camino a un nuevo tipo de digitación desde el poder político.
Por último, en torno a las retenciones a la soja, se anunció la decisión de coparticipar a las provincias el 30 por ciento de lo que se recauda en concepto de derechos de exportación de esos granos. Según la dirigencia agropecuaria, la nueva disposición no acerca soluciones a la crisis por la que atraviesa la producción primaria y la consideran un nuevo atajo que toma el Gobierno para tensionar la negociación y congelar toda discusión.
La cuarta batalla
El oficialismo conserva aún la posibilidad formal de ganar las elecciones, sean en octubre o en junio, así como la oposición. En caso de ganar el oficialismo, evidentemente ganaría ?menos? que en 2005 y en 2007. Mantener las bancas que tiene hoy en el Congreso le será imposible. De ahí ya su derrota.
El miércoles pasado logró arañando una victoria parlamentaria con ?la Cámara que se va?. Sin duda, después del 10 de diciembre esas mayorías ya no existirán. Por ello, aún en el dificultoso caso de ganar las elecciones en determinadas provincias, es un hecho que en breve el oficialismo pasará a ser minoría en el Congreso nacional.
En la Argentina de los últimos seis años las grandes decisiones y el poder en general fueron edificados bajo el paraguas de la distinción ?amigo versus enemigo?. El espacio social fue dicotomizado según el criterio de un Gobierno que adoptaba decisiones mientras asignaba a disidentes y opositores el traje de ?enemigos de los argentinos?.
Por ello resulta llamativo el gesto del Gobierno al promover en los próximos sesenta días el debate por una nueva Ley de Radiodifusión: del caso de unas pocas personas tomando las decisiones para los 37 millones de compatriotas en una habitación y anunciándolas sorpresivamente, se pasa al extremo opuesto, bueno en sí mismo, de propiciar ?el debate? del proyecto de Ley entre los sectores involucrados y los actores que algo tienen que ver con esa reglamentación.
La nueva Ley de Radiodifusión pone en jaque los intereses de poderosos grupos económicos dedicados a la comunicación y la actividad periodística. La pregunta que naturalmente surge es por qué el Gobierno decide llamarse a duelo con las grandes cadenas de medios de comunicación a partir del día en que el Congreso debate acelerar las elecciones.
Mientras en La Plata la Presidenta divulgaba el proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión, a la misma hora, en el recinto de la Cámara de Diputados se debatía adelantar las elecciones al mes de junio, y fuera del Congreso, miles de vecinos de la Capital marchaban exigiendo mayor seguridad.
Dos efectos se propuso el oficialismo desde la capital provincial: uno inmediato y otro mediato. En el primero de los casos se buscó diluir la atención de la opinión pública, opacando dos situaciones contradictorias y polémicas, como el cambio de fecha de las elecciones y la inacción frente a la inseguridad. El segundo efecto que se intentó, mediato y substancial, fue el de advertir a los medios de comunicación, sobre la posible sanción de la nueva ley.
La Argentina necesita de una nueva norma que regule la radiodifusión, de acuerdo a los nuevos tiempos y al avance de la tecnología, y sobre todo, democrática, garantizando pluralidad y libertad de expresión.
Pero también la responsabilidad del Estado es primaria a la hora de evitar volver a una sociedad víctima del cruce de nuevas sospechas, de acusaciones de ánimo conspirativo y de la sombría metodología de declarar amigos y enemigos dentro de la Nación.
Bajo ?una mimesis de debate?, la ciudadanía volvió a quedar esta semana en medio de presiones y provocación, al tiempo que las voces de los representantes que debatían en el Congreso Nacional y las de miles de argentinos que protestaban en las calles fueron disimuladas.
En la batalla con los medios de comunicación, en el adelantamiento de las elecciones y en la tensión con los productores agropecuarios, el Gobierno ?se pinta la cara?. Mimetizándose, esconde su rostro.
Ajustar las cuentas públicas para mientras asegurarse ?la caja? como órgano de poder, involucrará para Kirchner volver a las políticas de ajuste que tanto denostó.
Extenuado ya para esa cuarta batalla, Kirchner evade su responsabilidad y busca los culpables ?formales?, a quienes condenar por las frustraciones de los argentinos. Escondiéndose detrás de ?la embestida de la oposición, de los medios y el agro? el Gobierno se mimetiza, acusando intenciones de boicot ?contra el gobierno popular?. Para ello se pinta la cara, como su aliado Aldo Rico.
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