Las últimas palabras
Cuando las puertas del Salón Azul se cerraron, separando los restos de Raúl Alfonsín de la multitud que esperaba para darle un último adiós en la plaza de los Dos Congresos, ni la fuerte lluvia que cayó sobre Buenos Aires fue capaz de acallar los aplausos y los cantos dirigidos al líder radical.
“Volveremos volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser gobierno, como en el ?83”, fue el canto que logró agitar con más fuerza las banderas rojas y blancas que portaron los radicales que participaron de la caravana hacia el cementerio de La Recoleta.
Sin embargo, el grito de “Alfonsín, Alfonsín” se propagó por las gargantas de todos los asistentes, tanto militantes de la UCR como del resto de las banderas políticas, sin distinción de edades ni composición social.
En ese momento, familiares y amigos del ex mandatario argentino se asomaron a la explanada del edificio del Parlamento, y se emocionaron con la reacción de la gente.
Decenas de granaderos a caballo se apostaron en las puertas del Congreso, mezclándose entre boinas blancas, banderas argentinas y pancartas con leyendas emotivas dirigidas al ex jefe de Estado.
“El mayor homenaje lo ha realizado el pueblo argentino. Hasta siempre Raúl, lo encontraremos cuando la Argentina lo necesite”, afirmó el vicepresidente Julio Cobos al finalizar su discurso de despedida en el Congreso nacional, y la multitud estalló en un
interminable aplauso.
Lo masivo de la convocatoria quedó demostrado en la entrada al cementerio, donde el hijo del ex presidente, Ricardo Alfonsín, pidió “por favor a la gente que dejara lugar” para que pudiera ingresar el cortejo fúnebre.
“Muchísimas gracias por todo este reconocimiento y afecto, pero les pido en nombre de mi padre por favor que dejen lugar. Se ha desordenado un poco esta despedida”, señaló el hijo del ex jefe de Estado, y recibió una respuesta positiva de la multitud.
El último aplauso tuvo lugar tras ese pedido, cuando el féretro, envuelto en la bandera argentina, entró al cementerio y las puertas volvieron a cerrarse, separando otra vez al líder radical de la multitud, que lo lloró y acompañó hasta su descanso final. (NA)
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