Las ideas que nos acercan
Barack Obama asumió la presidencia de los Estados Unidos el pasado 20 de enero. Todo el mundo fue testigo de cómo el pueblo norteamericano recibió esta vez al hombre 44to. que regirá sus destinos comunes por un mandato de cuatro años.
En medio de hábitos y tradiciones que se remontan a la época de los llamados Padres Fundadores, en un país donde con regularidad y hasta con cierta necesidad las prácticas democráticas son ordinarias, la asunción de Obama tuvo un aspecto extraordinario, al tratarse del primer presidente afroamericano que administrará un país donde hasta hace algunas décadas los precursores de aquella minoría fueron intensamente marginados y segregados.
El ascenso de Barack Obama como 44to. presidente de los Estados Unidos involucra una serie de factores propios y no separables:
a) la misma constitución norteamericana y sus enmiendas, el régimen republicano y federal que consagra, y su consecuente sistema electoral;
b) el presidente saliente y su polémica y adversa gestión, el desplome del sistema financiero y la crisis que como mancha de aceite se expandió por el mundo (por citar sólo tres notas de la coyuntura actual);
c) la oscilación de paradigmas dominantes en ?la Meca del Capitalismo? en el decir de nuestra Presidenta, paradigmas que fueron puntales para la economía de mercado, por un lado, hasta la evocación de las mismísimas figuras de Abraham Lincoln y Martin Luther King, por el otro, respecto de la tradición simbólica de los Estados Unidos en el mundo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa actitud profunda
No obstante, detrás de estas notas características, la fuerza de esta posibilidad hoy materializada se levantó en una causa menos próxima y más profunda. Obama proviene de una minoría racial que en el pasado fue esclavizada y segregada negativamente de la vida cotidiana del pueblo norteamericano. Hoy, las mayorías electorales de ese mismo pueblo, segregaron positivamente a un miembro de aquellas minorías, eligiéndolo y separándolo para que conduzca sus destinos comunes.
Hubo un radical ?cambio de actitud?, no caben dudas: si después de lo tantísimo ocurrido en los Estados Unidos, aún bien entrado el siglo XX, respecto de su población de color derivó en que uno de éstos llegase a ser electo presidente, significa que hubo una clara comprensión de que el fundamento para la próspera nación que todos anhelan, no puede hallarse en el desencuentro por las diferencias, sino por el contrario, en la síntesis de sus diversidades.
Aquellos tormentosos hechos incluyeron hasta la misma Guerra de Secesión, una guerra civil que entre 1861 y 1865 enfrentó hacia adentro al pueblo norteamericano por la disposición y organización de su extensa y amplia economía: dilema que incluía resolver las relaciones entre los industriales estados del norte y los agrarios del sur, primero, y por derivación, el asunto por la abolición o no de la esclavitud.
La esclavitud fue abolida cuando la guerra terminó. Pero la lucha por la causa de la verdadera integración recién parecía comenzar: un día de 1955, Rosa Parks se rehusó a acatar la ley ?Jim Crow?, que obligaba a las personas de color a ceder su asiento en el autobús a personas blancas. Como hito en la historia de la lucha por los derechos civiles, aquellos sucesos incitaron una campaña por la causa de los derechos en Montgomery, donde uno de los líderes fue el mismísimo pastor bautista Martin Luther King.
Sabemos de la historia que continuó: muertes y persecuciones, encarcelamientos y congoja, y luego, leyes promulgadas y derechos reconocidos. Resultado: en 2009 esa ?actitud que cambió? es manifiesta, y se convirtió en la causa profunda de la elección y asunción del primer presidente negro, hace tan sólo unos días.
Las aristas de esta nueva historia no supondrán el éxito ?por necesidad? de la gestión política iniciada recientemente por Barack Obama. El éxito futuro no tiene garantías: pero sí buenas probabilidades si se erige a partir de una sana lectura del pasado, reconociendo errores y virtudes, éxitos y desilusiones.
Revolución y evolución cultural
Los norteamericanos todos, y especialmente los miles de descendientes de aquellos afroamericanos segregados en el pasado, exultantes de su nuevo presidente, hicieron del 20 de enero una celebración extensible al mundo: no por los actores en juego, insisto, sino por esa actitud viable de perdón e integración dentro de una sociedad.
Los tormentosos hechos del pasado no opacaron la presentación del presidente Obama: su discurso no partió del resentimiento sin más, sino llamando a la reconciliación que brota de la justicia.
Ortega y Gasset afirmaba que ?cultura es el sistema de ideas vivas que cada tiempo posee?. También se enseñó por allí que ?en los pueblos las primeras revoluciones fueron religiosas, luego vinieron las políticas: faltan ahora las de la cultura?.
La reconciliación nacional es posible: la seguridad de un buen futuro no se compra ni vende, pero sí puede afirmarse sobre bases sólidas e inquebrantables, cultivando la revolución de aquellas ideas que nos acercan, el mejor cimiento para los días que vendrán.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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