Los chicos de La Granja cantaron sus derechos
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Y justamente en un siglo marcado por el individualismo, lo superfluo, la falta de solidaridad y de valores, los pibes le cantaron a la platea sobre sus derechos. Así, sus voces se hicieron oír en La Confraternidad en aras de la educación, alimentación, ayuda, abrigo, identidad, protección, igualdad, salud y necesidad de un techo digno.
Esto lo hicieron en el marco de una escenografía sencilla pero llena de colorido, con sus trajes, canciones y danzas que le dieron un toque emotivo a la tarde dominguera. Se basaron para hablar y cantar de estas cuestiones por las vivencias que tienen diariamente en La Granja Los Pibes. De este modo demostraron que no solamente son los chicos que concurren allí por situaciones sociales que los tocan de cerca sino porque saben que tienen allí la oportunidad del futuro que se merecen. Y lo hicieron a través de las artes escénicas, a través de la danza, la música y el juego, todas cosas que saben hacer bien, porque los chicos nacen para jugar, dar amor y recibirlo, entre otras cuestiones.
Fue una tarde diferente, nadie del público le esquivó a la emoción y hasta se pusieron de pie ovacionando a los pequeños artistas que saludaban con agradecimiento.
Ayer, en La Confraternidad los chicos hablaron de valores y de sus derechos desde la mirada infantil, confiada y llena de esperanza.
La esencia granjera
Walter Fernández es el titular de Granja Los Pibes y con su mujer Mabel hacen un maravilloso trabajo en el predio que queda camino al Centinela, un lugar con una historia riquísima en cuanto a la religiosidad tandilense y donde quien se acerca siempre queda fascinado con el mino zoo, los productos y artesanías que allí elaboran los mismos chicos que también concurren para hacer sus tareas escolares, comer y pernoctar en más de una oportunidad. Allí, en contacto con la naturaleza y entre pares encuentran un lugar donde desarrollarse en plenitud.
Lo encontramos a Walter, abrazando los chicos y sumamente conmovido: “He visto varias obras y siempre está muy bueno lo que hacen. Cuando llegué al teatro no sabía de qué se trataba lo que iban a hacer, habían estado muy misteriosos, me avisaban que se iban al teatro con la profe y nada más”, señaló.
“A veces uno busca palabras que suenen inteligentes para hablar de los derechos de los niños y ellos lo cuentan con tanta sencillez y naturalidad cuando hablan del mantel en la mesa que tiene todo un simbolismo. Y es por lo que hemos luchado desde hace 25 años en la granja, se respete sus derechos a la salud, el juego, el gusto por hacer la huerta… y eso es efectivamente la Granja Los Pibes”.
Un hermoso regalo
“Si uno busca el momento para despedirse de estas obras, creo que es hoy –dijo Walter-, estamos llegando al final de conducir estas obras y este regalo que los chicos nos hicieron es algo maravilloso, inolvidable”, concluyó muy emocionado.
Una vez finalizada la obra, los pequeños bajaron del escenario mezclándose entre la concurrencia convidando caramelos y rojos corazones de cartulina con el logo de la granja, de la cual se sienten parte esencial.
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