Las tres armas
1. El pasado miércoles la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto de ley de Presupuesto que envió la Casa Rosada para su tratamiento. Con ello, el kirchnerismo se apresta, ambiguamente, a finalizar 2009, el año de su derrota electoral, con tres herramientas de importancia estratégica.
El Presupuesto 2010, que ahora deberá pasar por el Senado, junto a la prórroga de facultades legislativas que el Congreso delegó en el Poder Ejecutivo y la recientemente promulgada Ley de Medios, ?aprobaciones? que para muchos eran ?imposibles?, remata la tríada de anuencias que el matrimonio gobernante logró del Congreso. Ante estos logros del oficialismo surgieron afirmaciones frecuentes pronosticando un proceso de recomposición en la estructura de poder kirchnerista.
La inflación subestimada en el Presupuesto que se aprobó el miércoles pasado, y dibujada en las ?estadísticas? del Indec, es la base de la estrategia y de todas las proyecciones construidas por el oficialismo. Por medio de decretos de necesidad y urgencia, el Gobierno continuará ?haciendo caja? con recursos que resultan de la diferencia entre los valores ?estimados? ?arteramente menores- y los reales.
En otras palabras, sobre una baja estimación de inflación y del valor del dólar, el oficialismo podrá seguir manejando a discreción, gracias a aquellas facultades legislativas que el Congreso le prorrogó meses atrás, todos los ingresos ?sobrantes? o extras.
Además, la mayoría kirchnerista juntó también los votos necesarios para suspender artículos medulares de la Ley de Responsabilidad Fiscal, que imponía fuertes limitaciones en lo referente al endeudamiento y el gasto. Con ese paso, la Nación se desentiende ahora de la presión de los gobernadores al permitirles endeudar a sus provincias para obtener recursos.
2. Después del 28 de junio, Kirchner amagó con ?ceder? ante la demanda común de diálogo y consenso, expresada en las elecciones que lo vieron perder. Para ello convocó a dirigentes del arco opositor a debatir la reforma política, requerida desde hace tiempo por diversos sectores del ámbito político nacional.
No obstante, y equilibrando aquél primer gesto aperturista, recompuso su equipo de gobierno con ?el ala dura? del oficialismo. La sociedad vio así cómo fueron ratificados personajes de cuestionada reputación, como Aníbal Fernández, Ricardo Etchegaray, Guillermo Moreno o Julio De Vido.
En la misma línea, Kirchner siguió avasallando a su ministro de Economía, como Amado Boudou, en este caso; sumó más condicionamientos a un ineficaz Gobernador bonaerense, y mantuvo su sostén político en alianza con un sindicalismo también cuestionado, por ejemplo, por su ausencia en el conflicto de Terrabusi, o por su silencio ante un presupuesto, que por falta de actualización del mínimo no imponible, incorpora más de 100 mil trabajadores al pago de ganancias, en pleno proceso crítico.
Por último, organizó sus filas para batallar ?finalmente? contra las cadenas de medios de comunicación, proponiendo y logrando una nueva Ley que le faculta un manejo concreto, discrecional y poco transparente en la concesión de licencias para emitir y en la distribución de pauta oficial.
3. En 2001, la incapacidad y la indecisión de quienes gobernaban el país llevaron a que la Argentina bordeara el abismo. Sin paralelismos ni ánimos fatídicos, el actual proceso de concentración de poder, reverso del protagonizado por el gobierno de la Alianza, es factible de conducir el país hacia un nuevo precipicio.
La pretensión de que en la Argentina todo poder orbite alrededor de sólo una persona, peligra ante la posibilidad del retiro de ese polo de poder. Un mareo generalizado, producto de la fragmentación institucional y de la concentración de los recursos del poder, operadas ambas en estos últimos seis años podría llevar a que, ante un nuevo desbarajuste social, falte un foco de autoridad que con legitimidad suficiente garantice un nuevo orden de paz social.
4. Pese a las especulaciones frecuentes que mencionan un posible renacer de aquél sólido vínculo entre Kirchner y el electorado, el ex presidente sabe que hoy debe abocarse a ordenar su retirada y a preparar las condiciones de ?su vuelta al llano?.
Jamás llegaría a dar a luz semejante estrategia: supondría que su tropa diversa y malherida, terminaría abandonándolo en función de otras opciones políticas, sea hacia la ?ortodoxia? justicialista; o hacia el variopinto desde el que Kirchner supo arrimar, comenzando por el Partido Comunista, el armado de Pino Solanas, los vestigios del Frepaso y algunas huestes del Partido Socialista, pasando por la centenaria UCR, hasta llegar a las filas de Manrique, Alsogaray, Cavallo o el porteño intendente Macri.
Con las leyes obtenidas en el segundo semestre, Kirchner pretende, por un lado, un margen cómodo para administrar sus últimos tiempos, y por el otro, empantanar toda posibilidad de una dinámica social nueva, que prescinda de su figura.
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