¡Los golpes no son caramelos!
Las leyes de la probabilidad, son solamente ecuaciones matemáticas que indican el grado, generalmente en porcentaje de que ocurra un suceso o no, o en cuántos intentos. Estas leyes no garantizan nada. Mucho menos en el boxeo. Porque lo que ha ocurrido hace pocos días, no es más que lo que vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo. ¡En este deporte no se puede dejar ningún riesgo al azar! La desgracia o la tragedia en una actividad de contacto de alto riesgo como ésta, siempre nos estarán aguardando entre campana y campana. Se podrá hacer todo mal y las estadísticas dirán que hay un mayor grado de peligro de que alguien salga seriamente dañado y no pasa nada, como que también se pueden hacer todas las cosas bien, el diablo meta la cola y terminemos con el final menos deseado.
¿Quién puede suponer que un combate entre dos debutantes, a cuatro rounds pueda esconder un final imprevisto? Sinceramente, nadie. Pero ocurrió, hoy está internado con pronóstico reservado en una sala de terapia intensiva Ignacio Artime que por primera vez se ponía los guantes chicos al igual que su rival Héctor Bordón. El diagnóstico fue edema cerebral y debió ser sometido a una descompresión intracraneana.
Insisto con el dislate local: ?Nosotros hicimos todo bien y no pasó nada?. Tuvieron la fortuna de que la taba les cayó de suerte, porque el que no pase nada no significa que todo se hizo bien o si pasa algo es porque se hizo todo mal. En este caso del boxeador Artime, no hay reproches ni de irregularidades ni de condescendencias gratuitas.
En otros deportes, los accidentes con serias consecuencias son generalmente producto de la fatalidad. En el boxeo, como en este caso que relatamos no ha sido otro el factor desencadenante. Pero en la mayoría de los casos lamentables, son hechos que aunque no previsibles en magnitud, vienen traídos de la mano por la inescrupulosidad, el desconocimiento o el ?nunca pasó nada?.
Muy bien lo dijo Oscar Seleme en la apertura de los seminarios organizados por la Dirección de Deportes: ?Hay cosas que se puede permitir, pero otras no, como por ejemplo que no tenga un boxeador su revisación al día, que las diferencias de peso estén fuera de lo permitido, que no tenga licencia, que haya sufrido un nocaut y no hayan transcurrido más de treinta días para su reaparición?. Por eso extraña a veces, la liviandad con que se trata de justificar algunos hechos que pudieron ser graves. Escuché en una reunión sobre un boxeador que peleó suspendido: ?Es que dijo fulano que la Federación lo había autorizado?. En primer término, fulano es un recolector de boxeadores de mala calidad que son vapuleados y mal, por regla casi general en cualquier ring que se presenten. En segundo lugar nada se autoriza en la FAB de palabra. Su mecanismo de comunicar decisiones que pueden ser por vía de excepción son siempre enviadas por fax. Que no se tome como crítica, si no más bien como un alerta para el futuro, aunque mientras dure esta gestión municipal la orden es terminante y viene bien de arriba: tolerancia cero.
Hablando de la suerte y de la providencia nos enteramos de un hecho sin precedentes en Saladillo. Hubo un festival que al parecer iba a ser fiscalizado por gente de la Federación Argentina de Box, pero no llegó nadie. Entonces, Walter Crücce firmó las licencias de todos los boxeadores intervinientes, como si fuera un miembro de la Comisión de Box de esa ciudad y, obviamente, nadie controló nada. En una pelea, además debutó Mauro Crücce hijo de Walter y nieto de Marcelo: perdió.
En esta actividad, como ha quedado demostrado, todas las precauciones son pocas. Habrá que entenderlo de una vez. Aunque algunos, crónicos violadores del reglamento, ya no tienen cura.
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