Los hijos que van y vienen
Tandil se va quedando solamente con los suyos, pienso mientras vengo para el Diario, aunque al mismo tiempo soy consciente de que esta verdad es a medias y una manera de evitar pensar en el nido vacío; no solamente el mío, sino el de tantas familias que tienen a sus hijos estudiando y viviendo fuera de la ciudad. Por eso me atrevo con esta nota bastante autorreferencial, confesión casi personal pero no vivencia única sino compartida por miles de madres y padres que en el día de ayer repetían escenas similares, despedidas de abrazos prolongados y listas de recomendaciones extensas, como si con sólo enunciar los cuidados se pudiera proteger a los pibes y las pibas que con sus mochilas en la espalda se suben al micro dejándonos sus mejores sonrisas.
Ayer en los barrios de la ciudad se vivían escenas similares: en el marco de un calorcito primaveral, autos con los baúles abiertos donde los bolsos entrarían a presión, en el asiento del acompañante la canasta con el equipo de mate y el sabor más agri que dulce del “chau, nos vemos”.
Ayer hablaba con un par de amigas en mi misma condición y las circunstancias en sus hogares eran también muy parecidas, hijos que llegaron desbordantes de energía haciendo del hogar su campamento y se fueron desbordantes de energía, dejándonos –aunque suene a frase hecha- con un agujerito en el corazón.
Pero claro, la naturaleza es sabia y nos permite que en unos días nos recuperemos y continuemos nuestras vidas de personas adultas e independientes sin dejar de lado la rutina de llamarlos casi diariamente –por no decir todos los días- para preguntarles si están comiendo bien o cuándo es el próximo parcial o si se organizaron con los horarios para hacer deporte. Al mismo tiempo, y para no parecer tan desactualizados, les hablaremos un poco de “Gran Hermano” y de cómo quedó la ciudad después de recibir tantos turistas y peregrinos, y de paso –como quien no quiere la cosa- les recordemos que pronto viene un feriado largo y que se olvidaron tal o cual prenda, extendiendo la conversación un poco más sólo por escucharlos, para que los cuartos no parezcan pocos para albergar tanto silencio.
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