Las tres mujeres y sus ocho hijos esperan regresar hoy a sus casas de La Movediza
El sol de la mañana de ayer fue un aliciente para las tres familias que debieron ser evacuadas de La Movediza el martes, debido a que sus precarias viviendas –todas ubicadas en Salta 2165- se inundaron con una mezcla de agua y barro.
Mientras las tres mujeres y los ocho chicos menores de edad continuaban alojados en la Casa del Deporte, los esposos de dos de ellas aguardaban que el director de Servicios Lino Fernández procediera a concretar una zanja para evitar futuros inconvenientes.
Como ayer no se llevó adelante la obra para contener el agua que desciende de un cerro y por la calle Azucena, se optó porque las mujeres regresen recién hoy a sus hogares. Más aún, ante un cielo que amenazaba con otra tormenta y el pronóstico que anunciaba para hoy más precipitaciones.
Los afectados por el aluvión de lodo fueron Oscar Ibarbia, su esposa Carmen Fernández y sus hijos de 2 y 5 años; Selva María y Alejandro Francisco De Maio y su bebé de un año y medio; y Claudia Ibarbia con sus cinco hijos menores de edad.
En el complejo de Salta al 2100 también vive la abuela de los hermanos Ibarbia, quien es la dueña de los terrenos.
“No nos dio
tiempo a nada”
En diálogo con este Diario, Oscar Ibarbia contó que el martes “estábamos durmiendo y cuando nos levantamos, se había mojado todo, colchones, cobijas, no nos dio tiempo a nada”.
Desde el patio de su casa, analizó que la obra de cordón cuneta que la comuna realizó sobre calle Azucena entre Salta y Alvarado conspiró para que el agua circule más rápido y se concentre en el lote de Salta 2165, que tiene sectores muy bajos.
Como agravante, el terreno está ubicado muy cerca de un cerro y el agua desciende con fuerza la pendiente, formando un gran charco de lodo en el perímetro de las casas de los hermanos Ibarbia y de su abuela.
En medio de un panorama desolador, Oscar Ibarbia, quien hace 27 años que vive en ese lugar, indicó que el agua los afectó más que en otras oportunidades y señaló que él y su cuñado ocupan dos dependencias precarias mientras levantan dos viviendas nuevas en una porción de tierra que les cedió su abuela.
Luchan por
mejorar
Sobre las pérdidas, enumeraron que quedaron sin colchones ni frazadas, pero ya los repuso la Secretaría de Desarrollo Social y también se comprometió a colaborar con las tres familias.
Sin bien se les mojó la ropa y el resto de las pertenencias, los padres estimaron que se van a arreglar luego de realizar una gran limpieza.
De todos modos, lo que necesitan para evitar futuras inundaciones y mejorar su calidad de vida es terminar con las obras situadas sobre la línea municipal de calle Salta. “Ahí ya no corre el agua y están casi al nivel de la calle los contrapisos y todo”, indicó Oscar Ibarbia y resumió que para su futuro hogar le falta el techo y parte de los materiales.
Sobre su realidad económica, afirmó que “está bravo. Yo hago changas. Ahora me dedico a sacar lombrices y en época de siembra, salgo de peón a 120 pesos por día. Es difícil con una familia”.
La más complicada es su hermana, que es separada y tiene cinco hijos. El marido le pasa algo de dinero y además cobra la Asignación Universal de la Anses, pero no logra construir un hogar nuevo.
Por otra parte, a Alejandro Francisco De Maio le resta colocar dos ventanas, algunas puertas y el piso para poder habitar la construcción junto a su esposa y el bebé.
Agua potable,
otra demanda
Al describir su situación habitacional, los cuñados explicaron que necesitarían que Obras Sanitarias realice las conexiones para contar con el servicio de agua potable. En la actualidad, un vecino los provee para ir paliando la situación.
“Fuimos como cinco veces a Obras Sanitarias y nunca nos quisieron bajar el agua”, dijo Oscar Ibarbia y agregó que le han dicho que el proyecto “no tiene firma, siempre hay un problema, ‘que venga mañana’ o ‘en una semana’, y nunca nos quieren bajar el agua”.*
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