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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa agenda mediática fue copada durante la semana por un quehacer comunal dedicado a asuntos relacionados con la salud, empujada por la iniciativa pública como privada que, en definitiva, confluye en aportes indispensables para el bienestar de la población.
A la par que se anunciaba el arribo de una comitiva provincial para avanzar sobre terapia infantil, por obra de la casualidad, o la causalidad, el lunghismo apabulló con anuncios que hacen a inversiones en la salud pública. La futura adquisición del tomógrafo, aparatología para diagnósticos por imágenes, fueron algunos de los tópicos impuestos en la rutina comunal, al aguardo de lo que la Provincia iba a traer con su propia agenda.
Cual paradoja, Miguel Lunghi, que se sigue presentando como un pediatra que trabaja de intendente, quedó atrapado en una imagen extraña, si por extraño se entiende que precisamente un médico pediatra reniegue de que su ciudad cuente con una terapia pediátrica.
Seguramente el jefe comunal negará esa imagen y aludirá a que quién más que él desea que esa “utopía” se concrete. Pero, en la realidad, en el cotidiano, ha quedado instalada esa sensación de un desinterés por la propuesta que un grupo de padres levantó como estandarte y encontró eco en los siempre abrumadoramente optimistas funcionarios sciolistas.
Allí posiblemente se encuentre alguna razón al desinterés lunghista: un mero recelo de protagonismo. Como la iniciativa no partió de la gestión comunal, entonces se mostraría con poco entusiasmo o al menos no con el compromiso y empecinamiento que sí se tiene para con otros menesteres.
O posiblemente haya otras razones más cercanas a la razonabilidad que resultan políticamente incorrectas hacerlas públicas. Tal vez nadie mejor que Lunghi sepa sobre la imposibilidad de poner en marcha el proyecto, que la radicación de una terapia intensiva generaría una expectativa y una demanda que un municipio no está en condiciones de afrontar y una Provincia con su economía en rojo, tampoco.
De todas maneras, resulta al menos curioso el conservadurismo lunghista en este aspecto, cuando siempre ha mostrado orgullosamente su osadía para poner en agenda de prioridades asuntos que parecían imposibles. Desde la réplica de la Piedra Movediza hasta el mismísimo Hospital de Niños.
Aquello era un sueño que nadie creía, y sorprendió a propios y extraños que el mismísimo Lunghi soltara a la prensa por aquellos tiempos sobre su interés por tener un hospital de niños. Y sólo él se empecinó en emprenderlo. De hecho, en sus primeros pasos de gestión cometió yerros rayanos en el papelón, por caso, sacándose fotos en el ex policlínico ferroviario anunciando que era el lugar ideal para aquella iniciativa, cuando el predio estaba en serias dificultades legales para ocuparlo y el tiempo luego se encargó de corroborar.
Por suerte, para él como para todo Tandil, apareció Blanco Villegas arropado de “Papá Noel” y entregó el regalo más preciado.
Aquella faraónica construcción mereció críticas de la oposición, quien tímidamente aludía a que Tandil no estaba preparada para una estructura semejante y discutía prioridades. A ello Lunghi respondía con que se trataba de una oportunidad única que había que animarse a ‘soñar’ y apelaba a sus benditos duendes y todas esas frases románticas a las que suele recurrir el pediatra con su guionista preferido.
Decía que el “elefante blanco” se iría ocupando y la ciudad terminaría siendo un faro en la salud bonaerense con su polo sanitario.
Eso sí, esa mirada “aventurera” presentada como quijotesca parece que sólo es valedera cuando se trata de sus deseos. Cuando el sueño es de otros, el compromiso también es otro.
Con el mismo empeño que se ha fomentado casi un presupuesto paralelo a base de donaciones para adquirir aparatología como fuegos artificiales, al menos ameritaría mostrarse el mismo interés por esta iniciativa que si bien no partió de su ser, podría de todas formas ser rescatada y asumida como propia, sobre todo cuando se trata de vecinos comunes que no persiguen un interés político partidario sino sólo el compromiso de sentirse parte de algo grande, como sería inaugurar una terapia infantil.
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