Los pasos del diálogo
Como anunció la Presidenta en los actos del 9 de julio en Tucumán, el Gobierno convocó a los partidos políticos al diálogo a fin de tratar la demorada reforma política y, específicamente, la posible innovación en el sistema electoral. A la vez, citó también a los sectores del trabajo y la producción a la conformación de un Consejo Económico y Social.
Es auspiciosa la actitud de consulta a los actores de la vida económica nacional, sin por ello caer en corporativismos, como asimismo sin hablar de cogobierno, también es propicia la ronda de consultas a los dirigentes de la oposición política.
No fueron pocas las voces que señalaron el llamado oficialista al diálogo como una maniobra del Gobierno por ganar tiempo y recuperar iniciativa tras la derrota en las elecciones de junio. En tal caso, el kirchnerismo seguiría acompasando la agenda pública y mantendría así la delantera por su ?primera jugada?: eligiendo a sus interlocutores, retaceando recibir a los dirigentes del campo y a determinados dirigentes opositores o condicionando temas, por ejemplo.
?Ceder espacio para ganar tiempo? es una astucia antigua, basada en la creencia de que cuanto más se prolonga una guerra, más se debilita al enemigo. Vale aclarar, sin embargo, que para el matrimonio presidencial es ésta una situación especial, ya que apelar al desgaste ?del otro? en medio de un empinado proceso de debilitamiento ?propio?, comporta el peligro de un alto costo en pérdida de lealtades.
El resultado del 28 de junio obligó al Gobierno a escuchar a los dirigentes de los partidos que le arrebataron sus mayorías legislativas. De ahí su recibimiento a la conducción del Acuerdo Cívico y Social la semana pasada, y a la de Unión PRO el próximo miércoles.
Las puertas de la Casa Rosada finalmente se abrieron para el debate con referentes ?externos?. Pero conservando su responsabilidad institucional de conducir los destinos de la Nación, al Gobierno le falta hoy un real debate ?hacia adentro? de sus huestes, escapando al personalismo por el que sólo una persona continúe concentrando las decisiones.
Si bien el paso es auspicioso, al oficialismo aún le falta flexibilización interna. En su gestión cotidiana, necesita descentralizar su modelo de decisión, mostrando gestos colegiados de apertura y consulta, reuniones de Gabinete, mayor exposición de sus referentes en el Congreso y de los ministros nacionales, y que no sean sólo Florencio Randazzo y Aníbal Fernández ?su única respuesta? ante la sociedad.
Para que el diálogo ?exista?, supone una base de confianza y responsabilidad entre los participantes que intercambian sus mensajes. Frente al diálogo iniciado, urgen por salvar tres limitaciones: la sobrestimación de sí mismo del matrimonio gobernante y la aparente desconfianza hacia su propio equipo, junto a la responsabilidad en algunos dirigentes de la oposición.
Reclamar a los gobernantes durante años por actitudes favorables al debate y el consenso, y renunciar al diálogo que esos mismos gobernantes aceptaron ahora iniciar, con el argumento de que ?el ámbito de debate es el Congreso?, iguala la actitud de capricho que se venía denunciando. Claramente no son ya las urnas las que catapultaron las posibilidades futuras de Elisa Carrió: es su propia ambivalencia e inseguridad lo que la aleja cada vez más del sentir ciudadano.
Asombra que un líder partidario como Gerardo Morales, presidente de la UCR, una fuerza que nació hace más de un siglo en reclamo y defensa de garantías cívicas, afirme hoy que la reforma política no es urgente. Una reforma política integral habrá de ser uno de los pasos fundamentales para corregir un sistema cuyas debilidades han permitido desmanejos como los hechos por el kirchnerismo.
Ante la derrota contundente que el mandato popular recriminó al centralismo kirchnerista, las nuevas generaciones habrán de velar por evitar el surgimiento de una nueva federación de líderes regionales rivalizando, con iguales modos, por conseguir mañana lo que Kirchner logró desde 2003.
Ha sido la historia reciente, la de estos últimos años, la que nos enseñó que ni las urgencias de coyuntura, ni el auge productivo o exportador, ni las crisis del sistema financiero podrán justificar las manipulaciones ni las desviaciones discrecionales de nuestra arquitectura institucional. Argentina está para el salto institucional: sin instituciones no habrá justicia social.*
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios