Los conflictos y la negociación entre los padres y los chicos que deben almorzar en los colegios
La licenciada en nutrición Luciana Puerta asegura que la larga jornada de estudio de estos últimos tiempos hace que los niños almuercen con mayor frecuencia en las escuelas, y por esa razón, se observa un mayor consumo de alimentos altos en grasas, sodio y carbohidratos (azúcares) en sus viandas.
Cada vez son más los casos de niños en edad escolar que presentan obesidad infantil, colesterol elevado, hipertensión y diabetes tipo 2, enfermedades que comúnmente se advierten en la edad adulta.
Frutas, verduras, lácteos, carne, pollo, pescado, hidratos de carbono complejos (panes, galletas, arroz, fideos, legumbres, cereales) y agua mineral constituyen los alimentos básicos que deben estar presentes en la alimentación de un niño, por lo tanto, la vianda ideal debe contener, en lo posible, la mayoría de estos grupos de alimentos.
El compromiso de los padres es fundamental en la alimentación de sus hijos para ordenarla desde la casa, procurar que los niños desayunen, brindarles alimentos saludables para los recreos, respetar la regularidad de las comidas y acompañar siempre con una actividad física regular.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailExperiencia de los padres
Al consultar a los padres de un colegio privado sobre la organización de los almuerzos, coincidieron en que la experiencia depende de cada familia en particular.
Una mamá indicó que ?para mis chicos comer en el colegio es una experiencia muy positiva desde varios ángulos. A ellos les encanta porque comparten con sus amigos un momento diferente. También se da un intercambio muy rico en cuanto a la socialización con otros chicos de otros grados y años, tanto más grandes como más pequeños. También para ellos es como tener un recreo más largo, ya que luego de comer salen a jugar al fútbol o a charlar. Con respecto a la institución a la que concurren, el hecho de comer en el colegio les da un sentido de pertenencia muy especial?.
En cuanto a lo que comen los chicos, en general se comprueba que eligen entre tres posibilidades que les ofrecen sus padres: una vianda que llevan desde la casa, que pueden calentar en el microondas que ofrece el colegio; comprar comida en el buffet de la escuela -que generalmente consiste en alimentos rápidos como empanadas, sandwhiches, pizza y hamburguesas-; o adquirir un menú mensual que preparan o el catering de los colegios o servicios de viandas a domicilio.
Según una mamá consultada, el catering que se ofrece en los colegios ?es muy variado y equilibrado. Este menú lo recibimos en las casas todos los meses y eso nos permite monitorear lo que los chicos van comiendo y no repetir las mismas comidas en casa para la cena. Este tipo de comida es casera y muy balanceada. En caso de que algún día no les guste, o haya algún chico con dieta especial, uno puede avisar con tiempo y le preparan otra cosa?.
Otra mamá expresó que si bien el colegio al que asisten sus hijos no cuenta, todavía, con un espacio específico, existe un lugar que se transforma en comedor todos los días. ?Cualquiera sea el sistema que uno elija, el mismo siempre está supervisado por los docentes de turno?, aseguró.
Además afirmó que ?en mi caso particular los chicos se quedan a comer porque les gusta y no porque nosotros como familia estemos ocupados en esta hora del mediodía y necesitemos que así sea. No se quedan a comer todos los días por que nos gusta compartir también el almuerzo en casa. Entiendo que para algunos padres que trabajan o que viven lejos éste es también un sistema muy práctico donde los chicos están contenidos y bien alimentados?.
Por otra parte, se aseguró que ?antes solía pensar que no se justificaba en una ciudad tan chica como Tandil que los chicos comieran en el colegio fuera de su familia, hoy he cambiado de opinión porque ellos me han demostrado el valor que tiene también hacerlo de vez en cuando?.
Otra mamá expresó que ?para mi hija no fue ninguna novedad almorzar en el colegio ya que venimos de Buenos Aires y el sistema siempre es así, el colegio es doble jornada obligatoria, así que desde jardín ya almuerzan todos juntos en un comedor. Generalmente le envío una vianda con la comida que me sobró de la cena, que va en un tupper y se calienta en el microondas. Es decir, siempre trato de cocinar un poquito más para enviarle a ella. Pero como a veces no soy tan organizada o quizás la comida que cenamos no es para calentar, algunos días a la semana lleva dinero y consume algo del kiosco. Se compra un sandwich de jamón y queso o de milanesa o pizzetas?.
