Los chicos del Jardín Zarini crearon un vivero
El niño es curioso por naturaleza y su interés por lo que lo rodea lo moviliza a investigar. Manipula, experimenta, explora y pregunta constantemente. Entonces, la tarea del docente es aprovechar esa curiosidad innata, pues las preguntas y la exploración de lo desconocido son la base del crecimiento.
En el jardín comprobaron lo importante y saludable que es estar en contacto con la tierra, pero no tenían la posibilidad concreta de disfrutarla, aunque sí contaban con un espacio para realizar actividades de ciencias naturales durante todo el año.
Con esta premisa, decidieron utilizar un sector cercano a las salas y allí levantaron su primer vivero con caños de PVC y nylon que no resistieron demasiado, pero durante un tiempo cumplieron con su función: permitir el desarrollo de semillas y pequeñas plantas.
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Con el aporte de los padres y un gran esfuerzo del jardín, ese espacio se transformó en una estructura de hierro y chapas transparentes. Por dentro, se dispuso un sector para colgar herramientas que los nenes aprendieron a usar y cuidar, mesas donde realizaron todo tipo de experimentos guiados por la docente y otros propuestos o inventados por los nenes que hoy disfrutan cada vez que asoma una hoja o crece algo.
Actualmente, lo producido en un sector de tierra (la huerta del vivero) se reparte equitativamente y cada familia recibe algo de la cosecha, acrecentando aún más el nexo entre el jardín y la familia.
Dice la maestra que el vivero ?es un lugar donde inventar y probar, estamos disfrutando, descubriendo, jugando, compartiendo y aprendiendo. Entre todos mantenemos el lugar eligiendo nenes que se turnan para regar, sacar los yuyos, cortar ramitas secas, transplantar, agregar tutores?.
Además, las plantas crecen muy sanas pues, como buenos defensores de la naturaleza, nadie utiliza productos agresivos o venenosos.
Marco conceptual
La maestra explica que la tarea pedagógica debe procurar un ambiente rico en experiencias significativas para los niños, pero ellas solas no son suficientes; deben estar acompañadas por la acción docente para guiar al niño en sus búsquedas, ayudarlo a plantearse interrogantes o hipótesis y encontrar soluciones por sí mismo, ver qué pasa y comparar sus descubrimientos con los de otros niños. Además, escuchar y ser escuchado es premisa fundamental para fomentar el respeto por el otro.
Agrega que el trabajo cooperativo entre pares es tan importante como el trabajo con el adulto, le ayuda al niño a descentrarse y comenzar a comprender otros puntos de vista.
A través de esta experiencia, ?comprobamos que las ciencias naturales permiten al niño interactuar con plantas y animales, respetando su hábitat y fortaleciendo el respeto por todo lo que los rodea?, evaluó Liliana Ramos Schenck.*
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