Le pagaron de más y sin pensarlo dos veces devolvió el dinero
Es pensionada y cobra en el Banco Nación, y hace hoy cuatro días, casi a la hora de cierre llegó para cobrar por ventanilla, era la última de la fila. Cuando le pagó, el cajero le pidió que contara el dinero antes de retirarse. “Ya lo hice cuando contabas vos”, le contestó Dora, que para no perder ni hacerle perder tiempo al empleado guardó su dinero sin contarlo y salió por la puerta del costado pues la principal ya estaba cerrada por ser más de las tres de la tarde.
Luego de hacer algunos trámites más junto a su hijo, al llegar a la casa se fija en el dinero dándose cuenta que le habían pagado de más: “Le había llevado el recibo del mes anterior y no sé, se habrá fijado en la otra cantidad y me entregó ese dinero, y encima me dio el recibo equivocado, el que le había firmado”, le contó a este Diario.
“Esa noche casi no pude dormir”, cuenta la mujer, porque me quedé muy preocupada pensando en el cajero que al ser un trabajador más tendría que reponer el dinero”. Por eso al otro día bien temprano se fue al Banco Nación, en la esquina de Pinto y Rodríguez, y cuando vio al empleado lo llamó aparte.
-¿Te acordás de mí? Estuve ayer casi cuando cerraban.
-Sí, recuerdo -contestó el cajero que todavía no sabía a qué venía la dama.
-Bueno, ¿tuviste algún problema?
-No…- respondió vacilando.
-Resulta que me diste el recibo equivocado y te lo vine a traer. ¿De verdad no tuviste ningún problema?
El empleado hizo una media sonrisa como recordando el dinero que le había faltado la noche anterior y se soltó, contando:
-Me faltaron 600 pesos…
-¡Te los vine a traer! ¡Me pagaste de más!
La cara se le iluminó al joven empleado –como lo describió la señora que tal vez le calculó la edad pensando en su hijo y que no quisiera que nada parecido le sucediera.
El empleado le contó que como no encontraba la diferencia se había llevado a su casa unas planillas para ver dónde podría estar el faltante, pero no lo encontró.
Fue grande el abrazo que le dio a la mujer diciéndole una y otra vez gracias por el gesto.
Dora se fue del Banco contenta, había hecho lo que no dudó en ningún momento que debía hacer, porque era lo correcto, devolver algo que no le pertenecía.
Claro, cuando se dice el Banco, se piensa en general en la institución, la empresa, se recuerda el corralito y los fondos no devueltos a los ahorristas, se recuerdan tantas cosas en este país de la inseguridad jurídica que se desdibuja el perfil del real perjudicado, el empleado bancario que pasó de la bronca a la alegría de la noche a la mañana y gracias a gestos como el de esta Dora que, aunque casi nunca salen en las primeras planas, son los que desde esta sección nos gusta destacar.
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