Además, comentó que ?muchos chicos adoptan el sistema de viandas que ofrece el colegio que lo contratás por mes y todos los días le dan el menú del día y se lo llevan. Está bueno porque como mamá te desligás de andar pensando todos los días en la vianda, aunque no me parece muy económico. Por supuesto que la comida es mucho más variada… Es un sistema muy útil si tu hijo come de todo. Con respecto a la bebida es igual, le mando yo o se compra. Fruta rara vez se lleva, así que de postre le envío una barrita de cereal?.
La opinión de los alumnos
Los protagonistas tienen las más diversas opiniones sobre el tema y por ejemplo expresaron que: ?Yo almuerzo en la escuela los martes y los miércoles, nada más, y llevo la comida de mi casa. Los martes, la mayoría de las veces, son sandwiches (de jamón y queso o de milanesa) o empanadas, porque el tiempo no me alcanza para comer, aunque el profesor me permite almorzar en clase, ya que sabe que tengo mucha carga horaria. A las 12 terminan las materias curriculares y a la misma hora entro a portugués. Termina la clase a las 13 y 13.15 entro a italiano. Tengo todos los talleres seguidos hasta las 18.30, así que entre cada taller a veces me compro algunas masitas o algo, porque sino, no aguanto todo el día. Los miércoles llevo comidas más elaboradas, por ejemplo pizza, arroz con carne, salchichas o milanesas, y también suelo llevar empanadas o tarta, porque tenemos una hora para almorzar?.
Un grupo de alumnos expresó que ?es incómodo comer entre tantas personas. Primero porque estamos sentados todos juntos y muy apretados. Segundo porque hay mucho ruido, y tercero porque hay chicos que desperdician y nos arrojan comida. Los microondas están sucios y no andan muy bien. También es incómodo traer el almuerzo de la casa o gastar en vianda y nuestros padres se molestan en alcanzarnos la comida. En el kiosco no hay variedad de alimentos y no son demasiado saludables. Además, cuando los chicos terminan de comer dejan todos los residuos sobre las mesas. Hay muchas cosas que nos gustarían que se mejoren o solucionen?.
Un alumno contó que ?a la hora de comer el comedor es un caos: faltan mesas, sillas y el espacio no es suficiente para todos los chicos de la escuela. Por ese motivo, algunos hace tiempo que optamos por ir a comer a otro lado que no sea la escuela?.
Opinión de una experta
Mariana Contreras, técnica en administración hotelera, a cargo del buffet de Santo Domingo, contó al Eco de Tandil su experiencia en el comedor y la vivencia que hacen los chicos que comen en sus escuelas.
Ella comenzó haciendo viandas particulares con el asesoramiento de una nutricionista, tratando de que la comida fuera lo más natural o adecuada posible, ?sin ser esto un puré de calabaza con un bife de pollo?.
En la escuela manifestaban una deficiencia con el tema del buffet, ya que los chicos pasan muchas horas allí: ?Nosotros presentamos una propuesta que sería la ideal, viendo las falencias que había porque los chicos entran 7.30 a la escuela y salen 4.20 de la tarde. Es un rango muy importante y a veces no se alimentan bien porque tienen sólo una hora para comer. En estos tres años fuimos creciendo?.
Narra que se dio cuenta que no se podía imponer, sino ir modificando y tratando de conducir al público infantil que tiene gustos muy acotados. Al principio, el menú constaba de un puré de calabaza o pastel de calabaza y carne para no consumir demasiada papa. ?Nosotros tuvimos que entender que si el chico no elegía comer esa comida, muchas veces optaba por una coca y un sandwich. Son cinco días a la semana que no puede estar así. Así que cedimos un poco de nuestra parte hacia sus gustos e incentivamos?, dijo.
Como una madre
Para Mariana el trabajo del colegio es reconfortante: ?A pesar de estar en el buffet, uno hace de mamá y papá. Vos le cortás la carne, te fijás si come, si se le enfrió volvés a calentarle la comida, le pelás la fruta, te encargás de que tenga las manos lavadas. Son tareas que van más allá de despachar el sandwich?, aseguró.
