Los abuelos de las Casas de la Esperanza necesitan leña para calefaccionar el salón
Las Casas de la Esperanza son un punto de referencia en la zona norte de la ciudad. Constituyen un barrio cerrado en el que viven treinta y tres abuelos autoválidos que necesitaban un hogar. Además de fomentar la convivencia, los habitantes de este acogedor predio desarrollan distintas actividades, muchas de ellas, en el salón de usos múltiples.
Este crudo invierno hace que deban apelar una vez más al espíritu solidario de los tandilenses, ya que se han quedado sin leña para alimentar la salamandra, único sistema de calefacción para el salón en el que se dictan varios talleres.
Los abuelos pasan todas las tardes -de 14 a 19- en este espacio, que a simple vista da muestras del cuidado con el que lo mantienen. También reciben a madres del barrio que participan de los talleres de formación para encontrar una salida laboral a través de un microemprendimiento.
Si bien con aportes de la comunidad en las ?casitas? se está ejecutando una obra de gas, el salón sólo utilizará el servicio para alimentar la cocina y el termotanque, ya que sus dimensiones son grandes.
La concreción de este proyecto cobrará vital importancia para los abuelos teniendo en cuenta que un tubo de gas ronda los 180 pesos y que el servicio de red es significativamente más económico.
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En una visita de El Eco de Tandil, Mariela Timpanaro y Ana María Chamorro, referentes de esta obra solidaria, contaron que agradecerán cualquier tipo de leña, porque se encargarán de darle forma para usarla en la salamandra.
Agregaron que la última donación que les llegó son tirantes de demolición, que cortaron y ayer se estaba por terminar debido a que se consume rápidamente. Los que deseen colaborar pueden acercarse hasta las Casas de la Esperanza o llamar al teléfono 43-4396 que pertenece a las hermanas que viven en el lugar; también se podrán comunicar con Cáritas del Centro.
En esta instancia no se olvidaron de agradecer los numerosos kilos de carne y las bolsas de papa que les acercaron los productores durante el extenso conflicto que enfrentó al campo y al Gobierno.
Capacitación y trabajo
El barrio sorprende por su estado impoluto y prolijidad. Las Casas de la Esperanza van hacia las dos décadas de vida, sin embargo, están muy bien mantenidas. El césped corto y las plantas cuidadas reflejan la labor de uno de los abuelos. También cuentan con una huerta, mezcla de entretenimiento y autoabastecimiento de alimentos básicos.
En una grata entrevista, Mariela Timpanaro detalló los convenios y las propuestas que han implementado este año para los abuelos y las madres que llegan desde Villa Aguirre.
-¿Qué actividades se desarrollan en el salón? ¿Cuántos abuelos viven en las Casas de la Esperanza?
-En las Casitas viven 33 abuelos más las 4 hermanas que conviven con ellos. En el salón hacen actividades de capacitación, de promoción de la autovalidez y la independencia. Hacen talleres de pintura en madera y vidrio; panadería, que también está abierto a las mamás del barrio para que se capaciten y puedan tener su emprendimiento; tienen un taller de lectura que articulamos con la Universidad Nacional del Centro y de la Tercera Edad; articulamos a la vez con la Facultad de Trabajo Social y con ellos hacen actividades de reflexión; con la Escuela 32 con actividades intergeneracionales, como el Festejo del Día del Niño, entrega de regalos, fomento de lectura de poesía y de cuentos.
Además hacen actividades recreativas con el Hogar Adderly, y con el Instituto de Educación Física, a partir de esta semana, actividades de movimiento y expresión corporal.
-¿Son los 33 abuelos que viven acá los que participan?
-Las actividades son libres. Cada uno participa si puede y si tiene ganas. Lo que se hace a principio de año es una planificación, para que las actividades que se desarrollen sean las que a ellos les interesan. Nosotros gestionamos los recursos para llevarlas a cabo.
-¿Suman a otros adultos mayores del barrio?
-En realidad se suman las familias. Articulamos con el Banco Popular de la Buena Fe para que se sumen a las actividades mamás que ya están desarrollando sus emprendimientos laborales, y para lo que es panadería articulamos con Cáritas Dolores y vienen diez mamás a capacitarse. En la parte de abuelos, entre el Hogar Adderly y el centro de jubilados cercano cubren el centro de día. Sí los abuelos que viven acá traen a otros que son familiares.
Vivienda digna
-¿Cómo llegan a vivir acá?
-El proyecto surgió a partir de la demanda continua que tenían en Cáritas de vivienda por parte de adultos mayores en el año ?90 y empezaron a hacerse campañas de donaciones con El Eco de Tandil, con las radios, para empezar a construir este proyecto. Lo primero que se dona es el terreno y a partir de ahí, cosechas, vacas, ladrillos, mano de obra gratis a futuro, de todo…
Los abuelos iban a Cáritas, se anotaban, hacíamos visitas con informes, veíamos que las familias verdaderamente no podía hacerse cargo de ese abuelo y venía a vivir acá.
En este lugar hay viviendas para matrimonios y para personas solas. Lo que ha pasado a lo largo del tiempo es que tenemos mayoría de viudas que han quedado viviendo en casas para matrimonios, pero generalmente está todo ocupado. Las viviendas se otorgan en comodato, la rotación es poca, de hecho hay abuelos que hace 16 años que viven acá.
-Además de tener un lugar cálido para vivir encuentran compañía…
-Sí, de hecho todas las actividades que se desarrollan tienen el objetivo de promover y fortalecer los vínculos que tienen por ser vecinos, y también mejorar la convivencia -porque como en todo barrio cerrado también hay dificultades- y más que nada, fortalecer el grupo.
El geriátrico
En un edificio enorme y encantador, que está situado en el predio de las Casitas, se están ajustando los detalles para habilitar un geriátrico que tendrá capacidad para alojar a doce abuelos.
Con ambientes grandes y luminosos, habitaciones dobles, comedor, living, sala de visitas, baños con todas las medidas de seguridad, pasillos anchos y una explanada para el ingreso de ambulancias, el lugar demuestra gran calidad y gusto en su construcción.
En este momento están culminando la obra de gas para poder avanzar con las habilitaciones municipales y provinciales, una serie de estrictos trámites debido a que se trata de un centro para personas con problemas de salud.
Este nuevo centro necesitará de la colaboración de todos, teniendo en cuenta que un presupuesto de hace dos años indicó que se necesitarán doce mil pesos mensuales para mantenerlo. Además demandará un equipo de siete personas para asistir a los adultos mayores que aloje, al que se deberán sumar franqueros.
Este nuevo sueño comparte una característica con el Hospital de Niños y es que fue montado con el mejor confort para ofrecerles a los más vulnerables un espacio digno y acogedor. *
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