Los Méndez se dicen inocentes y que nunca prestaron ni alquilaron su quinta a los militares
Al aguardo de los alegatos y tras conocerse que los únicos que quisieron prestar declaración frente al Tribunal fueron Roque Italo Pappalardo y Luis Ojeda, este Diario accedió a lo que supieron responder los hermanos Julio y Emilio Méndez cuando fueron indagados por los delitos ventilados a lo largo de la audiencia, y por lo cual se especula con un pedido de pena muy alta habida cuenta de las responsabilidades que se les endilga de acuerdo a los roles respectivos.
Cabe consignar que de lo desarrollado en el juicio, no pocos se preguntaron qué y cuánta prueba hay contra los Méndez, especialmente tras escuchar las declaraciones de testigos que aportaron en cuanto a la relación de los civiles para con lo que representó el hecho penal en juzgamiento.
Desde la acusación se cree que hay elementos más que suficientes, no tanto por lo ventilado en el juicio, pero sí de los elementos incorporados por lectura, entre ellos, precisamente, la propia declaración de los acusados.
En efecto, desde la querella, por caso, entienden que desde las propias declaraciones de los imputados surgen contradicciones que no hacen más que ubicarlos como partícipes de los hechos que terminaron con el asesinato del abogado laboralista olavarriense, al haber facilitado su propiedad para lo que ya quedó demostrado que allí pasaba con los secuestrados.
Lo que dijo Julio Méndez
Según este Diario pudo acceder al expediente judicial que obra en poder de las partes, Julio Manuel Méndez declaró el 9 de septiembre de 2008 bajo la imputación de “haber facilitado a las autoridades del Ejército Argentino con asiento en Tandil, en particular al Batallón Logístico I, sede de la Jefatura del Area Militar 121 (dependiente del Comando de la Primera Brigada Blindada, Zona de defensa I, Subzona 12) la chacra de su propiedad a fin de que en la misma se ocultara al doctor Moreno, quien habría sido privado ilegítimamente de su libertad y torturado por las autoridades militares antes citadas, hecho cometido entre el 29 de abril y el 10 de mayo de 1977.
Al ser indagado por las autoridades judiciales, Julio Méndez afirmó que “en ningún momento se prestó ni se facilitó la quinta a nadie”. Reseñó que la misma fue comprada junto con su hermano en 1972. Que se hizo una pileta de natación y luego se busco agua, la que no se encontró.
Luego, en 1974, se llenó la pileta con camiones cisterna. Se la llenó en el verano de 1975 y en febrero o marzo de ese año se cerró la quinta por tal motivo.
Añadió que se retiraron varios utensilios y el resto de las cosas quedaron allí, cerrándose el lugar. Agregó también que la casa tenia una entrada, una galería, dos habitaciones y un baño tipo letrina afuera.
Por otro lado, supo detallar que las cerraduras de las puertas y las fallebas eran precarias y “cualquiera podía forzarlas fácilmente”.
En esos momentos Julio Méndez dijo que se dedicaba a administrar 10.000 hectáreas de campo por lo que trabajaba todo el día y no visitaba la quinta. Y no tenia trato con los vecinos.
Antes de comprar la chacra, dijo que tenía una casita en el barrio Golf, donde tenía una línea telefónica a su nombre, la que traslado a la chacra cuando la compraron. La línea no figuraba en guía para que no lo molestaran, y solamente sabían el número su hermano y algún íntimo. Posteriormente se cedió la línea al club Los Cardos.
Agregó que el aparato fue retirado cuando decidieron no regresar al lugar en febrero o marzo de 1975.
También contestó que la quinta tenía luz desde antes de comprarla al señor Barbería y las facturas de servicios e impuestos se pagaban normalmente, corriendo ello por cuenta de él.
A preguntas del juez, dijo que nunca advirtió una facturación excesiva en el teléfono, se pagaba solamente el abono, por parte de la oficina que tenía instalada para la administración de los campos.
Julio Méndez dijo que no tenía trato con las autoridades militares de la época, y su hermano solamente lo tenía por cuestiones protocolares, aclarando que sólo estuvo en un cuartel cuando le hicieron la revisación para el servicio militar.
Por otro lado sostuvo que se entero de los hechos de la causa por dichos de su hermano, a quien lo habían llamado por teléfono diciéndole que habían usurpado la quinta y que habían estado persiguiendo a una persona por la zona de la cantera Albión.
Su hermano le dijo que había tenido que concurrir a la chacra con la policía, oportunidad en la que pudo advertir que la puerta de la cocina estaba sin el candado, y que había vidrios rotos.
Años después se le cedió la quinta a un señor identificado como Roquet, sin cargo para que la cuidara. Después indicó que hacía unos 4 o 5 años junto a su hermano la vendieron a un señor de Buenos Aires, quienes a su entender demolió las construcciones existentes.
