?Llegué con el último aliento de Mateo a Mar del Plata?
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Mateo tiene cinco años y hace poco más de un mes le detectaron un tumor en la fosa posterior del cerebelo. A partir de ese momento, su familia tuvo que radicarse en Mar del Plata debido a la falta de oncólogos pediátricos en Tandil.
Por si no fuera poco, Lucía Blois y Martín Gregorini, los padres del pequeño, sufrieron un verdadero calvario los días previos a la detección de la enfermedad, porque el pediatra que lo atendía les decía que no tenía nada, que sólo era una faringitis.
Lucía Blois explicó que hace aproximadamente un mes y medio Mateo estuvo unos siete días con cefaleas, fiebre y luego empezó con vómitos. Lo atendió el pediatra que le diagnosticó faringitis viral. Así pasaron varios días en los que volvió a llevarlo en varias oportunidades al médico porque continuaba con los síntomas, pero él le aseguraba que eran tan sólo “picos del virus”.
“Yo le recalcaba que tenía mucho dolor de cabeza y ya no toleraba la luz, seguía muy descompuesto y estaba hacía varios días sin comer nada porque lo que comía lo vomitaba, ni siquiera toleraba el líquido”, manifestó la madre del niño. Fue entonces que el médico le dijo que se trataba solamente de una “intolerancia digestiva”, pero que no se preocupara porque “no era nada grave”.
“No me quedé conforme porque Mateo ya se la pasaba el día durmiendo, no comía nada y vivía con náuseas o vomitando. Entonces lo llevé a otro pediatra, que le hizo un estudio y ahí salió el tumor. Nos hizo la derivación al Materno Infantil de Mar del Plata. Cuando llegamos, Matu estaba descompensado del todo, la frecuencia cardíaca era cada vez más baja, empeoraba cada vez más, le estaba afectando toda la parte arterial, visual, porque había hecho un derrame también. Cuando llegamos a Mar del Plata, ya no reaccionaba”, relató.
Y continuó explicando que “le hicieron una tomografía y lo internaron en terapia intensiva. A la noche se descompensó, lo lograron estabilizar y el médico nos dijo que quedaba prácticamente en manos de Dios porque había hecho un derrame importante. A la mañana, hizo una convulsión y lo operaron. Nos dijeron que aparentemente habían logrado sacar todo y que era maligno, pero que estaba estable. Estuvo 11 días en terapia intensiva y de ahí pasó a oncología. Ahora estamos con todos los estudios previos antes de empezar con rayos y quimio”.
Hace poco más de un mes que se tuvieron que instalar en Mar del Plata. La madre de Mateo trabaja como mucama en la Nueva Clínica Chacabuco y afortunadamente, puede conservar su trabajo.
“Yo hablé con mis jefes y gracias a Dios no tuve ningún problema. Me dijeron que me quedara tranquila y la verdad es que me están dando una mano tremenda todos, hacen colectas y me mandan plata, comida, mercadería, tanto mis compañeros como jefes. Me llamó el director de la clínica y me dijo que me quedara tranquila, que me ocupara del nene, que no me preocupara, que me aseguran el trabajo”, recalcó.
Su marido es electricista, así que está tratando de conseguir trabajo en Mar del Plata por el tiempo que tengan que permanecer en esa ciudad.
La primera semana estuvieron parando en un departamento que les prestaron, luego en una pensión y después tuvieron que mudarse a un departamento porque los médicos no recomendaban la pensión para Mateo por una cuestión de higiene minuciosa que necesita el pequeño.
Por último, Lucía Blois lamentó que “el médico no se haya dado cuenta antes, el última día el nene ya no podía caminar, perdía la estabilidad, se me moría. Yo llegué con el último aliento de Mateo a Mar del Plata, y cuando hablaba con el cirujano pensaba: ‘Si no hubiera cambiado ese mismo día de pediatra se moría en mi casa y yo pensando que era una faringitis’. Es una cosa de locos. Tenemos un Dios aparte, porque si tardábamos dos horas más, no llegábamos”. u
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