?Las viviendas no están habitables cuando las entregan?
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Cecilia Pérez, una de las adjudicatarias de la primera etapa del Plan Federal que tiene su vivienda contó que “yo me inscribí en la primera convocatoria que hubo por el Plan Federal 200 viviendas, que fue en el 2006 y me adjudican la vivienda concretamente en septiembre del 2010, que es cuando la comienzo a habitar”.
“Al abrirse ese programa de vivienda me pareció algo novedoso para nuestra generación porque había una ausencia de una política habitacional a nivel nacional y local, para mí era algo desconocido”, explicó.
Respecto a la espera de 4 años hasta que le entregaron la casa, indicó que “soy docente y eso hizo que la espera transcurriera tranquilamente porque yo podía pagar un alquiler, quizás para otras familias fue más difícil. De todas maneras se dilató muchísimo y hubo muchos años de desinformación, de no saber qué pasaba con el programa”.
Asimismo, aseguró que “creo que se concretaron muchas adjudicaciones por la urgencia que se le presenta al gobierno local a raíz de las usurpaciones, de adjudicarlo rápido. Creo que la usurpación motivó para que agilizaran cosas que venían dormidas”.
Por su parte, Sandra Giamberardino, quien vive con Cecilia Pérez, manifestó que “la urgencia de otorgarlas y la de los adjudicatarios por habitarlas hace que se acepten en cualquier condición, porque las viviendas no están habitables cuando las entregan”.
En ese sentido, explicaron que la casa traía “defectos de construcción” y otros que se debieron al apuro por habitarlas. “Todas las viviendas se llovieron adelante porque estaba mal hecha la carga. Más allá de que te entregan un barrio que no tiene los servicios urbanos, cloacas, gas, el problema es que los pozos medían un metro de profundidad. Entonces te entregan una casa que simbólicamente la podés usar, porque un pozo de un metro en una semana duchándote, utilizando el baño, lavando los platos y el lavarropas se llena. Eso implica 180 pesos de desagote”, sostuvo Giamberardino.
“Entonces la gente que pudo hizo otro pozo, de tres o cuatro metros, mientras estamos esperando las cloacas, pero el tema del apuro de entrar a la casa implica aceptar estas condiciones. Te terminás haciendo cargo económicamente de una parte de la construcción que la debería hacer la empresa que contrata el Estado para poder hacerla habitable”, añadió.
Por su parte, Pérez expresó que “si bien es un programa de vivienda social, te la adjudican con una tenencia precaria, que significa una escritura lejana, una cuota por mes y que es una casa que finalmente quien la habita la está comprando”.
“Yo puedo hacer una crónica de complicaciones cotidianas que implican vivir en el Plan Federal. A nivel de estructura hay sólo uno o dos enchufes por espacio, no hay bocas de gas en caso de que quieras poner un calefactor en alguna de las dos habitaciones, igualmente usamos salamandra porque el gas envasado es muy costoso”, explicaron.
Y agregaron que “es una zona que tiene muy poca presión de agua sumado a cuestiones estructurales de la vivienda, nos han dicho unos diez plomeros que han pasado por acá que la cañería no es la adecuada, que son caños de menos pulgadas. Además son casas muy pequeñas, las habitaciones no tienen ni siquiera espacios para los placares”.
“Quedó más resaltado socialmente la cuestión de los ocupas desde lo ilegal, que lo que fue la dilatación política de la implementación del programa. Terminan enfrentando a un sector que es el trabajador”, cuestionó Pérez.
Giamberardino explicó que “en esta cuadra hay sólo tres casas de Plan Federal, el resto son terrenos que estaban destinados al Plan y fueron tomados. Algunos cambiaron de ocupantes, por ejemplo el de la esquina que lo desalojaron pero ahora hay otras personas”.
Respecto a la usurpación de terrenos, Pérez aseguró que “hubo una organización detrás de eso, no fueron usurpaciones individuales sino que tuvieron que ver con movimientos políticos y referentes que hicieron unos movimientos de repartición de tierras. Eso circula en el barrio y aparecen cuestiones que dan cuenta de ese tipo de clientelismo político a otro nivel. Por dialogar con gente del barrio se sabe que hubo alguna organización teñida de malas intenciones y de intereses de lucrar individualmente”.
“No fue una organización de toma de tierras, que en ese caso tiene su legitimidad haberlo hecho en ese momento cuando el Gobierno dilataba la cuestión y hay un déficit habitacional que hace que la gente tenga necesidad”, resaltó.
Y explicó que la mayor parte de sus vecinos que han tomado terrenos “dan cuenta de que accedieron pagando un precio por esa tierra. Hubo una compra y venta de esas tierras”.
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