Las nuevas caras de la política
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Mucho se habla del recambio generacional de la clase política, de la apuesta a la juventud en la vida política ya no sólo como meros militantes para la pegatina de afiches, levantadores de estandartes y sostenedores de redoblantes para sumar euforia en los actos, sino para ser reales protagonistas, si por protagonistas se los considera a la hora de resultar candidateables en los respectivos comicios en los que el vecino finalmente se somete a uno de los ritos que esta democracia brinda.
Protagonistas también a la hora de la decisión, al turno de ser escuchados en el debate como así también en la resolución de una estrategia política como en el armado electoral.
En ese nuevo escenario, aparecen caras nuevas en el pago que si bien aún parecen estar contenidas por el paraguas de aquellos con mayor experiencia, cada vez cobran mayor injerencia sus respectivas apariciones tanto mediáticas como dentro del credo político que profesan.
El radicalismo
En el comité de calle Mitre como en el mismísimo palacio comunal se percibe algo de eso ya hace tiempo y por eso tal vez más allá de su corta edad parecen avezados dirigentes, principalmente porque hace rato se han inmiscuido en la cosa pública, más precisamente bajo el yugo de la gestión.
En este caso, nombres, como Marcos Nicolini, Matías Civale y Juan Pablo Frolik, ya no sorprenden, han sobresalido al paso de la administración lunghista a partir precisamente de un líder que los supo cobijar y brindar un protagonismo por momentos casi excluyente, más allá de la omnipresencia que a veces se instala a partir de lo que por momentos parece una gestión paternalista.
En ellos descansa la expectativa radical para lo que será una vez culminada la era lunghiana, con una preocupación interna que algunos admitieron: debajo de éstos no hay mucho más. Las otras nuevas generaciones no han sabido aún ganarse un espacio, especialmente por su escasa voluntad y/o vocación.
Justicialismo
Más allá del discurso y la utilización que se ha promovido desde el kirchnerismo sobre el rol de la juventud, es un hecho que en lugares claves se ha apostado y fuerte, en detrimento de curtidos dirigentes que se tuvieron -se tienen- que tragar a diario sapos a la hora de discutir de igual a igual sobre la vida y obra del peronismo serrano.
La designación de Rogelio Iparraguirre en la Anses (natural candidato a próximas elecciones), como el mismísimo Nacho Fosco cual vocero oficial bossista, hasta el mismísimo Harispe recientemente designado en la Unibarrial de Villa Aguirre, son muestras claras de la apuesta del justicialismo.
Tampoco de esa generación puede obviarse al ex concejal Carlos Mansilla, quien supo ganarse un protagonismo por momentos exclusivo a partir de enrolar una acérrima como por momentos ingeniosa oposición desde la banca que extrañan propios y extraños.
Nuevos armadores
Pero en tren de caras nuevas, está más que clara la importancia que se han ganado por el rol que arropan más allá de las fronteras serranas el mismo Diego Bossio y Alejandro “Topo” Rodríguez.
Ambos a fuerza del cargo clave y la respectiva caja que ostentan representan hoy los principalísimos armadores del justicialismo vernáculo en esta puja cada vez menos disimulada entre el kirchnerismo y el sciolismo con miras al 2015, con un paso electoral previo este año que deparará posiblemente la suerte de ambos sectores dentro de un justicialismo tan dinámico como sorpresivo a la hora de reacomodar sus piezas.
Ambos dirigentes suman coincidencias en su curriculum. Los dos son nativos de la ciudad, empero recién ahora a fuerza de apariciones mediáticas comienzan a ser conocidos en la opinión pública. Se les conoce poca sino nula militancia en el pago, empero, han sabido construir una carrera política por afuera de las fronteras y hoy retornan a la ciudad con la sartén por el mango.
Hasta ayer, en el justicialismo se despotricaba sobre aquellos dirigentes locales que mostraban aspiraciones y finalmente terminaban ocupando un cargo fuera de la ciudad, olvidándose de sus convecinos. Pues bien, éstos parecen haber hecho el camino inverso, y favorecidos por las circunstancias que sus máximos referentes supieron construir, hoy representan el poder y son ellos los que deciden la suerte del armado político del justicialismo tandilense.
Se insiste, se trata de caras nuevas, lo que podría configurar un soplo de aire fresco, nuevos bríos en la casta política vernácula plagada de repeticiones de actores ya gastados. Aunque algunos ya se animan a definir estos rostros como un lifting, dado que debajo de esa epidermis casi púber se mantienen los viejos vicios de una casta que se las ingenió para alejarse del vecino de a pie. Sólo el tiempo develará la incógnita.
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