Le iba a pasar…
Desde su vertiginosa irrupción, iniciada en julio del año pasado y sostenida hasta hoy, Del Potro perdió ayer en Montecarlo su primer partido de aquellos en los que aparecía como claramente favorito. Le iba a pasar, inexorablemente…
Es cierto que Ljubicic expresó sus virtudes. El croata es un verdadero francotirador cuando encuentra el ritmo con su servicio, cuenta con un revés tan esbelto como efectivo y sus visitas de ayer a la red bordearon la perfección.
Pero lo cerca de la victoria que estuvo, aun habiendo jugado mal (por momentos muy mal), hizo que el tandilense haya ofrecido una sensación de que el partido se le escapó a él.
Claro está que si Ljubicic, cuando en 2006 pisó el podio mundial siendo número 3 del ranking (hoy es 66to.) no conseguía grandes resultados en canchas lentas, mucho más le costará a esta versión desmejorada.
El ?culpable? de que el triunfo del europeo se vea como un batacazo, no es otro que el propio Del Potro, que en menos de una temporada pegó un brinco tenístico tan impresionante como sus casi dos metros, mal acostumbrando al pueblo deportivo argentino, que en uno de sus sectores no llega a satisfacerse ni con las más memorables gestas.
El trabajo desarrollado en apenas meses hace que el pupilo de Davín deba casi siempre cargar con la responsabilidad de ganar (es favorito ante todos, salvo un puñado de jugadores), presión que ha sabido manejar con suma prestancia. Gracias a una mentalidad poderosa, esa que le permitió en enero dejar atrás el sacudón de la Davis en Mar del Plata para volver al circuito en Auckland ganando su quinto torneo, como si nada hubiera pasado.
Desde distintas ópticas podrá justificarse esta derrota, que aparece como muy sorpresiva, aunque encuentre su arista de lógica si se pone en la balanza lo competitivo del circuito ATP.
Por un lado, podrá esgrimirse que Del Potro no competía en polvo de ladrillo desde su epopeya ante los rusos en Parque Roca, siete meses atrás. No menos comprensible es el hecho de que, en un ámbito en el que la frase ?es más difícil mantenerse que llegar? encuentra mayor asidero que en cualquier otro, tener un bajón es absolutamente natural.
Y no es extraño que haya ocurrido ahora, una semana más tarde de que Juan Martín generara en Miami otro punto de inflexión en su incipiente y exitosa carrera, alcanzando por primera vez las semifinales de un Masters 1000 y, sobre todo, superando a Nadal, saldando la cuenta pendiente de bajar a uno de los ?grosos?.
Sólo él sabrá si se relajó, pero es imaginable que todo lo vivido en Estados Unidos hizo mella en su ánimo, propiciando una lógica descompresión. Acaso también en lo físico. Porque si bien tuvo varios días para recuperarse, su lenguaje corporal y cierta falta de reacción en algunos puntos denotó una aparente merma en ese aspecto.
De igual manera, por sus características, podrá decirse con acierto que las superficies rápidas son las favoritas de Del Potro. Así lo acredita el poderío de sus impactos, con los cuales consigue definir rápidamente, y su falta de feeling para defender y adecuarse a puntos largos.
Pero no deberá perderse de vista que Juan Martín se ha formado en el polvo de ladrillo y que en ese terreno levantó sus primeros dos trofeos de ATP, en Stuttgart y Kitzbühel 2008, cediendo apenas un set en diez partidos. Al margen de las soberanas palizas que les acestó a los rusos Nikolay Davydenko (en ese entonces número 5 del mundo) e Igor Andreev, en semis de Copa Davis.
Como toda derrota, ésta servirá de aprendizaje para el número 5 del mundo, que deberá entender que nadie es ajeno a sufrir traspiés inesperados. Hasta el Federer más iluminado lo padeció.
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