Retomando sobre la relación con los militares, respondió que a la chacra “nunca fueron militares en carácter de invitados”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLas respuestas de Emilio Méndez
El mismo día de 2008 también declaró Emilio Méndez, bajo idéntica imputación que su hermano.
En coincidencia con la declaración anterior, afirmó que “jamás prestó la quinta a nadie, ni cedió ni la alquilo, ni le fue solicitada por persona alguna” y que la misma en el año 1977 “se encontraba totalmente abandonada”.
También relató sobre cuando fue comprada junto a su hermano a la familia Barbería, que hicieron una pileta de natación, pero no encontraron agua para llenarla. Que el primer año la llenaron con camiones cisterna, el segundo se hizo lo mismo, pero los costos no daban. Por ello deciden cerrarla y no fueron más.
Agregó sobre el uso de la quinta que la vivienda era de tipo precaria y nunca se quedaban a dormir. Solamente hacían un asado y cada cual se iba para su casa.
Por otro lado, agrega que “era muy fácil romper un vidrio de la ventana, abrir la falleba y penetrar en la casa”, y que la cámara de tractor que se halló la usaban para jugar en la pileta.
También describió que el baño era muy precario y había que usarlo con un balde de agua.
Según Emilio Méndez, la chacra “debe haber sido usurpada por alguien” a quien no conoce y que pasado aproximadamente un año se consiguió un vasco lechero con hijos que estaba desocupado, al cual le dieron la chacra sin cobrarle nada, con la condición de que la mantuviera limpia. Recordando que el apellido del vasco era Roquet.
Después acotó que no hace muchos años antes de esta declaración vendieron la chacra a un matrimonio.
Sobre su currículo, el dicente detalló que se desempeñó durante 42 años en el Banco Comercial de Tandil, donde hizo toda la carrera culminando como gerente del banco.
Fue presidente de la Usina Popular y Municipal de Tandil entre 1980 y 1982 según recordó.
Aseguró que la chacra tenía teléfono. Originalmente el aparato estaba en casa de su hermano Julio en el barrio Golf, y luego él pidió el traslado a la quinta, cuando la compraron, acompañando copia simple del contrato de comodato mediante el cual cede la línea al club Los Cardos de fecha 4/11/1992.
También coincidió con su hermano que la línea estuvo instalada en la chacra de calle Scavini y Rosas hasta que dejaron de ir, momento en que se llevaron el aparato, aunque la bajada quedo en el lugar. Que la línea estaba a nombre de su hermano Julio Manuel y no figuraba en guía porque, textualmente, él usaba la anterior quinta del barrio Golf como bulín.
Expresó que dejaron de ir a la quinta entre 1975 y 1976, llevándose el aparato telefónico y algunos utensilios, mientras que su hermano continuaba pagando el abono del teléfono, sin que aquel le contara que hubiese notado un incremento injustificado en las tarifas.
A preguntas del juez, Emilio Méndez reseñó que una noche lo llamaron de la comisaría para decirle que había habido un problema en la quinta de su propiedad y que debía realizarse una inspección ocular.
Es así, que fue a la casa de su madre, tomó las llaves, y fue con la policía al lugar. Abrió la puerta y observó que todo se encontraba aparentemente en orden, recordando que solamente le llamó la atención que la puerta de la cocina, que solía estar cerrada con un candado, no lo tenía colocado, pareciéndole recordar que dicha puerta estaba solamente entornada. Así también recordaría que algunas de las ventanas tenían los vidrios rotos.
Al leérsele el acta de inspección ocular que obra en el expediente el imputado la ratifica y reconoce una de las firmas como la suya propia (vale recordar que uno de los testigos relató como le inventaron dicha declaración y que estaba Méndez en la dependencia de la comisaría Primera).
Méndez diría luego que vivió ese momento con mucho nerviosismo, ya que no tenía nada que ver. Que luego se enteró que una persona había sido aparentemente asesinada en el camino a la cantera.
Por otro lado, dijo que nunca tuvo trato con los vecinos del lugar, que nunca trató a la familia Bulfoni, ni con la casera del Club Los Cardos. Y que los vecinos nunca le comentaron acerca de la presencia de gente extraña en su quinta en dicho año.
Reconoció que tuvo relación protocolar con distintos militares mientras era funcionario del banco, incluso con el teniente coronel Tomassi y el mayor Pappalardo.
Por otro lado volvió a responder que la chacra siempre tuvo luz eléctrica, y las facturas las pagaba Julio, quien también pagaba siempre los impuestos y servicios.
En otro orden, Méndez señaló que los actuales propietarios le dijeron que iban a demoler las construcciones existentes para evitar que nadie se metiera sin permiso, lo que sabe por propios comentarios de ellos.
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