Los conceptos de Garcé, en una charla sin reservas
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El zaguero tandilense cumplió la pretemporada en su ciudad y se prestó al diálogo con este Diario, en la comodidad de la Posada de los Pájaros.
El “Chino” no dejó pregunta sin responder y arrojó conceptos para el análisis, en un amplio recorrido por su trayectoria.
-Pocos imaginarían que ibas a estar acá, cuando hasta hace siete meses parecía que Colón iba a ser tu club por más tiempo.
-Sí, puede ser. En realidad la idea de ir a Colón me gustó porque tenía desafíos, cosas por hacer y para dar. Me fue bien ahí y estoy muy agradecido por lo que me tocó vivir.
Se armaron proyectos que nos llevaron a pelear dos campeonatos con el Turco Mohamed, siempre siendo protagonistas.
Y en un momento esa lucha constante de buscar desafíos provocó un desgaste. Planteé si se podían hacer las cosas como yo pretendía, después de haber probado de otras maneras sin lograr un campeonato, y no tuve esa posibilidad. Empecé a renegar de más y para no terminar mal, decidí irme y me fui con los mejores recuerdos.
No me daba para seguir haciendo la plancha y cobrando un contrato. Era un momento de cambios, y ya que no lo podía provocar ahí, estaba bueno intentarlo en otro lado.
-¿Ya te sentís un referente dentro de Argentinos Juniors?
-A medida que va pasando el tiempo y con los años que uno tiene dentro del fútbol, creo que va ocupando un lugar distinto al que ocupaba cuando era chico. Entonces debe aportar lo que el recorrido le dio, brindando lo que pueda haber aprendido. Y dentro del equipo también, contagiar una línea de respeto y de laburo. Después, cada uno va haciendo su camino.
-¿Notás esa diferencia entre el pibe de hoy y el de hace casi quince años, cuando apareciste en River?
-Sí, los chicos cambiaron. Creo que hoy socialmente estamos de otra manera y hay que adaptarse a las nuevas generaciones. Antes los chicos se adaptaban a los grandes y hoy es exactamente al revés.
-¿Hoy, a la distancia, cómo ves todo lo que te pasó en River?
-Pasó mucho tiempo, yo me fui por última vez en 2004, después de salir campeones con Leo Astrada y perder la Copa Libertadores en la semifinal con Boca, cuando me expulsaron en el partido de ida.
No me fui bien de River, porque esa patada y la eliminación me marcaron.
Pero puntualmente del equipo, River en esa época tenía algo que fue perdiendo, y que ahora parece recuperar con Ramón Díaz.
En algún momento se dejó de lado la prioridad deportiva y se apuntó a lo económico.
-Vos y otros jugadores se fueron de River y empezaron a llegar algunos que no estaban a la altura del club…
-Porque priorizaron traer jugadores y hacer negocios. Y para ponerse la camiseta de River y pelear un campeonato hay que tener cierto temple y ciertas condiciones.
Trajeron trece jugadores, vino otro técnico y dejó solamente tres… Eso generó un descontrol y terminó descendiendo, algo increíble y que todos sufrimos.
-¿Qué tiene de especial Ramón Díaz?
-Ramón conoce el club, tiene personalidad y se banca la presión. Da confianza y eso es algo que a River le hace falta. Es un técnico que hace pequeñas cosas y las hace bien. No jode a los jugadores, al menos en la época en que yo lo tuve. Ya cambió el ambiente, los pibes parecen más sueltos.
El doping “me sirvió para conocer a la gente”
-¿Aquel doping positivo en Olimpo fue lo peor que te pasó en el fútbol?
-Sí. En realidad de todo lo malo uno rescata también cosas buenas. Por lo del doping yo nunca pude salir a defenderme, porque no supe lo que había pasado. No consumí nada, no tomo ni antiinflamatorios y me toca un doping positivo.
Fue un partido en Jujuy, me venían saliendo muchos controles seguidos. Me tocó una droga derivada de la cocaína, de la que nunca estuve ni cerca.
Fue difícil, pero cuando a los cuatro meses decidí volver a jugar, lo hice con todo. Y esas cosas te van marcando y me permitió entender otras cosas. Ahí te das cuenta que te meten una mochila pesada porque tenés espaldas para llevarla y entonces empezás a luchar desde ese lado.
Socialmente también es difícil, porque un doping social termina calificando a una persona y para los demás crea una imagen.
Pero fui a Central y me fue bien. Y después empezaron a venir las buenas, como ser convocado para un Mundial. Es otra cosa inentendible pero positiva, como la del doping había sido todo lo contrario.
Fue malo por estar seis meses suspendido y por todo lo que genera. Pero fue bueno porque me di cuenta de las personas que tenía alrededor, lo que es el ambiente del fútbol y socialmente dónde vivimos. Muchos me mostraron el alma y me sirvió para conocer a la gente.
