Los extras
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Pablo Pasty y Fernando Barrio fueron integrantes del elenco de extras locales que durante dos jornadas estuvieron actuando como monjes y parqueros. El resto, Jesús Gambarte, Christian Roig, Diego Baretta, Luis Mejías, Carlos Mansilla, Pablo Mourut y Daniel Franchino. Estos dos últimos hicieron de parqueros.
-¿Cómo fueron convocados?
Fernando Barrio: -A través de una base de datos, tenían nuestros nombres, fotos y antecedentes ya que habíamos participado en otros proyectos y nos convocaron directamente para trabajar.
-¿Dónde se hicieron las tomas?
-En Don Bosco, en ese lugar bellísimo tuvimos dos jornadas intensas de rodaje en enero de este año.
-¿Cuáles fueron sus papeles? Cuéntennos algo del back stage.
-Fuimos los monjes y parqueros de “Elefante blanco”. El ayudante del director nos daba órdenes muy precisas de lo que teníamos que hacer, nos trataron muy bien en todo momento. Las escenas filmadas trataban acerca del retiro espiritual de unos monjes con voto de silencio.
-¿Estuvo Darín?
-No, pero sí Trapero y su mujer Martina Gusmán, Jérémie Renier, el francés que hace de cura y amigo de Darín.
Pablo Pasty: -El 12 de enero fuimos muy temprano con Carlos Mansilla a Don Bosco y cuando llegamos nos invitaron a desayunar, luego nos pusieron en fila y eligieron los parqueros y los monjes. Cuando me tocó a mi me enviaron a la peluquería porque tenía un poco largo el pelo y allí me encuentro nada más ni menos con el actor francés Jérémie Renier y lo saludo “Bonjour mesier”. Estaba leyendo el guión y lo estaban peinando.
Cuando subimos al colectivo para cambiarnos estaba toda la ropa colgada, parecía la tienda “Beige”. Nos pusieron la sotana, nos la plancharon encima y estuvimos como dos horas esperando para hacer la primera toma ¡Dios, qué calor hacía!
F. B.: -Como cuarenta grados y teníamos además de nuestra ropa dos sotanas encima de manga larga y las franciscanas. Pero a pesar del calor estábamos muy involucrados en lo que teníamos que hacer… fueron súper organizados y como tenían nuestra data ya venían con todo armado, como le contaba. A mi me hicieron afeitar, a él –por Pasty- le cortaron el pelo.
-Contaban que habían sido dos jornadas intensas.
P.P.: -Muy intensas. Tenían una logística increíble y no descuidaron ni un detalle, trajeron siete camiones, planchadora, peluquera, nada dejaron librado al azar.
F.B.: -El equipo tenía gente con mucha experiencia en cine y también muy jóvenes que daban la sensación de estar comenzando la carrera.
-El hotel Plaza fue el punto de partida ambos días.
-Si, cuando llegábamos a Don Bosco la base del rodaje, desayunábamos e íbamos al vestuario y estábamos casi toda el día con la ropa puesta esperando por una escena, repitiéndola, escuchando las indicaciones y tratando de no olvidarnos nada. En una oportunidad me hice un “machete”. (risas)
Como se sabe en el cine hay distintos niveles de participación e importancia y generalmente el extra es como el último orejón del tarro pero en ningún momento nos hicieron sentir eso. El trato fue a todos por igual. Todo muy eficiente y muy humano
¡Corten, corten!
-¿En qué escenas participó Martina Gusmán?
P.P.: -En una escena con Jérémie Renier filmada en un banco de la plaza, después cuando entra y sale por una tranquera y la despedida con el francés.
F.B.: -En la despedida, justamente, los curas estamos en la puerta y cada uno sale caminando para lugares distintos.
P.P.: -Se terminó de filmar y nos abrazamos con Trapero, con Martina, en dos días logramos un clima fantástico y como dijo Fernando, nos hicimos muy compañeros.
-¿Cómo era el catering? Se dice que en estas ocasiones es pantagruélico…
P.P.: -Frutas, verduras, jugo, nada de vino, obviamente. Todo muy frugal.
F.B.: -Fue un menú vegetariano y estuvo muy bien pensado por el calor y porque teníamos que estar ligeros para poder actuar. En la escena de la cena comimos atún, jardinera, lentejas, todo de latas porque tenía que ser muy austero porque se suponía que estábamos haciendo un retiro espiritual.
-¿Cuál es el papel de Martina Guzmán?
-Es una asistente social en Ciudad oculta, donde la droga es cosa corriente, como la prostitución y ella lucha contra la corrupción. Darín y Renier, cuando la conocen le ofrecen su ayuda.
-¿Ustedes filmaron muchas escenas?
P.P.: -Tuvimos una en el parque juntando hojas, Mansilla abriendo la tranquera a Martina y en otra oportunidad le abro yo, una donde entra el francés y la cena.
F.B.: -Los lugares donde se filmaban eran muy despojados, minimalistas con unas entradas de luz muy interesantes.
-¿Les pagaron bien?
(Prolongado silencio y luego ambos responden) -150 pesos por día, es muy poco pero vale mucho más la experiencia, el aprendizaje, haber estado con un grupo fantástico que tuvo un trato fantástico hacia nosotros. Tanto el equipo técnico como el artístico fueron brillantes.
El día después
-¿Qué significó para cada uno esta experiencia?
P.P.: -A mi se me cumplió un sueño de 60 años, porque yo le escribí a Chas de Cruz (Israel) a la revista Antena cuando tenía 10 años preguntándole cuáles eran las condiciones principales para ser actor de cine .
-¿Le respondió?
-Sí, a través de la revista con tapa de Elina Colomer… que la extravié. Me contestó que “tomara la sopa todos los días”. Cuando mi primo Víctor Laplace firma “El mar de Lucas”, donde había un martillero que remataba una casa, ese papel era para mí.
-¿Y qué pasó?
-Se olvidó… cuando lo encontré en la calle casi lo mato.
F.B: -Quiero destacar que no me equivoqué en venir a vivir a Tandil ya que esta ciudad de la que me siento hijo adoptivo me ha dado muchísimo. Acá pude volver a estudiar cine y quería tener esta experiencia de estar en el rol de actor trabajando con un director al que realmente admiro. Ser parte de eso fue como dice el slogan: El Tandil soñado.
ANECDOTARIO
El guiño
“Me llama Santiago, quien nos dirigía y me dice ´Pablo fijate que Martina está dentro del R 11, se va a bajar del auto va a venir caminando hacia la tranquera, tratá de llegar junto con ella –para que yo no robara cámara- y le abrís. No le tenés que decir nada, mirala, sonreíle y con la mano derecha abrile la tranquera, indicale hacia donde debe dirigirse y vos te vas en sentido contrario´. Después de las indicaciones se escucha: ´Atención, vamos a filmar, apaguen los celulares. Acción´. Empiezo a caminar, llegamos a la tranquera y cuando me agacho para abrirle la puerta ella me dice ´hola´ y como no le podía hablar le guiñé un ojo y escucho ´¡Corten!´. Porque se había visto mi gesto. La filmamos otra vez y salió bien”. (P.P.)
El monje director
“Previo a una escena donde cenábamos hicimos una caminata y de un costado aparece un monje que no habíamos visto y que hace conmigo el trayecto. Lo miré y era Trapero que se había puesto la sotana. Sucedió que Mejías bajando la escalera se cayó –lo alcanzó a sostener Carlos Mansilla, pero no pudo seguir-. Entonces le sacaron la sotana y se la pusieron a Trapero”. (F.B.)
La señal de la cruz
“Antes de cenar, ya sentados todos los monjes en la mesa nos persignamos para comenzar a comer. Y escuchamos ´Corten, corten´. Sucedió que uno de los extras se hizo la señal de la cruz al revés. No fui yo, aclaro” (P.P.)
Lentejas
“Terminamos de almorzar a las cinco de la tarde y a las seis y cuarto nos tocaba hacer la escena de la cena. No podíamos más. Nos sirvieron lentejas. Yo pinchaba de a una y las tragaba con un vaso de agua”. (P.P.)
Sólo agua
“Otra de las escenas que debieron repetirse fue cuando cenábamos porque nos habían dado jugo y se supone que en un retiro espiritual sólo se toma agua” (F.B.)
Voto mentiroso
“No hablábamos el uno con el otro porque habíamos hecho voto de silencio. Y era muy gracioso porque teníamos un compañero (Luis Mejías) que habla mucho y no podía cumplir con eso durante la cena y nosotros lo cargábamos, diciéndole que se había caído por la escalera a propósito para no hacerla”. (F.B.)
