Las familias del Smata denuncian que Tandil las discrimina y que las autoridades las maltrata
Tras la movilización del lunes por la noche, los ocupas del barrio Smata reconectaron la luz. Pero en la madrugada de ayer, la policía y la Usina volvieron a retirar el cableado clandestino. Poco después de las 10, algunas familias ya tenían nuevamente electricidad y al mediodía, una grúa de Edgardo Vázquez, custodiada por personal de la Seccional Segunda, trabajaba para retirar a ?los colgados?.
Parece un confuso ciclo de nunca acabar entre la conexión clandestina, la denuncia de los vecinos y el nuevo corte. Todo, en cuestión de horas.
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de la toma
Este Diario recorrió ayer las calles internas del barrio tomado, que muestran la dispar situación de las familias que ingresaron a las viviendas para quedarse hasta que la Justicia decida si las desaloja. Junto a algunos frentes que muestran ventanas con vidrios y hasta persianas, otros lucen tapados con cartones, plásticos y telas.
En la puerta, autos estacionados, motos y hasta un remís. Las huellas sui generis de las callejuelas dan cuenta de que son los moradores los que entran y salen del barrio motorizados.
Al paso del móvil del Diario se cruzan dos mujeres con un hijo adolescente, que llegaron al lugar en bicicleta. Una de ellas responde con sinceridad a la consulta del cronista: ?Vengo a buscar una casa. Duermo en lo de mi ex pareja, pero me pide que desaloje. Trabajo en casa de familia por hora y no tengo plata para alquilar?.
Con sus paredes desnudas y sólo un frío contrapiso, la casa ?aún desocupada- muestra un gran potencial; pero la mujer duda, observa que le falta el techo, no tiene ventanas y tampoco puertas. ?Yo consigo los materiales?, aclara.
Sueños de
juventud
En el corazón del caserío, dos mujeres jóvenes charlan al sol y se muestran dispuestas a relatar los sucesos que interrumpieron sus sueños durante la madrugada. ?La policía vino con megáfonos e insultaba a los chicos: ?Salgan maricones, hijos de p??, les decían a los chicos?.
También describieron que hubo ruidos, corridas y tiros. Ayer por la mañana acusaban que sólo algunas de las casas habían podido reconectar la luz y reclamaban que el Intendente ?nos dé los servicios?.
Mentiras
piadosas
Al observar a la mujer que a lo lejos analizaba la potencialidad de una casa aún desocupada, las chicas comentaron que la toma la deciden en asamblea, luego de ?analizar las necesidades de la familia?. Aparentemente, la vivienda ya estaba prometida a una madre, y no sospechaban cuál sería la suerte de esta nueva aspirante.
En las 50 unidades del barrio habita un promedio de cuatro chicos por domicilio. Ahora, una especie de consorcio está tratando de generar una plaza en el corazón de los lotes y junta dinero para cortar el pasto. ?Lástima que no pasen los camiones y tengamos que quemar la basura?, se lamenta una de las moradoras.
Aseguran que los niños van a la escuela, pero sufren discriminación cuando dicen que viven en el Smata. Lo mismo ocurre en las empresas, ?nos tratan de quilomberos?, manifiestan.
Y van marcando: un vecino es remisero, dos camioneros, está el cuidacoches de la Terminal, otro puso un kiosco con lo básico en el barrio, una chica es empleada de Cagnoli? ?Yo dejé de trabajar en una estación de servicio al principio, cuando otros me podían sacar la casa, y ahora voy a vender ropa?, cuenta una veinteañera.
Confirman que el denominador común de la mayoría es que tiene trabajo, pero los ingresos no le alcanzan para ir a alquilar una vivienda. Por tener ?su lugar?, soportan vivir con un pozo para descargar los desechos cloacales bien cerca de su hogar. ?Y da olor, pero qué vamos a hacer?, concluyen.
Al ser usurpadores, quedan afuera de muchos trámites. Una de las mujeres fue a gestionar un DNI y no le tomaron la dirección en el barrio Smata. Para sacar un crédito personal, no tienen un servicio a su nombre y la única empresa que entra a las casas es DirecTV, con un costo vedado para el grueso de los ocupas.
?No somos todos?
Todavía les duelen las declaraciones de los vecinos de afuera del barrio, que les achacan una escalada de la inseguridad a partir de la ocupación.
Entienden que hay delincuencia, pero ?como en todos lados?. Y señalan la zona del quincho y los cerros como el ?aguantadero? de adolescentes que aprovechan la movida del Smata para ocultarse de la Justicia. ?Les viene bárbaro?, dicen.
A los vecinos linderos al Smata, la mayoría de los protagonistas de la toma ?se definen como trabajadores-, les escribieron esta carta: ?La inseguridad que viven día a día es similar o peor aún para el 90 por ciento de los que habitamos el barrio que ustedes sienten que los hace padecer inseguridad. Nosotros tampoco podemos salir a pasear, nos da miedo que nos roben cuando vamos al trabajo, incluso ya ha pasado en algunos casos.
Firmemente reconocemos que en este barrio hay un 10 por ciento de delincuentes que hacen la vida de la gente que vive en Smata, la de la gente lindera y de toda la sociedad, más difícil e insegura.
En verdad hay que juntar firmas, pero no para sacar a las familias que quieren pagar casa e impuestos al igual que ustedes, sino para que la policía actúe con estos bien conocidos, ya que ellos cobran un sueldo de la plata de sus impuestos y hacen vista gorda a lo que nosotros y ustedes bien vemos, dejan salir y entrar cosas robadas al barrio, dejan que los roben a ustedes y a nosotros.
Sin más, me pregunto ¿por qué mienten? De noche jamás patrullan este barrio. ¿Por qué no actúan?, sabiendo quiénes son los delincuentes.
Será que al jefe de policía, al Intendente o quien sea, le conviene que ésta sea zona liberada para tener al menos una gran razón para sacarnos del barrio.
Lo saludo atentamente y disculpas a nuestros vecinos linderos ¡No somos todos iguales!?.*
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