Los clubes, un lugar para jugar y formarse
Hay instituciones que nacieron como un punto de encuentro de las élites de cada ciudad, con claros objetivos en lo social, cultural y deportivo, pero con el tiempo fueron abriendo sus puertas a las distintas esferas de las comunidades donde están. Lo importante de la vida de club es que se vive al aire libre, se fomenta el deporte y se puede hacer amigos. Aunque no vivan cerca o no vayan al mismo colegio, es otro espacio para conocer gente. Los nombres de los clubes reflejan los valores que se quieren transmitir y desde qué lugar lo quieren hacer.
Los reglamentos de los clubes son como para nuestro país la constitución; se deben cumplir a rajatabla: las reuniones semanales, la conformación de las actas, los boletines para los asociados, las asambleas en tiempo y forma constituyen la responsabilidad y honestidad de sus dirigentes ante Personería Jurídica, ente que ante exigía el contralor y presentación de los balances y llamados a asamblea. Con más razón, cuando la entidad recibe subsidios y debe rendir en qué gasta.
Millones de personas practican algún deporte en Argentina. Al margen del fútbol, deporte que en lo profesional y lo amateur acapara la mayor parte, hay dos deportes que capitalizaron éxitos de sus seleccionados: el básquetbol y el hockey. El Mundial 2002 y la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de 2004 potenciaron al básquetbol, que tiene más de 200.000 deportistas federados. Entre la Liga Nacional A, el TNA y el Torneo Federal, los tres principales torneos masculinos, hay noventa equipos, con más de mil jugadores. Todo por la pasión por la pelota naranja.
“Las Leonas” lograron que muchas chicas se acercaran al hockey, aunque también muchos varones lo practican. Al menos 93.000 federados y la misma cantidad que lo hace en colegios. Luciana Aymar, elegida ocho veces como la mejor jugadora del mundo, es la referente que aprendió como nadie a llevar una bocha con un palo. Se afirma que el asociacionismo, grupo de personas que se juntan en una entidad, suple muchas veces el rol del Estado. Ayudan a la construcción de la sociedad civil.
Los clubes son ejemplos de éxito. Los más viejos de este país son más antiguos que cualquier empresa, que los partidos políticos e incluso que la Constitución. No buscan el lucro, sino la posibilidad de que sus asociados hagan deporte, tengan amigos, lleven a su familia y sean mejores ciudadanos. Está probado que el deporte afianza valores como el esfuerzo, la dedicación, la solidaridad y el compañerismo. Historias como las de la película Luna de Avellaneda abundan, ésos que resignan tiempo, dinero y trabajo para que los clubes no caigan. Son esos espacios de pertenencia donde uno deja todo, porque parte de lo que somos lo conseguimos ahí.
A todas las instituciones de nuestra ciudad las insto a seguir luchando porque ahí es donde queremos estar. Donde somos lo que queremos ser.
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