Al set
“La peluquera actual de la productora de Trapero es la que tenía Martina en su barrio. Es una señora muy sencilla, cordial, encantadora, que trabaja en todas las películas. Pasó de ser una peluquera de barrio a una de cine y eso demuestra lo simple y sencillo que es Trapero y que todos tienen oportunidades”. (F.B.)
Machete
“Entra el actor francés a una galería, se despide de Martina, se abrazan y él entra al convento con un sobre que me entrega en la recepción, lo abro, anoto algo, me levanto y le abro una puerta, ingresa, vuelvo al escritorio y la cámara hace un ´traveling´ (desplazamiento de la cámara sobre ruedas) y yo tenía que caminar y luego mirar hacia afuera por una ventana. Era complejo todo eso porque tenía que acordarme de muchas cosas sin que se corte y me hice un “machete”, anoté todo lo que debía hacer en el cuaderno y felizmente salió bien”. (F.B.)
No arranca
“Necesitaban conseguir un R 11 en Tandil y no había caso. Finalmente lo logran, el auto andaba muy bien, le pagan al dueño y en el momento del rodaje no arranca. Tuvo que venir un mecánico” (.P.P.)
Sueño cumplido
“Teniendo 65 años se filmó una película en Barker, me sacaron las fotos y resulta que como soy igual al actor de ´Volver al futuro´ (Christopher Lloyd) y nunca me llamaron. El 12 de enero de 2012, a los 70 años suena el celular a las 23.17 ´señor disculpe por el horario, sacamos sus datos de una fuente de información. Estamos filmando una película en Tandil. Si le interesa ser extra, tiene que presentarse mañana a las 7 de la mañana en el Hotel Plaza´. Obviamente no pude dormir. Y antes de esa hora al otro día estaba en el lugar dispuesto a que se me cumpliera el sueño de mi vida”. (P.P.)
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Sinopsis
Gerónimo (Jérémie Renier) es un hombre de 45 años devastado por un suceso trágico. Su amigo Julián (Ricardo Darín) intenta sacarlo a flote animándolo a participar en el proyecto de un poblado marginal de los alrededores de Buenos Aires. Los dos son sacerdotes católicos que decidieron dedicar su vida a los más pobres: Gerónimo en el Tercer Mundo y Julián en Argentina. Mientras trabajan en Villa Virgen, Gerónimo empieza a cuestionarse si la Iglesia es la institución adecuada para proteger a los más débiles. Julián, por su parte, decide que el mejor camino para cambiar las condiciones de vida de los necesitados es la política. El contrapunto lo representa Luciana (Gusmán), una abogada atea, que tiene una perspectiva distinta sobre las reformas sociales
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Un poco de historia
El Elefante Blanco es un edificio ubicado en la Villa 15 del barrio de Villa Lugano en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se trata de una estructura semi-abandonada cuyo destino era el ser el hospital más grande de Latinoamérica. El proyecto de este edificio data de 1937. Se había realizado una colecta pública para juntar fondos con ese fin, además de un subsidio aprobado por el Congreso de la Nación por iniciativa del senador socialista Alfredo Palacios. La Liga Argentina contra la Tuberculosis instalaría allí el Instituto de la Tuberculosis, cuyas obras comenzaron en 1938, para paralizarse a los pocos años. La obra fue retomada durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1947 – 1955), en el barrio de Lugano, cerca de la Villa 15, la cual en ese momento no se encontraba aún demasiado desarrollada. Esta Villa comenzó a ser conocida a partir de la década de los '80 como Ciudad Oculta. El Elefante Blanco tenía como objetivo ser el hospital más grande de toda Latinoamérica, pero nunca se llegó a cumplir el mismo, ya que, luego de que Perón fue derrocado por Eduardo Lonardi y los militares en 1955, el edifico quedó abandonado. Actualmente el Elefante Blanco es propiedad de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, y es utilizado diariamente como comedor de la gente que vive en la villa contigua. En el edificio, las Madres de Plaza de Mayo, organizan merenderos con el fin de que los habitantes de Ciudad Oculta vayan a desayunar, almorzar, merendar y cenar en el predio gratuitamente… nunca tuvo un nombre oficial y fue bautizado El Elefante blanco por los pobladores de la villa”. (Fuente: Wikipedia)
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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