Las vueltas de la vida
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Una de las frases que, sin duda, quedó acuñada para siempre en la historia política argentina es “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.
Aunque sería injusto trasladarla al ámbito local (Lunghi al gobierno, Fernández al poder) lo cierto es que muchas cuestiones las decidieron juntos, que el pediatra se apoyaba en él, y que también lo dejó hacer confiando en su experiencia y aceptando más de un consejo suyo. En un momento puntual, se necesitaron. Nada mal les fue.
Pero un día Carlos Fernández -con el aval del Intendente, que creyó muy importante tener un senador propio- abandonó el terruño y aunque seguramente el afecto entre ambos se mantuvo, se sabe que la distancia generalmente no juega a favor del amor.
Fernández se transformó casi en la mano derecha de Ricardo Alfonsín. Gastó zapatos caminando junto a él y devoró kilómetros a lo largo y a lo ancho de la Argentina.
A ojos vista, la idea de tener tanta llegada a un posible presidente, se suponía buena y provechosa.
Sin embargo Lunghi, que no siempre ha hecho lo políticamente correcto (y de nuevo: tan mal no le fue), así como en su momento le dijo a Sanz que iba a jugar con Alfonsín, hoy ya no estaría tan seguro de hacerlo. Las asociaciones con González Fraga y con De Narváez no le atraen, igual que a tantos otros radicales. Por más que Carlos Fernández defienda la situación diciendo: “Cuando Raúl Alfonsín decidió llevar a Víctor Martínez como vice, muchos levantaron su voz porque decían que representaba a la derecha de Córdoba”.
Aunque resulten imperceptibles las diferencias en el rostro de Lunghi a la hora de expresar alegrías o sinsabores, interiormente debe plantearse grandes dudas.
Así como se animó en su momento a montar un comité paralelo al histórico reducto radical de calle Mitre, y así como alguna vez propició (sin decirlo) el corte de boleta, también ahora deberá decidir de qué manera afrontará la realidad.
¿Se manifestará abiertamente por la fórmula Alfonsín-González Fraga? No es seguro.
Como tampoco lo es que en la provincia apoye a De Narváez.
¿Por qué, en cambio, no habría de inclinarse por Scioli? Después de todo, conocida es la buena relación que los une, y apoyarlo podría significar más obras para la ciudad.
El tema es que desde la Provincia el candidato a imponer a toda costa es Néstor Auza. No querrá Lunghi entonces propiciar un corte de boleta para apoyar a quien le jugará abiertamente en contra.
Y peor aún: sabe que de hacerlo, implícitamente, también estaría arrastrando votos hacia el oficialismo, a nivel nacional.
Las vueltas de la vida.
Cuando se supone que las próximas elecciones serán casi un trámite para él, se le presentan estas disyuntivas.
Para colmo, es bastante probable que se diluya la ilusión de que un hombre de su confianza y afecto, que podría favorecer el ida y vuelta con el Municipio, llegue a la cercanía presidencial.
Y no por culpa de Lunghi ni de Fernández, sino por la dinámica y las necesidades de la política.
Situaciones que se presentan cuando a la gente no la une el amor sino el espanto.
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