Laura Barrena compitió en Brasil y piensa en Las Vegas
Laura Barrena volvió a disfrutar hace unas semanas el desafío extremo que propone una competencia de Ironman, con sus intimidantes distancias (3800 metros de natación, 180 kilómetros de bicicleta y 42 km de pedestrismo), y como ocurre con este tipo de atletas, que nunca parecen tener un tope para su esfuerzo y sus ganas de ir por más, ya está pensando la forma en que encarará la preparación para el Mundial de Las Vegas, para el que consiguió la clasificación en los primeros días del año.
La tandilense de 36 años compitió por segundo año consecutivo en el Ironman de Brasil, logrando una buena actuación personal, y un tiempo menor al utilizado en 2010. Como esperaba, no tuvo chances de lograr un lugar en la meca de esta especialidad, Hawaii, pero disfrutó del objetivo cumplido de llegar a la meta en una buena posición. “Este Ironman era clasificatorio para Hawaii. Pero para mí, como para la mayoría de las mujeres, era una misión imposible, porque de 30 que éramos en la categoría, se clasificaba una sola. Pero quedé muy conforme. Bajé el tiempo un minuto y medio con respecto al año pasado, quedé 12da. en mi categoría y 917ma. en la general, entre 2000 atletas”.
Como cualquier atleta amateur, Laura tiene sus posibilidades de proyección acotadas, y por lo tanto, su objetivo pasa por ir cumpliendo desafíos personales y dar pequeños pasos de evolución. “Para mí, un Ironman es un desafío, una prueba personal en esa distancia. Creo que todo el que corre Triatlón busca medirse en ese tipo de competencia. A medida que vas desarrollando tu carrera, vas aumentando las distancias y el sueño es llegar a un Ironman. Sin embargo, esta vez decidí no anotarme para el Ironman de Brasil 2012. El tiempo de entrenamiento y lo laboral te complican, y volver el año próximo para mí es muy poco probable”.
Objetivo, Las Vegas
El gran objetivo de Barrena es poder lograr los recursos suficientes para estar en Las Vegas. “En enero logré la clasificación para el Mundial de Las Vegas, y la ilusión es poder estar ahí en septiembre. Veremos cómo podemos juntar los recursos para viajar. Hasta ahora yo manejé mi carrera con mi trabajo y mis ahorros, pero éste va a ser el primer viaje con un gasto más importante”.
Como en las competencias que corrió en Brasil, Laura quiere estar en la capital mundial del entretenimiento para cumplir con metas personales, más allá de los resultados que obtenga: “Sólo estar allí y hacer una buena carrera será importante para mí. Cruzar el arco de llegada es una sensación muy linda, que resume todos tus esfuerzos. Me pasó en Brasil. Mi objetivo, como el de la gran mayoría de los que participamos, fue llegar. El tiempo es anecdótico, más allá de que uno quiere mejorar cada año que va. Las circunstancias de la carrera son siempre diferentes, un año tenés viento, otro tenés lluvia. Esta vez, el mar estaba muy picado. Y esas cosas también inciden en tu rendimiento y en tu tiempo. Pero cruzar el arco es la gran meta que tenemos. Es una carrera muy difícil, y ya es todo un logro terminarla”.
Laura es profesora de educación física, y participa durante el año del circuito provincial de triatlón, en distancia short, y las carreras de la zona. “Además de eso, trato de llegar a los Ironman. Ya corrí ocho. La temporada nuestra va de noviembre a marzo, y ése es el período de competencia, salvo que te puedas ir a correr afuera, que para nosotros es muy difícil”.
Comenzó a correr en Triatlón en 2000 por sugerencia de un colega: “Antes corría pruebas de atletismo y aventura, hice mountain bike, de hecho mis primeros triatlones fueron con ese tipo de bicicleta, y de a poco me fui dedicando a las competencias combinadas. Me fui enfocando de a poco en lo que hago ahora. Hace seis años que corro exclusivamente triatlón. Por ahí la excepción es el Hombre de Piedra, porque es una competencia nuestra y me gusta estar”.
Para Barrena, como para todos los atletas que se dedican a esta especialidad, las carreras son el momento culminante de una preparación dura y prolongada: “Los entrenamientos son de seis o siete horas, por lo general los fines de semana, y eso te quita muchas posibilidades de estar con tu familia o tus amigos. Por suerte mi novio también hace triatlón y nos acompañamos mutuamente en los entrenamientos. Para dedicarte a esto, hay que combinar una serie de cosas en lo personal y laboral, y mucha gente que a lo mejor está capacitada para competir, no lo hace. Por eso, cuando cruzo el arco de llegada me siento privilegiada de poder hacer lo que me gusta”.
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