Lo que dejó la jornada electoral
Como de la familia
Se escuchó a una joven que salía de votar de la mesa 120, en la Escuela 2, se encontró a la salida con una de sus hermanas y al comentarle la experiencia le planteó que fue un acierto ir temprano porque no debió esperar nada.
Contenta, añadió que “te sentís en familia…. te tratan por el nombre y no sólo a mí, sino a todos”. Es que esa era una de las varias mesas en las que un solo apellido las había copado. Allí votaban los González, que tenían cuatro mesas exclusivas, situación igualada por los Pérez y los Fernández. Sólo fueron superados por los Rodríguez, que tenían cinco mesas.
Boca de urna
Nuevamente la ansiedad de los candidatos y de sus equipos de campaña por conocer cuáles eran las boletas que ingresaban a las urnas dio lugar a la presencia de numerosos jóvenes que -carpeta y birome en mano- consultaban a los electores sobre la decisión reflejada en el sobre oficial.
A empresas encuestadoras tradicionales, como la tandilense Survey, se sumaron otras, como Investigación Estratégica y Consultores Asociados.
Si bien llevaban una identificación, algunos de esos trabajadores se mostraban reticentes a nombrar a que empresa pertenecían. La razón quizás la dio esa joven que debió leer la tarjeta para recordar quien la había contratado temporalmente.
¿Suerte?
El eterno candidato Rodolfo Cachela (Rody, como se lo conoce popularmente) era uno de los referentes de los fiscales de la Escuela de Artes Visuales 1, de 9 de Julio al 200.
En determinado momento salió a la vereda, para atender una demanda puntual y dialogar con muchos electores para los cuales el aire libre era la sala de espera.
La calvicie de Cachela, cercano a las tres décadas como candidato, fue el blanco en el que dio el excremento de una de las tantas palomas que habitan en el histórico solar de Maipú y 9 de Julio.
“Es la primera vez que me pasa”, dijo Cachela, con cierto fastidio.
Mientras intentaba -disimuladamente- higienizarse, le recordaron el viejo mito popular de que una situación así significa suerte, quizás la que le ha sido esquiva en sus múltiples contiendas electorales.
Interpretación
Una situación bastante llamativa se produjo también en la Escuela de Artes Visuales 1, más específicamente en la mesa 125.
A media mañana llegó a votar un personaje de la ciudad que sufre discapacidad motora. La imposibilidad de acceder al viejo edificio fue el argumento de sus familiares para pedir que la urna sea llevada hasta el auto.
Grande fue la sorpresa cuando dos letrados que formaban parte de la letra plantearon que en el reglamento electoral no se permite retirar la urna del establecimiento. Tras cabildeos, el presidente de mesa concurrió a verificar la situación del elector y se adoptó la sabia medida de desplazar la urna.
Autoridades, fiscales y fuerzas de seguridad hicieron diez metros y el ciudadano pudo emitir su voto, tal su voluntad y esfuerzo.
Si bien no hubo impugnación o anulación, alguna, los letrados se mantuvieron en sus treces y afirmaban que era ilegal.
Cabe acotar que una situación similar se resolvió de la misma manera en las PASO e incluso fue reflejada con la gráfica respectiva en El Eco de Tandil, por lo que lo vivido ayer llamó bastante la atención.
Paradoja
Y por si fuera poco: dudar en sacar la urna hasta afuera del establecimiento escolar para que las personas con capacidades diferentes puedan manifestar su voluntad se chocaba con la realidad de unos incómodos y complicados escalones.
Pero como para apagar el fuego con nafta, en el ingreso, pegado con gruesas cintas adhesivas trasparentes había un cartel de la Junta Nacional Electoral que rezaba: “Cuarto oscuro accesible”. Telón piadoso.
Ritmos y demoras
De una mesa a la otra, las colas de electores variaban notablemente. Pasadas las 10.40, en la mesa 33 habían votado 113 ciudadanos (casi en 30 por ciento) y no había que esperar para recibir el sobre y entrar al cuarto oscuro.
A pocos centímetros de diferencia, la mesa 34 tenía registrado sólo 77 votantes, pero había una veintena haciendo cola.
En el mismo edificio -Escuela Técnica Felipe Senillosa- más de 30 personas hacían cola en la mesa 30.
Valga la comparación para valorar la voluntad de agilizar demostrada en pequeños gestos, como no esperar que salga quien está adentro del cuarto oscuro para pedirle el documento al siguiente, ya que la sumatoria de esos 30 segundos de agilización por elector significa mucho en un total de 350 personas por mesa.
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