Para los chicos plantearon un menú fijo de lunes a viernes. Los cambios que los papás deseen hacer deben ser realizados preestablecidamente, aunque igualmente siempre existen opciones. Por ejemplo, cuando hay canelones, hay de humita, también ofrecen otros de jamón y queso o de verdura, porque la idea es que los comensales puedan elegir.
Mariana indicó que ?después de tres años sabemos qué come cada quien. Por ejemplo, las chicas adolescentes empiezan a querer cuidarse y en vez de consumir el plato del día -que son pastas o carne con alguna guarnición de arroz, puré o ensalada-, prefieren ensaladas o calabazas rellenas y eso lo establecemos con los papás. Por lo general el padre nos llama, hacemos una charla previa. Muchos están con nutricionista particular y nos acercan la carpeta. No todos se quedan todos los días. Los docentes hacen más o menos lo mismo. Todos medianamente quieren una alimentación balanceada?.
Las preparaciones
Mariana Contreras cuenta con una sala de elaboración con todas las condiciones bromatológicas en orden. Todo se cocina allí y se lleva al colegio en bandejas.
Como el colegio está en proyecto de hacer un comedor y buffet, el espacio es reducido. Por eso, además del plato del día, ofrecen empanadas, tartas, sandwiches, patys o panchos, aunque prefieren no brindarlos porque es lo que los chicos comen los fines de semana cuando, por ejemplo, tienen un cumpleaños. Igualmente, ?dos veces al mes, en el menú tenemos papas fritas porque los chicos lo esperan?.
Una experiencia interesante respecto a la elección de alimentos y bebidas nació de la vivencia en el buffet: ?Hasta el primer año nosotros brindábamos el menú con agua mineral y sin postre. El segundo año dimos la opción de jugo y a algunos no les gustaba. Vimos que los chicos preferían comer una empanada de jamón y queso y tomarse dos latitas de cola y no comer comida. La vuelta que le encontramos fue que pusiéramos el menú con un vaso de gaseosa. Entonces, es limitada. El papá que no quiere que tome, puede pedir agua o jugo. Así, logramos que el chico redujera la cantidad de gaseosa que tomaba y comiera un plato de comida. Ellos saben que la gaseosa no se repite pero la comida sí, por eso pueden venir tres o cinco veces, no hay problema. Logramos que comieran una milanesa con ensalada y gaseosa, cuando antes, por el mismo precio tomaban dos gaseosas y sólo comían una empanada?, aseguró Contreras.
Experiencia diaria
En el colegio, diariamente dan el almuerzo a más de doscientos chicos de todas las edades. Ellos, además, se encargan de calentar el lunch que los chicos traen de su casa.
Dicen que a los estudiantes se los nota bien y alegres por todo el equipo docente y no docente que está pendiente de ellos. ?Lo toman como algo natural, comen y después tienen un pequeño recreo para charlar o jugar. Eso todo muy ordenado, se da en bandejas, calientes, asistimos para llevar los vasos para que no se vuelque?.
Mariana Contreras agregó que ?siempre vemos si comieron, si no… Eso es lo que se informa al papá. Queremos cuidar a la familia. Por más que la mamá contrate de lunes a viernes, si el nene no come porque no le gusta, extraña o le duele la panza, no sirve…Y el papá se siente reconfortado de este cuidado, porque está tranquilo, al cuidado del docente o de nosotros?.
Al hablar de trastornos de la alimentación entre los chicos, Mariana dijo que ve algunos niños con obesidad infantil, sobre todo, porque entre los chiquitos hay mucho consumo de golosinas. Por ello se restringe la venta de golosinas, por ejemplo, como postre. Para eso ofrecen frutas, yogures, alfajores caseros, tartas dulces, barritas, turrones o flanes y así acotan el consumo de golosinas.
En este sentido marcó que ?nosotros estamos alertas y hemos informado a los docentes. Se trata de observar situaciones que a uno no le parecen… o que están distorsionadas. Hacemos un seguimiento de los chicos que comen con nosotros. Sabemos de quién es cada box de lunch; entonces si veo que la comida era poca o si ese chico hace una o dos semanas que no ha traído lunch y sólo me viene a pedir un vaso de agua o un pan, presto atención. Uno va abriendo el ojo y si el consumo alimenticio es inexistente, en algún momento tienen que tener hambre. Hay que ver si no comen o se levantan de la mesa. Hay que hacer un seguimiento porque están muchas horas en la escuela?.
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