Los de la birra y el champagne en el último bondi
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Los seguidores del Indio Solari integran un amplio abanico generacional, que va desde quienes lucen canas o directamente no tienen nada que peinar, hasta púberes y adolescentes con su desenfado a cuestas.
Las calles céntricas de la ciudad cobijaron durante todo el sábado a esa legión de seguidores del ex líder ricotero, unidos por la misma pasión aunque con sus distingos, a partir de sus propios gustos, preferencias, y poder adquisitivo.
Volvió a sorprender en ese mosaico, chicos, jóvenes, de jean y zapatillas, caminando cómodos con una mochila liviana sobre las espaldas, aguardando la hora de marchar hacia el Hipódromo, mayoritariamente llegados en colectivos, combis fletadas especialmente para el acontecimiento y también a dedo, con el objetivo de disfrutar del espectáculo y después partir sin más.
En tanto, otros, con sus autos más cotizados, asemejándose en el vestuario, especialmente el de las remeras con insignias ricoteras, pero con otras costumbres más ambiciosas, que hablan de un alojamiento confortable y a un costo significativo, y comidas en restaurantes con un menú nada económico.
Para los primeros, el almuerzo fue al paso, en alguno de los cientos de puestos diseminados en las adyacencias del circo de carreras. Los otros, a varias cuadras de distancia, con otras veleidades, pero la misma pasión.
En las confiterías, por caso, cerca del mediodía del sábado, ya los “viejos ricoteros” compartían aperitivos y en algunos casos hasta se animaron a pedir a los mozos que descorcharan botellas de champagne, para recordar viejos tiempos.
Al final, más precisamente antes de las 22, todos iban al mismo lugar, la misma misa, el mismo ritual para una misma pasión.
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