-¿En ese reparto encontraste más de tu lado o más de enfrente?
-No sé definirlo. Capaz que uno esperaba más de ciertas personas. A veces uno deposita algo en el otro, esperando que actúe como uno espera. No habría tenido que esperar nada de esas personas.
Los que me conocen nunca dudaron de mí, y eso también me dio todas las fuerzas para seguir adelante.
“Dudaba en ir a la selección”
Contra todo pronóstico y a poco de cumplir 31 años, Ariel Hernán Garcé fue uno de los convocados para integrar el plantel del seleccionado argentino en la Copa del Mundo de Sudáfrica, en 2010.
No llegó a tener participación en ninguno de los cinco partidos de aquel equipo, eliminado por Alemania (0-4) en cuartos de final.
Hoy, a la distancia, rememora aquella situación única para su carrera.
-¿Alguna vez Maradona te explicó los motivos de aquella convocatoria?
-A mí me citó para un partido contra Jamaica, en enero en Mar del Plata, y yo no pude ir porque estaba jugando el repechaje de la Copa Libertadores con Colón.
Después me volvió a convocar para jugar un miércoles en Cutral Có, contra Haití, también en un partido de esos para cumplir. La verdad que dudaba en ir, hasta que lo charlé con mis hermanos y me decían que a mis viejos les iba a hacer bien verme con la camiseta de la selección.
Fuimos a jugar, me tocó hacerlo bien y sentirme cómodo. Lo disfruté, estuve relajado y les dije a mis compañeros algunas cosas que sentía en ese momento, antes de salir a la cancha. Eso y un poco la entrega hicieron que empezara a tener chances para ir al Mundial.
-¿Cuándo te fuiste dando cuenta de eso?
-Me empezó a llamar el profe y me decía que había dudas en ese puesto. Primero me citó dentro de los treinta y después para los veintitrés. Así terminé yendo al Mundial.
-¿En ese momento lo podías creer?
-Fue inesperado, sin dudas. Y así como en el doping positivo me tuve que bancar las críticas, en la buena también aparecieron. Diez días antes de darse a conocer la lista yo sabía que iba, y escuchaba a todo el país diciendo que era imposible que fuera.
-¿Disfrutaste del Mundial?
-Totalmente. Me tocó a una edad en la que lo tenés que disfrutar, sabiendo que era una oportunidad única. Si vas a los 20 años, siempre tenés la idea de que puede haber otras ocasiones en el futuro.
No me tocó jugar, pero sentí que estuve a la altura y no fallé. Compartí cosas con pibes que estaban viviendo otra realidad. Yo terminaba el Mundial y me volvía a Colón, mientras que otros iban para los grandes clubes de Europa. Y la parte humana me terminó conectando con grandes personas, con las que mantengo la relación.
-¿Cómo era el trato con Maradona?
-Siempre fue bueno. Estuvimos diez días acá antes de viajar y yo estaba muy bien, él confiaba mucho en mí. Llegamos a Sudáfrica, entrené dos días, me contracturé un gemelo y él un poco me dejó a un costado.
-¿En algún momento creías que ibas a jugar?
-Yo creo que estaba mucho en los planes. Paré dos o tres días por esa contractura y perdí ese momento decisivo. Sería lo que tenía que pasar. Pero me llevé la buena onda en general de un tipo como Maradona, que tiene un ángel especial.
“Bielsa era estricto hasta para convivir”
La primera vinculación de Garcé con el seleccionado nacional fue en enero de 2003, cuando Marcelo Bielsa lo citó para integrar un equipo de jugadores locales en una gira por Centro y Norteamérica, que incluyó victorias ante Honduras, México y Estados Unidos. Aquella convocatoria alcanzó a otro tandilense, Mariano González, por entonces en Racing Club de Avellaneda.
El “Chino” siempre reflejó conceptos especiales con respecto al actual entrenador de Athletic Bilbao.
-¿De Bielsa no tenés tan buenos recuerdos?
-Yo era más chico y Bielsa tiene una forma de laburar a la que yo no estaba acostumbrado. Parecía un ejército, no había nada relajado. Sí rescato que el tipo estaba convencido de lo que piensa y muy decidido a llevar adelante su laburo.
Fuera de eso, era demasiado estricto hasta para convivir en una concentración. Estuvimos cincuenta días y capaz que no supe adaptarme, pero eso parecía el servicio militar.
-Tal vez si te sucedía años después, lo tomabas de otra manera.
-Quizás hoy lo entiendo mucho más, pero en ese momento no fue así. Yo venía de pibe, de River, donde entrenaba con técnicos que me querían y el trato era diferente.
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